domingo, 26 de marzo de 2017

LOS GIGANTES Y CABEZUDOS TOSIRIANOS

Gigantes y Cabezudos de la Villa de Graus, 1959: fuente original aquí enlazada

LA ESCENIFICACIÓN MÍTICA DE NUESTRA RECONQUISTA

A la memoria de nuestra lectora Rosa María Cámara Valenzuela, 
que en paz descanse.



Manuel Fernández Espinosa


Entre nuestras tradiciones locales no puede pasarse por alto el desfile de Gigantes y Cabezudos, atracción festiva y pasacalles del que durante mucho tiempo se ha encargado la charanga de "Tintín y su Banda", animando las fiestas patronales de San Pedro Apóstol. Pero, siempre me he preguntado: ¿de dónde nos viene a nosotros esta fiesta? ¿qué se representa bajo la cobertura lúdica de este espectáculo callejero? Son cosas que, suele pasar, se olvidan y convienen recordar.

Se tiene constancia de la existencia de estos festejos en la Navarra del siglo XIII con los personajes de Pero-Suciales, Mari-Suciales y Jucef-Lacurari. También se documenta que en Barcelona, por el año 1424, ya pagaba el ayuntamiento de la Ciudad Condal sus respectivas facturas a los que salían por sus calles, bajo la armadura de "Els Gegants". La tradición por lo tanto cabe remontarla a la Edad Media. En Pamplona vino a configurarse tradicionalmente en ocho gigantes (cuatro parejas de rey y reina) y un séquito de cinco cabezudos, seis kilikis (que fingen "aporrear" a los niños) y seis zaldikos (mitad hombres, mitad caballos). En el Bilbao finisecular del XIX los Gigantes y Cabezudos también desfilaban por sus calles y el festejo no quedó sin ser glosado por D. Miguel de Unamuno; en Bilbao también había cuatro parejas gigantescas: el Rey y la Reina, el Rey Moro y la Reina Mora, D. Terencio y Doña Tomasa (burgueses) y el Aldeano y la Aldeana. En Aragón también se propagó tempranamente esta atracción festiva, en 1898, el compositor D. Manuel Fernández Caballero puso sobre las tablas la popular zarzuela "Gigantes y Cabezudos", en la cual canta la protagonista: "Los aragoneses somos Gigantes por nuestra fuerza de voluntad y Cabezudos por nuestra tozudez".

Está suficientemente estudiada la abundante presencia de Gigantes y Cabezudos en todas las tierras de la Península Ibérica y, como era frecuente, este espectáculo callejero también llegó a Hispanoamérica. Voy a ofrecer unas pinceladas sobre nuestros Gigantes y Cabezudos, tratando de descifrar su simbolismo.

Que los Gigantes y Cabezudos tosirianos hagan cada año su aparición pública por la Feria y Fiestas de San Pedro Apóstol no es una casualidad. Que se celebre en Torredonjimeno coincidiendo con San Pedro Apóstol, nuestro primer patrón, no es algo arbitrario, dado que, según tradición inmemorial, fue por el día de San Pedro cuando la población musulmana se rindió y los cristianos tomaron la fortaleza, parece que -todavía en el siglo XVIII, según información de Bernardo Espinalt- la reconquista del núcleo mahometano no fue en el caso de nuestra localidad sin lucha y que un infanzón escaló la muralla: era D. Ximeno de Arraia. Que los Gigantes y Cabezudos formen parte de los festejos públicos por la Feria de San Pedro Apóstol nos remite, por lo tanto, a la reconquista de nuestra localidad que, a partir de ese entonces pasaría a ser conocida como la Torre de Don Ximeno.

Teniendo en cuenta que en San Pedro Apóstol no sólo celebramos la fiesta religiosa, sino que conmemoramos nuestra liberación y, prácticamente, nuestra refundación como comunidad, el simbolismo que subyace a Gigantes y Cabezudos adquiere a esta luz unas notas que brevemente voy a comentar. 

En esta costumbre de los Gigantes y Cabezudos subyace un simbolismo ancestral. 

Los Gigantes -tradicionalmente Rey y Reina- representan, por su altura, la verticalidad de un orden primordial y sagrado que vence la anarquía de los enanos cabezudos, espíritus elementales ctónicos y caóticos, asimilables al inframundo, que deben ser sometidos.

Los Gigantes que en este tipo de pasacalles se representan tienen a sus espaldas más que una milenaria historia. En el poema de Gilgamés, el gigante Humbaba protege el jardín de Ishtar. Pero, aunque hay gigantes protectores de bienes, casi siempre se ha remarcado su sentido cosmogónico. En la mitología nórdica, por ejemplo, el gigante Ymir se durmió y de su axila, por exudación, brotó la pareja primordial. Los hermanos Odín, Vili y Ve mataron a Ymir: su sangre ahogó a los gigantes de la escarcha y con los despojos del cuerpo de Ymir se formó el mundo de Midgard (el mundo humano), así con la carne de Ymir se hizo la tierra, con su sangre los mares y con sus huesos las montañas y de su pelo brotó la raza de los enanos, cuatro de los cuales: las cuatro direcciones del espacio, sostenían el cielo. Como vemos, en la cosmogonía escandinava, el Gigante es la materia primordial de la que va saliendo todo lo demás. En Grecia tenemos a los Titanes que trataron de asaltar el Olimpo, siendo estrepitosamente derrotados por Zeus, también a los Cíclopes. En el Génesis veterotestamentario también nos los encontramos: son los "Nefilim" (los caídos), descendientes de una coyunda ilegítima entre los "hijos de Dios" y las "hijas de los hombres". Como podemos ver, están presentes en casi todas las mitologías, aunque dependiendo de la que se trate podemos ver resaltados bien su connotación terrorífica (y hasta demoníaca) o bien protectora y benefactora. 

