jueves, 6 de junio de 2013

UNA ESTAFA EN LAS SALINAS TOSIRIANAS DE SAN JOSÉ EN EL SIGLO XIX


"Aspecto que presentan las Salinas de San José de Torredonjimeno". Foto: Juan García Rísquez

Tan acostumbrados estamos a ver en las televisiones, los desfalcos, robos, apropiaciones indebidas, etc., que realizan nuestros representantes públicos, esos a los que llamamos los banqueros los sindicalistas, los diputados y demás sarna democrática, que ya nos parece que eso es el pan nuestro de cada día y que junto al cargo que ocupan va asociada esa deleznable práctica.
Lo cierto es que no es raro ver esa actitud en ese tipo de representantes, pues hace dos siglos más o menos, esas prácticas eran consentidas y permitidas por las “autoridades” de la época para goce y disfrute de unos cuantos. Quizás, lo que mas nos asombre a nosotros en ésta desdichada época en la que nos ha tocado vivir, es la abundancia de ese alto porcentaje de sujetos corruptos por cada cargo público que se da hoy en día, de tal forma que de cada 10 puestos que se nombren, once son “presuntos delincuentes” y del resto, hay fundadas sospechas para deducir que llevan el mismo camino; ya se sabe, cosas de la Democracia.
Resulta, que en un periódico decimonónico, con fecha de 3 de enero, de 1844, leíamos lo que sigue en relación a las Salinas de San José, sitas en el término municipal de Torredonjimeno.

NOTICIAS NACIONALES.
Jaén 3 de enero. Faltas subalterna.

El administrador y demás de las salinas de san José, sita en el término de Torredonjimeno, corrieron la voz de que la escasez del Real Erario había motivado una Real orden para la venta libre de la sal; con este motivo, de las inmediaciones acudieron a comprar; mas el administrador de Martos aprendió un acarreo de dicha mercancía, formó causa (que obra en esta intendencia) con el cuerpo del delito, y los conductores que de buena fe entregaron a 35 rs., de vellón por fanega, están encarcelados y sin comunicación, cuando los que tomaron y se embolsaron el importe están aún en sus casas, a pretexto de tener el padre alcalde, haciéndose enfermos. Muchos (y repetidísimos empeños se hacen para cortar este negocio) pero el Sr. González Bravo, bravo representa y quiere, como es justo, dar una lección a los señores empleados españoles, para que haya integridad. Teniendo en cuenta que dicho administrador está puesto por la junta soberana, si las juntas se equivocaron en no poner sujetos íntegros al frente de los negocios ¿qué extraño es que desde Madrid se equivoquen alguna vez los ministros?”

 
"D. Luis González Bravo, Presidente del Consejo de Ministros en el año 1844"
 

Bien. Pongamos un poco de luz a la noticia, pues al ser decimonónica, guarda ese regusto a indirectas y demás pullas a las que tan acostumbrados eran los diarios de ese entonces.
Al parecer, el hijo del alcalde de Torredonjimeno, que a la sazón fue nombrado administrador de la Salina de San José de su localidad, aprovechó la noticia de un rumor, para inflar los precios y hacer caja a su gusto. El alcalde de Martos, enterado del trapicheo, manda detener a los carreteros que se habían acercado a la salina a por material. Incauta la mercancía, detiene a los carreteros, y los mete en la cárcel a la espera de que se celebre juicio y se aclare la situación.
Por su parte, el gacetillero, descarga su ironía contra  D. Luis González Bravo López de Arjona que fue Presidente del Consejo de Ministros entre 1843 y 1844. D. Luis tuvo como político una jugosa carrera salpicada de acciones impopulares granjeándose la animadversión de los españoles. Empezó su periplo politiquero siendo del partido liberal radical, acomodó su postura con Narváez haciéndose liberal moderado, y cuando fue exiliado a Biarritz, al final de sus días, se pasó al Carlismo. Como se puede comprobar todo un alarde de integridad y principios sólidos.
El puesto de administrador de la salina era realizado por las Juntas Provinciales, donde se aprovechaba el “compadreo” para colocar a gente a "dedo", de ahí la mofa del gacetillero, que alude a que si ese despropósito de contratar o colocar empleados no aptos se permite en las de menor rango, mucho más en la Junta Suprema o Soberana.
 Tal vez por este tipo de sucesos, en el año 1849, la dirección General de Contribuciones, tuvo a bien “…a propuesta de los señores subdirectores de la misma y a consecuencia del anuncio del 3 del mismo año de 1849, para la plaza vacante de cabo de ronda de consumos de Torredonjimeno, dotada con 3000 rs., anuales a D. Andrés Pérez, subteniente ilimitado y licenciado de carabineros”, nos dice otro periódico de la época.
Nada nuevo bajo el Sol.

Luis Gómez


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