En el caso de nuestros Gigantes y Cabezudos puede muy vagamente verse todo eso de mitologías tan remotas, más bien lo que llama la atención -debido al carácter originario del festejo que celebra la Reconquista- es que Rey y Reina, como Gigantes, cifran el orden primordial de quienes representan a la comunidad original que perdió su tierra, tras la invasión sarracena, y que, después, fuerte y unida, asistida por el Cielo, recobra su suelo, poniendo en fuga a los cabezudos. Cabe señalar también que los Cabezudos no sólo son "enanos" ante los gigantes por su menor tamaño, sino que lo que más destaca es su aspecto ridículo por el enorme tamaño de su cabeza. En los cabezudos cabe ver reminiscencias de los espíritus elementales de la tierra (ctónicos), representando el caos y la anarquía sobre la que los Gigantes (la verticalidad que remite al orden sagrado) ponen orden, espantándolos y venciéndoles. Algunos autores también han visto en los gigantescos Rey y Reina la figura (doblemente sexuada) de la Monarquía que se impone sobre los "cabezudos" que serían un trasunto de los señores nobiliarios revoltosos y levantiscos. Pero, tratándose la nuestra de una conmemoración que tiene como telón de fondo la reconquista, nos parece más ajustado asignar el papel de los Cabezudos a una traslación grotesca del mahometano reducido por los cristianos victoriosos, representados en su Rey y Reina.

Agradeceríamos mucho que aquellos vecinos que nos leen y tiene fotografías antiguas de nuestros Gigantes y Cabezudos locales, nos las hagan llegar.

sábado, 25 de febrero de 2017

EL MARINO TOSIRIANO D. MIGUEL DE OQUENDO Y MOLINA Y SU VINCULACIÓN CON TORREDONJIMENO.




Este artículo se publicó por primera vez en el nº 13 de la Revista Cultural Órdago de Torredonjimeno en Febrero de 2013. 


EL MARINO DE ORÍGENES TOSIRIANOS D. MIGUEL DE OQUENDO Y MOLINA Y SU VINCULACIÓN CON TORREDONJIMENO.

Luis Gómez López, Co-director de Órdago



"Partida de Bautismos de Ana de Molina. Archivo Parroquial de Santa María de Torredonjimeno"

Sobre el nacimiento de Ana de Molina Hernández.


            La Península española, rodeada casi en su totalidad por mar, ha ofrecido al mundo desde tiempo inmemoriales marinos de talla excepcional. Basta mirar hacia el pasado para encontrarnos con la saga de los “Hermanos Pinzón”, acompañantes del Almirante Colón en su “Descubrimiento de América”, el no menos esforzados D. Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, en época imperial, o los bravos Churruca y Blas de Lezo, en los siglos XVIII y XIX y así un largo etcétera que sería prolijo enumerar. De todas las costas y de todos los territorios han salido marineros de talla excepcional. Lo que no muchos conocían es la procedencia de tierras de interior, de Jaén, y Torredonjimeno, para ser más concretos, del que será el tercero de los Oquendo, familia de marineros de renombre donde los haya, más estimados en San Sebastián, -donde residieron habitualmente y tenían sus posesiones- que en Torredonjimeno, donde hasta ahora nadie se había acordado de ellos. ¿Cómo es posible esta vinculación? ¿Qué los une a Torredonjimeno?
  
En el año 1581 contraen matrimonio en la iglesia de Santa María de Torredonjimeno la pareja formada por Miguel de Molina y Lucía Hernández, “vecinos del Corral de Caraguel”,[i] según consta en la partida de desposorios del Archivo Parroquial de Santa María de Torredonjimeno.

El Corral de Caracuel, es una pequeña aldea dentro de las tierras que la Orden de Calatrava tenía en la vecina Ciudad Real. Con el tiempo, esta pequeña aldea formará parte de lo que terminará por llamarse Corral de Calatrava.

Desconocemos las circunstancias por las cuales el matrimonio Molina y Hernández viajan a Torredonjimeno, pero la coincidencia del apellido Hernández en la esposa de uno de los testigos, “Ana Hernández”, que estaba casada con “Juan de Arrabal”, así como la presencia en el asiento del otro testigo, “Cristóbal Ruiz Naranjero”, hace posible que el traslado a estas latitudes del citado matrimonio fuese porque ya existían con anterioridad establecidos en Torredonjimeno algunos familiares, y estos buscasen en ellos el acomodo o la ayuda que les pudiesen prestar.




"Partida de desposorios de Miguel de Molina. AHP Santa María de Torredonjimeno"

Más información sobre este matrimonio nos lo aporta el estudio que se realizó por parte de la Orden de Santiago al indagar sobre la nobleza e hidalguía de los ascendentes maternos de D. Miguel de Oquendo, hijo de D ª Ana de Molina, los cuales quedan reflejados en el testamento que hiciera su padre, D. Antonio de Oquendo, al establecer cláusula para ceder el hábito de Santiago a su hijo D. Miguel de Oquendo y Molina, en el cual se dice: “Que la nobleza de D ª Ana de Molina, natural de la villa de la Torre de Don Ximeno, no vino plenamente probada, en cuyos defectos necesita dispensación de Su Santidad para poder obtener la dicha merced y de cédula de legitimación de V. Magd”,[ii] para a continuación agregar en el escrito que: “El Consejo, atendiendo a los muchos y particulares servicios que el Almirante General D. Antonio de Oquendo, padre del pretendiente hizo a V. Magd. y a esta Corona, que a V. Magd. deben de ser presentes, los pone en consideración de V. Magd. para que siendo V. Magd, serbido, que se escriba la carta ordinaria al Embaxador de Roma para que pida a Su Santidad dispensación de los dichos defectos, los ordene V. Magd. para que el Consejo las remita a sus Reales Manos y mande se le dé la cédula de legitimación, V. Magd. ordenará lo que más conbenga a su Real serbicio. Madrid, 7 de abril de 1644”.[iii] Con lo cual podemos deducir que los antepasados de D. Miguel de Molina no pertenecían al estado noble ni mucho menos, aunque si podemos aventurar que al menos fuesen “cristianos viejos”, pues no se entendería de otra forma el otorgamiento del hábito de caballero de la Orden de Santiago a un individuo que no reuniese dicha particularidad.

Lo que si podemos afirmar es que los tosirianos Juan de Arrabal y Cristóbal Ruiz Naranjero[iv] pertenecían a familias de caballeros cuantiosos de Torredonjimeno, y la presencia de estos potentados en la firma de una partida de matrimonio nos indica que los Molina y los Hernández bien podían ser, si no nobles, si que familias bien asentadas en su tierra natal o al menos con cierta influencia.

Torredonjimeno durante la segunda mitad del siglo XVI experimentó un cierto florecimiento merced a la independencia de Martos y gracias al otorgamiento de la “Carta Villa”, hecho este que hizo que se produjera un aumento de la población en la localidad, y esta circunstancia sirvió de imán para la avenida de forasteros, y sobre todo mejoró el tránsito de los caballeros de la Orden de Calatrava por sus dominios andaluces. Muchos fueron los que se asentaron en aquel Torredonjimeno del mediados del XVI, algunos de los cuales venían en busca de mejores oportunidades y tierras las cuales la vieja Castilla ya no podía ofrecerles en esos momentos.

Es precisamente por aquellos años cuando más se trabaja en la construcción del templo de San Pedro, ya que afirma el profesor Ureña Uceda “a partir de 1580, y con don Francisco de Sarmiento como nuevo prelado de la diócesis, el proceso constructivo cobraría un nuevo impulso[v], no sólo en el templo parroquial se notará dicho impulso, porque por aquellas mismas fechas, Torredonjimeno comenzaría a erigir lo que luego será la ermita de San Cosme y San Damián, una vez superado el brote de gripe catarral que asoló estos parajes en ese periodo.

El matrimonio así formado tendrá abundante descendencia y pronto le alumbrarán primero una hija de nombre Sebastiana (1583), después Miguel (1590) María, (1593), Juan, (1596)[vi] y diecisiete años más tarde el matrimonio Molina y Hernández vuelve aparecer en los libros parroquiales, en concreto en el mes de marzo del año 1598, en el libro 4 º de bautismos podemos leer: “Sábado diez días del mes de marzo del año de mil quinientos noventa y ocho años, baptizo yo, Francisco Cañada cura, a Ana, hija de Miguel de Molina y de Luzia Fernández su muger. Fueron sus padrinos Juan de Arrabal Ruiz y Ana Ximénez su mujer[vii], aún le nacería otra hija al matrimonio en el año 1603  a la cual se le impondrá el nombre de la madre: Lucía




"Vistas del Convento de Carmelitas de Jaén, donde ingresaría Ana de Molina"


Como se puede observar, al no existir en aquellos años una regla fija que regulase la ortografía, los apellidos, unas veces eran escritos como Hernández, y en otras ocasiones aparecen como Fernández. Lo mismo ocurre con otros muchos nombres y apellidos como Begara, Vergara o Vegara, y así con otros muchos apellidos y nombres propios. Además de este inconveniente, el investigador se topa con la arbitrariedad de los naturales de aquellos años, que usaban de forma indistinta en los documentos los apellidos maternos o paternos, ocasionando con esto no pocas confusiones y errores a los que pretenden seguir la pista en los archivos a un individuo en particular.


Es por ello que encontramos una diferencia sustancial en la entrada que el “Diccionario Heráldico y Genealógico de Apellidos Españoles y Americanos”, hace al referir a nuestra paisana, ya que en su página 190 dice: "Fuera de matrimonio tuvo el Almirante don Antonio de Oquendo otro hijo en doña Ana de Molina, natural de Torredonjimeno, villa andaluza de la provincia de Jaén, y de noble e ilustre familia (hija de Miguel de Molina, natural de Torredonjimeno y de doña Lucia de Zaura, natural de la villa de corral de Calatrava, en la provincia de Ciudad-Real)."[viii] De donde deducimos que la información que sobre la madre de Ana de Molina no es del todo exacta, pues en los archivos, como ha quedado demostrado, aparece como lugar de procedencia Corral de Caracuel, que bien es cierto que luego terminó formando parte de Corral de Calatrava, así como el apellido Zuara o Estrada, que en la documentación de los archivos de Torredonjimeno no aparece consignada, no sabiendo si era apellido que pudiese llevar por parte paterna o materna, o fuese el de otra mujer, casada con Miguel de Molina en segundas nupcias, como bien pudiese haber ocurrido, ya que leyendo al marino y escritor Rafael de Estrada, podemos encontrar en su obra “El almirante D. Antonio de Oquendo[ix] otro nombre y apellidos para la madre de D ª Ana de Molina, en la cual nos comenta el vicealmirante Estrada: “Vivía en Cádiz una hidalga familia andaluza, natural de Torregimeno, a la que pertenecía agraciada y graciosa joven, que se llamaba Ana, su padre era don Miguel de Molina y su madre doña Luisa Estrada. No existen más datos ni noticias[x]. Podemos suponer que el dato que sobre el nombre de la madre de Ana de Molina nos da el autor del citado libro, “Luisa Estrada” Este dato es el que puede conducirnos al porqué de la confusión de los apellidos en la progenitora de Ana de Molina en la numerosa documentación existente sobre ella y el baile de apellidos, pues como hipótesis, parece que  ser que, su madre “Lucía Fernández”, la que así consta en la partida de bautismo de la parroquia de Santa María, debió de fallecer, contrayendo su padre D. Miguel de Molina, segundas nupcias con la citada Luisa Estrada, quedando así servido el embrollo.



"Vista interior del convento.carmelitano. Años 60"

Pero gracias a ese alumbramiento tenemos en Torredonjimeno a nuestra, Ana Molina, que andando el tiempo será la protagonista de uno de los hijos de Torredonjimeno de más renombre en la Historia de España y en el Torredonjimeno de los Austrias menores.

Ya mayor de edad, los Molina deberá de desplazarse a Cádiz, tal vez para buscar acomodo en naves que partieran al Nuevo Mundo en busca de fortuna, o por cualquier otra circunstancia que se escapa a los historiadores, pero el hecho es que será en esa localidad andaluza cuando Ana de Molina entrará en contacto con el Almirante del la Mar Cantábrica, D. Antonio de Oquendo. La familia Oquendo poseía casas y vinculaciones con Cádiz. Ya el abuelo de D. Antonio Oquendo, D. Miguel de Oquendo y Domínguez de Segura había iniciado sus comercios con esa localidad, así nos consta según el libro de Munárriz Urtasun, al explicar el expediente de nobleza del citado don  D. Miguel de Oquendo, cuando al interrogar a un testigo sobre la limpieza de sangre, este afirmaba que: “Miguel de Aguirre de Blancaflor, de San Sebastián: A la 6 ª pregunta: “Qué el dicho miguel de Oquendo haze cargazón en naos y las carga de clauazón y de arcos y de otras cosas de fierro y las envia a Sevilla y que tiene un sobrino suyo en Cádiz que recibe las dichas mercadurías y allí las bende y las envían a las Indias y a otras partes[xi]. Esas relaciones comerciales entre la patria natal de los Oquendo, Cádiz y Sevilla se trasmitirá de generación en generación, siendo participada de la saga de los Oquendo hasta llegar a D. Miguel de Molina y Oquendo, hijo de nuestra paisana, el cual terminaría sus andanzas marineras al naufragar en las costas de la vecina localidad de Rota, motivo por el cual abandonaría la vida de marino y se dedicaría a gestionar sus haciendas y a escribir.
 D. Antonio de Oquendo debía pasar por Cádiz para retirar ciertas documentaciones o para gestionar sus negocios de armador y navegante, y sería en esa localidad cuando conocería a nuestra protagonista.

 Ana de Molina, con 28 años de edad queda embarazada de D. Antonio de Oquendo, que rondaría a la sazón los cincuenta de edad.[xii]




"Vista actual de la fachada del Convento "

Sobre el origen del alumbramiento de D. Miguel de Oquendo y Molina


Según Ainhoa Arozamena Ayala, el hijo de ambos, D. Miguel de Oquendo “nació en Madrid a primeros de junio de 1627 como fruto de las relaciones de Antonio de Oquendo y Ana de Molina. Vivió en esta ciudad hasta los tres años pasando a continuación a casa de sus abuelos maternos en Torre Jimena (sic) (Jaén)”[xiii] es de esa manera como Torredonjimeno acogió en sus primeros años al que andando el tiempo llegará a ser un célebre marinero y escritor.

En 1640, el padre de nuestro paisano, D. Miguel de Molina, el insigne marinero D. Antonio de Oquendo, fallece en La Coruña, después de haber participado en la famosa batalla de “Las Dunas” contra los holandeses. Por su parte,  D ª Ana de Molina, seis años después del fallecimiento del padre de su hijo, tomará la decisión de ingresar en la vida monástica y tomará los hábitos y profesará en el Monasterio de Santa Teresa de Jesús de Carmelitas Descalzas de Jaén, cambiando su nombre en el siglo por el de Ana Josefa de la Concepción al profesar y aceptar el hábito en dicho convento el 21 de mayo de 1647. En el estudio que la profesora Esiman Lasaga realizó sobre este convento jaenero encontramos algunos datos más sobre Ana de Molina,[xiv]  y es así como sabemos que al ingresar en el convento “Trajo su dote cabal con mui buenas limosnas para la sacristía, un dosel y pieças de plata para serbicio del Ssmo Sacramento [...] Pasó la escritura ante Cristóbal de Mírez, escribano público de esta ciudad”[xv] De su estancia en aquel monasterio se llegó a decir sobre ella que era “de carácter humilde y afable, e inclinada desde muy niña a los ejercicios virtuosos, tenía sumo cuidado en no decir mal de nadie, aun en los casos muy leves”.[xvi] Fallecería el jueves 25 de febrero de 1677 a los 79 años de edad, y treinta y uno de hábito estando enterrada “en el entierro nuebo”[xvii], de dicho convento.  



[i] Archivo Parroquial de Santa María de Torredonjimeno, (APSMT) Lib. Primero de Desposorios, 1581, folio. 22v “En cinco deste mes y año, vele y case a Miguel de Molina y a Luzia Hernández, vecinos de Corral de Caraguel, sus padrinos Juan de Arrabal y su muger Ana Hernández, testigo Cristóbal ruiz Naranjero y Alonso Martinez= Fray Rodrigo covo[ii]Munárriz Urtasun, de E, “Los Oquendo”, consultado en internet, en http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/riev/15467493.pdf, el 18-8-09.
[iii] Íbidem
[iiii] Así aparecen estos nombres reflejados en la tabla de caballeros cuantiosos de Torredonjimeno la cual se puede consultar en la edición conmemorativa de la “Carta de Privilegio Torredonjimeno 1558”,  Torredonjimeno 2008, según el estudio de M. J. Cañada Hornos, p. 41
[v] Ureña Uceda, A, “Patrimonio Arquitectónico y Urbanismo en Torredonjimeno. Desde la Edad Moderna hasta la actualidad”  Diputación Provincial de Jaén, I. E. G., 2008, p.55 y 56.
[vi] Este hermano nació prematuramente temiéndose por su vida, así consta en el APSM al decirnos su partida que: “Lunes dos dias del mes de septiembre de mill quinientos noventa y seis años yo fco Cañada cura doy fe que hize los exorcismos sobre Juan, hijo de miguel de molina y de Luzia Hernández su mujer porque fui informado por nacer en necesidad en el parto... ,”  APSM en el Lib. 4 de Bautismos año 1596 f. 44r[vii] APSMT, Lib. 4 de Bautismos, año 1598, folio 73v.
[viii] García Carrafa, Alberto y Arturo, “Diccionario Heráldico y Genealógico de Apellidos Españoles y Americanos”Madrid, 1969,  Tomo, LXII, p. 190
[ix] Estrada, Rafael, “El almirante D. Antonio de Oquendo”, Esapsa-Calpe, Madrid 1943
[x] Op. Cit. p. 103.
[xi] Munárriz Urtasun, de E, “Los Oquendo”, consultado en internet, en http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/riev/15467493.pdf, el 18-8-09.
[xii] Para el cálculo de la edad nos basamos en la fecha de nacimiento de Ana de Molina consignada en los Archivos Parroquiales de Santa María, que es de 1598, así como con la fecha de nacimiento de su hijo D. Miguel de Molina, que fue junio de 1627.
[xiii]Arozamena Ayala, A. Consultado en internet en http://www.irutxulo.net/ENCICLOPEDIA/O.html, el 18-8-09
[xiv] Eisaman Lasaga, C. “El Monasterio de Santa Teresa de Jesús, Carmelitas Descalzas de Jaén. Historia Documentada. Diputación Provincial de Jaén, I. E. G., 1999, pp. 138 a 139. En el referido documento aparecen nombrados los padres de Ana de Molina  como: “Miguel de Molina Malo y de doña Lucía Castro y Estrada”, no habiendo encontrado el autor en el archivo de la localidad ninguna referencia sobre estos apellidos  vinculados a nuestra protagonista. Asimismo, en dicho estudio se indica como año de nacimiento de D ª Ana de Molina el de 1609, siendo la fecha correcta según los archivos parroquiales la de 1598. En el año 1603, aparece en los libros de bautismos la hermana de Ana de Molina “Lucía de Molina Fernández” hija de Miguel de Molina y Lucía Fernández, Lib. 4 º de Bautismos, fol.  160v, del APSM de Torredonjimeno.
[ixv Archivo del Monasterio de Santa Teresa de Jesús, primer Libro de Difuntas, p. 55, citado de Esiman Lasaga, C. “El monasterio ...” p. 338
[xvi] Op. Cit. p. 339
[xvii] Íbidem.

lunes, 2 de enero de 2017

El marino de orígenes tosirianos Don Miguel de Oquendo y Molina



"Retratos de D. Miguel de Oquendo y Molina y su esposa Dª Teresa de San Millán"

Luis Gómez López


Fruto de las relaciones entre D. Antonio de Oquendo y la tosiriana Ana de Molina nacerá D. Miguel de Oquendo y Molina, joven que andando el tiempo ostentará entre otros muchos títulos y cargos el de General de la Escuadra del Cantábrico, título que ya obtuvo su progenitor.

El nombre escogido para su bautismo no fue fruto del azar, pues ambos abuelos, tanto por parte materna como paterna, se llamaban Miguel, siendo esta una forma de conciliar a todos y de honrar con ese nombre al párvulo.
 
Existe mucha controversia para fijar el lugar de nacimiento de D. Miguel de Molina; unos lo hacen en Madrid[i], otros en Cádiz[ii], y algunos en San Sebastián[iii], localidad paterna y en la que residirá hasta su muerte.

Lo cierto es que la madre, la tosiriana D ª Ana de Molina y su padre D. Antonio Oquendo, frecuentaron dichos lugares, siendo muy posible que fuese en cualquiera de ellos en donde ambos progenitores se conocieran y la madre lo trajera al mundo.

Según la historiadora Ainhoa Arozamena, después de nacido, D. Miguel vino a Torredonjimeno a ser cuidado por los abuelos maternos[iv]. El alumbramiento fue en el curso del mes de junio de 1627 y, según la historiadora vasca, D. Miguel llegaría a Torredonjimeno a los tres años de edad, o sea en 1630. En esas fechas, debemos suponer que al menos los tíos maternos del joven estarían en disposición de prestarle socorro y primeros cuidados, pues es muy posible que el abuelo materno, D. Miguel de Molina, para ese año ya estuviese viudo de su primera mujer y hubiese contraído segundas nupcias con Luisa de Estrada, nombre y apellido con los que se denomina a la madre en diferentes documentos. Al no haber constancia del apellido Estrada en las partidas de matrimonio en los libros parroquiales de Torredonjimeno, debemos suponer que el cuidado lo realizarían las hermanas o hermanos de Ana de Molina, a saber: Sebastiana, Miguel, María, Juan o Lucía Molina Fernández; todos ellos pudieron ser, junto con su madre Ana, los primeros ejemplos y referentes que el joven Miguel de Molina conociese.

Con apenas tres o cuatro años de edad, nos lo podemos imaginar caminando de la mano de sus familiares por las calles de Torredonjimeno camino de la iglesia de Santa María, frecuentando las ermitas locales de intramuros y extramuros, o acudiendo al Convento de Madres Dominicas de la localidad.

Su padre, D. Antonio de Oquendo, reconoció enseguida a su hijo, y lo incluyó en el testamento que realizara en la casa del escribano público de Cádiz don Juan Antonio Polesio, ello fue el 29 de julio de 1639. En dicho testamento y según el historiador y marino Rafael Estrada: “Dejaba 5.000 escudos de plata a su hijo natural don Miguel y encargaba se le pusieran en renta en parte segura. También donaba 1.000 a la madre de aquél, doña Ana de Molina y Estrada (sic), para que entre en religión o tome estado a su voluntad[v].

Pero la fatalidad vendrá a caer sobre los hijos legítimos de Antonio de Oquendo. En el año 1640 fallecerá el patriarca, el mismo D. Antonio de Oquendo, a causa de las fiebres y los achaques producidos tras el combate que sostuvo con los holandeses y los ingleses en la batalla de las Dunas. Ese mismo año fallecerán también su hija Teresa y su hijo Antonio Felipe, heredero del mayorazgo. De esa forma, el joven Miguel, sin apenas entender nada, verá como su vida da un giro inesperado.

Según quedaba estipulado en el testamento por su padre, sus posesiones y mayorazgos pasarían primero a sus descendientes varones. En caso de no ser posible, a su hermana, casada con su primo Miguel de Oquendo y San Millán: “Y caso de que ésta faltare es mi voluntad que subceda en el dicho vínculo D. Miguel de Oquendo y Molina, mi hixo natural, sus hixos y descendientes, en la forma referida en virtud de la facultad que para ello me dejó mi madre y la que su merced tenía de mi padre, D. Miguel de Oquendo. Y a la señora doña María de Lazcano, mi muger y a mis hixos encargo este niño, pues queda solo, para que lo recojan y amparen como a tal, y caso que falte la subcesión de los referidos de mi voluntad sucedan en el dicho vínculo los hijos y descendientes legítimos del capitán D. Antonio de Oquendo, mi primo, difunto, guardando el mismo orden que arriba queda dicho...”[vi]

Será su tía paterna, Doña Juana de Oquendo, la que se hace cargo del mayorazgo de su hermano, y ante la ausencia de hijos legítimos varones que heredasen las propiedades, doña Juana hará llamar a Miguel de Oquendo que se hallaba en Torredonjimeno, para instruirlo como es debido y para enseñarle los rudimentos que todo buen noble debe aprender.


"Fachada del convento vasco"

Lo primero es investirlo con el hábito de caballero de la Orden de Santiago, igual que su padre, para lo cual se realizaron las pertinentes averiguaciones y se rastrearon los datos genealógicos del pretendiente y de sus progenitores. Estas diligencias se practicaron el 7 de abril de 1644[1] contando el joven 17 años de edad. Poco sabemos de las andanzas del mozo por esas fechas; después, la vida de Miguel de Oquendo y Molina se vería transformada de raíz.

Marino como sus antecesores, no tuvo tanta fortuna en los embates contra la mar. No obstante D. Miguel de Oquendo puso a disposición de la corona, seis galeones de su propiedad, más un patache –pequeño barco mercante- que formaban parte de la Escuadra del Mar Cantábrico, Escuadra que llegó a mandar igual que lo hiciera su padre.

En 1663, festividad de santa Brígida, y en las inmediaciones de las costas gaditanas de Rota, un terrible temporal azotó su escuadra, enviando muchos hombres y tesoros al fondo del mar, y en concreto su barco, el cual quedó desarbolado y fue hundido por las inclemencias meteorológicas. D. Miguel se abrazó lo más fuerte que pudo a la talla de madera de su mascarón de proa, llevando consigo la pequeña talla de la Virgen del Consuelo[2] (suponemos que se acordaría de Ntra. Sra. de Consolación), consiguiendo, no sin dificultades, llegar sano y salvo a tierra. En agradecimiento, “porque gobernando como Jefe la escuadra de Cantábria padeció en la noche de la fiesta de esta Santa una récia tempestad, en que perecian sus vajeles, y perecian tambien las esperanzas de salvar la vida”[3] es como D. Miguel de Oquendo fundó en sus posesiones de Lasarte, corriendo el año 1671, un convento erigido en honor de Santa Brígida (santa y princesa sueca), -será el tercero dedicado a esta santa en la península Ibérica. En la iglesia de dicho convento todavía podemos venerar la imagen de la Virgen, ya que D. Miguel “escapó felizmente del inminente naufragio, sacando en sus brazos una primorosa y milagrosa imágen de nuestra Señora del Consuelo, que llevaba en su Capitana, y la dedicó después de colocada sobre columna de plata con corona de oro guarnecida de piedras preciosas, á la iglesia del nuevo convento de Lasarte, donde se conserva”.[4] En dicho convento ingresarían en un principio dos hijas del general Oquendo, María Teresa y Antonia, de 20 y 18 años respectivamente, las cuales habían tomado el hábito en 1668 y que, procedentes del convento de Vitoria donde residían, formarán parte del nuevo monasterio Guipuzcoano[5]. Una tercera hija, al cumplir los 18 años de edad, ingresaría así mismo en dicho convento junto con sus hermanas.

La devoción de Santa Brígida en España era poco conocida por entonces. Según Marion Reder, “La orden fundada por Santa Brígida recibió el nombre de El Salvador, por ser Cristo y la Virgen los que en sus revelaciones orientaron a la santa sueca. Así mismo le comunicaron a la santa las Constituciones por las que debían regirse, siguiendo la regla de San Agustín; normativas que fueron aprobadas por los Papas Urbano V y Urbano VI. El objetivo de la fundación de la nueva orden de las Brígidas era la de tributar culto a la Pasión de Cristo y a la Virgen, estableciendo una norma de vida y conducta religiosa, opuesta a la relajación común a los monasterios de la época”.[6]

El naufragio padecido hizo que Miguel de Oquendo reflexionara sobre su vida como marino, y tomase la determinación de abandonar la vida activa en la mar y dedicar el tiempo a organizar “sus estados” y fundamentalmente a escribir. Suyas son las obras: “El héroe cántabro: vida del Señor Don Antonio de Oquendo”, impreso en Toledo en 1666 y dedicado a su padre, o “Vida de Santa Brígida, Princesa de Nericia” editado en San Sebastián en 1676

Miguel de Oquendo contraerá matrimonio con su prima D ª Teresa de San Millán, hija de su tía paterna Dª Juana de Oquendo, fundiéndose así bajo el nuevo matrimonio los dos poderosos mayorazgos de los Oquendo y San Millán. El matrimonio se efectuó mediante el sistema de capitulaciones matrimoniales las cuales fueron otorgadas el día 28 de diciembre de 1646 ante don Juan Martínez de Legarra, escribano público de Aiztondo[7]. Este matrimonio tendrá abundante descendencia. Entre los años 1660 y 1663, y mediante el sistema de asientos con la Corona, construyó a su costa dos naves para la Escuadra del Océano, en las que servirán como capitanes sus dos hijos Carlos y José de Oquendo, mientras que con el tiempo sus hijas ingresarán en el convento fundado por la familia, llegando alguna de ellas a ostentar el cargo de abadesa del mismo. La madre de D. Miguel de Oquendo, la tosiriana D ª Ana de Molina, debió de influir en la educación de su hijo puesto que de él se llegará a decir que “[...] oy bibe en la provincia de Biçcaia en San Sebstián, donde su mucha cristiandad da claras muestras de las muchas virtudes que eredó de [su] religiosa madre[8].

Fallece D. Miguel de Oquendo en 1681. Al poco tiempo le sucederá su mujer, D ª Teresa, y ambos serán enterrados en el convento de Santa Brígida de Lasarte del que eran mecenas y en el que profesaba su numerosa descendencia. En la actualidad parte del antiguo convento de las Brígidas, forma parte del Ayuntamiento de Lasarte-Oria.

Culmina sí la saga de una de las familias de marineros más renombradas de todo el Cantábrico. Desde las páginas de Órdago bien valga esta sencilla semblanza para el tosiriano D. Miguel y su madre Dª Ana de Molina, tanto tiempo ignorados por sus convecinos.



[i]Arozamena Ayala, A. Consultado en internet en http://www.irutxulo.net/ENCICLOPEDIA/O.html, el 18-8-09
[ii] Estrada, Rafael, “El almirante D. Antonio de Oquendo”, Esapsa-Calpe, Madrid 1943
[iv] Op. Cit. Consultado en internet en http://www.irutxulo.net/ENCICLOPEDIA/O.html, el 18-8-09
[v] Op. Cit. “El Almirante...”, p. 144, también en Munárriz Urtasum, de E. Los Oquendo”.  p. 469. en internet www.euskomedia.org/PDFAnlt/riev/15467493.pdf  el 18-8-09
[vi] de Cuadra Echaide, P. “Los Oquendo: Seis Hábitos y una Inquisición”, Editorial Gómez, Pamplona. Capítulo I, p. 21, citado de www.geocities.com/casadecoqui/gen/f24.htm
[1].Op. cit. “Los Oquendos”, p. 471, en internet, 18-8-2009
[2] “La imagen de Nuestra señora del Consuelo es de alabastro policromado. Mide 16 cm.
Esta imagen la heredó de su tía Maria de Oquendo quien a su vez la recibió del dueño de la misma, un santanderino residente en Brasil, que el año 1638, sufrió el asalto de las tropas holandesas en su casa. Un soldado, con su espada, arrojó al suelo la imagen de la Virgen y de otro espadazo le cortó las manos. El soldado cayó fulminado al suelo y murió”. Consultado en internet 
www.donostia.org/info/
[3] “Guipuzcoanos Ilustres”, p. 219, www.euskomedia.org/PDFAnlt/reveus/02218221.pdf en internet, 18-8-09
[4] Íbidem
[5] Según el historiadora Escudero Sánchez, M. E, profesarán en dicho convento sus cinco hijas. Cit. de “Arquitectura y urbanismo de las cuatro villas de la costa en la Edad Moderna”, Universidad de Cantabria, 2005
[6] Gadow Reder, M. “Las voces silenciosas de los claustros de clausura”, Universidad de Málaga, cuadernos de Hª Contemporánea, 2005, p. 316 y 317
[7] Consultado en internet http://www.geocities.com/casadecoqui/gen/f24.htm, el 18-8-09
[8] Archivo del Monasterio de Santa Teresa de Jesús de Jaén, primer Libro de Difuntas, pp. 66-68, Citado de Eisaman Lasaga, C. “El Monasterio...”, p 339

sábado, 31 de diciembre de 2016

LA MEMORIA HISTÓRICA DE 1650 Y 1942

Pedro Rico, ejecutado injustamene en 1942


NO ES UNA FICCIÓN BORGIANA, ES UN CASO HISTÓRICO

Manuel Fernández Espinosa ("Aitzindari")


La reciente publicación del retrato de Pedro Rico Blanca (q.e.p.d.) me ha conducido a contar algunas cosas que podrán ser del interés de los lectores de nuestro blog. Lo que voy a contar fue para mí un hallazgo sorprendente y diría que providencial. Primero, fue encontrar los datos... Pero cuando reparé en la coincidencia del nombre y apellidos pensé si no era materia de uno de los relatos del genial Jorge Luis Borges. 

Voy a contar el caso, pues merece la pena por un justo ejercicio de memoria histórica que podemos remontar al siglo XVII.

En el año 2000 mi amigo Luis Gómez y yo trazábamos los artículos que conformarían el número 5 de nuestra revista local ÓRDAGO. Investigando en los archivos habíamos topado con una mención que nos pareció en extremo tan enigmática como sugerente. En un libro de primeros del siglo XIX pudimos leer: "y también a los que mueren por disposición de la Justicia (...) como consta de los muchos exemplares verificados en el año del tumulto que fue el de seiscientos y cinquenta". Aquello del "tumulto" era la primera vez que lo veíamos. Intuimos que ahí había una historia sin contar que merecía la pena trabajarla. En ese sentido, pensamos que la persona más competente para hacerlo no era otro que el historiador Francisco-José Téllez Anguita, sobradamente conocido por sus muchísimas aportaciones a nuestra historia. Hablando con Francisco-José Téllez nos confirmó que, en efecto, según sus investigaciones en los archivos municipales había constancia de un "tumulto" que tuvo como resultado el linchamiento del entonces alcalde Alonso Cobo. Téllez Anguita tenía suficientes datos como para hacer un artículo que publicamos en ÓRDAGO: "Un motín de subsistencia en el Torredonjimeno del siglo XVII". Por lo que se deducía del fragmento del siglo XIX la revuelta fue sofocada con dureza e incluso con la ejecución de algunos tosirianos. Faltaba saber quiénes eran y por eso Luis Gómez y yo nos volvimos a meter en los archivos parroquiales de San Pedro Apóstol y esa felicidad que posee al investigador se volvió a producir cuando felizmente dimos con el nombre de los ajusticiados el 10 de julio de 1650. Eran seis (subrayo lo de seis) y sus nombres eran:

Pedro Rico Martos

Benito Rabadán

Luis de Guevara

Juan Báez

Bartolomé de Ortega Fuenlabrada

y Bartolomé Sánchez.

Hasta aquí, todo bien. Lo que me produjo un escalofrío fue que, pasados los años, leyendo "La Guerra no acabó en el 39" de Luis Miguel Sánchez Tostado, pude ver por fin los nombres de los seis tosirianos ejecutados el 28 de octubre de 1942. Que los ejecutados en la plaza mayor de 1650 fuesen seis, ya era una coincidencia. Pero la coincidencia más sorprendente era encontrar que el nombre y apellido de Pedro Rico estaba en la lista de ejecutados de 1650 y el mismo nombre y apellido -Pedro Rico- volvía a repetirse en 1942. Lo llegué a comentar en alguna conferencia que otra sobre el asunto, nada más descubrirlo.

La historia de 1942 se la escuché a más de uno de mis mayores; ya había democracia y me lo contaban todavía con voz baja, no fuese que nos oyera alguien. Me lo contó, por ejemplo, mi vecino Cosme Moreno y sé que mi abuelo fue uno de los muchos vecinos que primero metieron en el Bar Regina, para luego llevarlos a ver los cadáveres: toda la gente que se hallaba en la plaza mayor ese día fue conducida al interior de los bares y algunos señoritos estaban en el balcón del ayuntamiento, asistiendo a la ejecución como quien va a los toros. D. Juan Montijano de la Chica fue el encargado de suministrar los últimos auxilios espirituales a los reos. Y Cosme Moreno decía que uno de aquellos antes de morir había gritado: "¡Viva el comunismo!" antes de segársele la vida: no lo sé, la verdad, pero eso fue lo que me contaron. Esa historia es sobradamente conocida en Torredonjimeno, estremece todavía que seis inocentes fuesen ejecutados. Los antecedentes de la ejecución pública de octubre de 1942 pueden encontrarse en que una partida del maquis había asesinado a D. José Calabrús, rico hacendado local. Pero se decidió dar un escarmiento a la población, haciéndole pagar a justos por pecadores, pues hay que destacar que -como todo el pueblo sabía- aquellos seis convecinos nuestros no tenían nada que ver, se dedicaban al estraperlo, sí: pero no habían matado al Calabrús.

Nos lo cuenta el nieto de D. Pedro Rico Blanca: "El 28 de octubre de 1942 el Juez Militar, teniente Jesús Cortés Cortés ordenó de forma sorprendente y aleatoria que seis de los catorce detenidos por estraperlo fueran conducidos desde la prisión provincial hasta la plaza del pueblo donde fueron fusilados en un acto público ejemplarizante que provocara el terror en la población izquierdista de Torredonjimeno, que fue obligada a circular ante los cadáveres después de escuchar los aplausos y vivas a España de las autoridades y derechistas del pueblo cuando estos desdichados cayeron acribillados siendo totalmente inocentes del crimen del que se les acusaba y después de sufrir durísimas torturas en la prisión provincial", así lo cuenta el nieto de uno de ellos, Pedro Rico Martos, en "28 de octubre de 1942. Un día negro en la historia de Torredonjimeno (Jaén)"

Luis Miguel Sánchez Tostado que ha estudiado exhaustivamente esa época pone de manifiesto que la medida, además de injusta y extrema, era poco frecuente: "La pretensión de organizar un acto de represalia ejemplarizante tras el asesinato de D. José Calabrús lo prueba el hecho de ser conducidos a su pueblo natal para ser ejecutados, algo verdaderamente inusual para los recluidos en la prisión provincial, pues los condenados a pena de muerte, independientemente del municipio de su naturaleza, fueron ejecutados en el cementerio de San Eufrasio de la capital. A ello hay que sumar la ausencia del requisito legal preceptivo de confirmación o conmutación por el Jefe de Estado para que la ejecución de la sentencia a la última pena pueda llevarse a efecto." ("La Guerra no acabó en el 39. Lucha guerrillera y resistencia republicana en la provincia de Jaén -1939-1952"; la letra negrita es mía).

Los ejecutados aquel día de 1942 fueron:

Pedro Rico Blanca

Francisco Cañada de la Cruz
 
Pedro Jaén Arquillos
 
Manuel Lozano Martos
 
Juan Pérez Aguilera
 
Juan José Gómez Hornos.

Seis en 1650 y seis en 1942. Y en los dos casos nos encontramos a un Pedro Rico. Si esta historia la hubiera conocido Jorge Luis Borges, ya digo, hubiera salido una de sus mágicas narraciones.

Los seis de 1942 yacen aún en el patio primero del cementerio de Torredonjimeno, en la fosa común con el Código 2308701 del Mapa de Fosas de las Víctimas de la Guerra Civil y la Posguerra de Andalucía, elaborado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Al margen del caso de las coincidencias nominales, es justo reivindicar la memoria de todos los caídos y más todavía cuando no derramaron sangre de nadie y la suya fue derramada, truncándoles la vida a ellos y a sus familias. En aquella conferencia que pronuncié sobre el asunto para un auditorio local reclamé -y ahora nuevamente lo hago- que sería un acierto que nuestra Plaza Mayor tuviera una lápida en memoria de los seis de 1650 y de los seis de 1942.

Perdonar, corresponde a las víctimas, es un derecho inalienable de ellas. Pero una comunidad no puede permitirse el lujo de olvidar a sus vecinos, caídos por el aparato represor de los poderes.


No quiero terminar sin agradecer a José Rico Teba, nieto de Pedro Rico Blanca, y a Antonio Rama Cámara, colaborador de ÓRDAGO, sus aportaciones escritas y gráficas.

Feliz Año 2017 a todos.
 

viernes, 16 de diciembre de 2016

SOBRE LOS VILLALTA DE TORREDONJIMENO: CUESTIONES PENDIENTES

Efigie de Gonzalo Fernández de Villalta, Caballerizo Mayor del Emperador Carlos I de España y V de Alemania, en la Iglesia Parroquial Mayor de San Pedro Apóstol
 
 
Manuel Fernández Espinosa

 
DIEGO DE VILLALTA Y LA FUNDACIÓN MÍTICA DE LA HEGEMONÍA MARTEÑA
 
 
Aunque de un tiempo a esta parte el gran vacío de información que había sobre los Villalta en nuestra comarca ha sido paliado por excelentes trabajos (como son las páginas a los Villalta dedicadas por el investigador marteño D. Manuel López Molina, el genealogista D. Andrés Nicás o las que nosotros mismos hemos publicado en ÓRDAGO), lo cierto es que de nuestros Villalta todavía nos queda mucho que conocer.
 
En el plano cultural, la figura más prominente que dieron nuestros Villalta fue el humanista Diego de Villalta. Manuel López Molina estableció (sobre las bases de testimonios prestados por el mismo Diego de Villalta) que éste pudo nacer en los meses del año 1524 a 1525 aproximadamente y el mismo López Molina conjetura que sus años de infancia los pasó Diego de Villalta en Torredonjimeno. El reputado historiador marteño apunta que, tras su niñez, Diego saldría del Reino de Jaén, pudiéndosele localizar en Granada, Sevilla, Toledo, Madrid, El Escorial y creemos que no sería descabellado pensar que también pasara por Salamanca y Alcalá de Henares.
 
López Molina dice de Villalta que: "Pasados estos años [se refiere a su infancia], detectamos por primera vez su presencia en la Villa de Martos en el año 1550 y desde ese año hasta el final de su vida, en 1615, Diego de Villalta estuvo muy relacionado y metido en los asuntos más importantes que se desarrollaron en Martos, en donde residió en unas casas-principales en la calle de Gracia, cerca de la fuente la Villa, próximas a la parroquia de Santa Ana y San Amador". Creemos que es demasiado suponer que permaneciera, desde 1550 hasta el fin de sus días en Martos, sin moverse. Y prueba de ello las trae Andrés Nicás Moreno que resume la información que el mismo Diego de Villalta realizó el 29 de noviembre de 1599 en la villa de Torredonjimeno: en ese testimonio, Diego de Villalta refiere que se halló con su hermano D. Juan en la Batalla de Orán, bajo el mando del Conde de Alcaudete (suponemos que sería la del año 1563), contándonos que su hermano D. Juan cayó muerto allí y que él mismo fue capturado por los turcos, sufriendo cautiverio en Argel hasta que satisfizo su rescate, haciendo un desembolso de más de 600 ducados.
 
Según Juan Higueras Maldonado, nuestro Diego de Villata tuvo como maestro al cordobés Ambrosio de Morales (1513-1591) y en opinión de Higueras Maldonado, fueron las letras las que le ganaron y la carrera de las armas parece que no le atrajo. Estuvo al frente de cargos políticos de relevancia en la villa de Martos, pero en opinión de López Molina su carrera política resultó severamente perjudicada por el memorial de quejas que, en el año 1554, los vecinos de la villa de Martos presentaron a Carlos I, a través de Antonio Gutiérrez, a la sazón Síndico Personero: en dicho memorial iban las quejas de la vecindad por abusos y agravios cometidos por los regidores perpetuos marteños desde el año 1546 hasta el de 54 y, aunque Villalta no fuese denunciado por cometer estos desafueros, los cargos que ocupaba lo hacían cómplice por omisión y puede suponerse que este memorial supuso el truncamiento de su carrera política.
 
Entre los años 1579 y 1582, Diego de Villalta escribe su "Historia y Antigüedades de la Peña de Martos". Este libro echa los cimientos de la fundación mítica de Martos, recurriendo -como era sólito en la época- a la mitografía grecorromana; aunque Villalta atiende a los descubrimientos arqueológicos de su época y exhibe un gran conocimiento de los clásicos, la antigua Tucci es vista como la ciudad de Hércules Líbico y también como la ciudad de Marte (los orígenes de Martos se sitúan así en una edad idealizada que le otorgan a la ciudad el prestigio que demandaba la mentalidad cultural de las elites de la época), pero no es el primero ni el único marteño que hace esto: recordemos que las páginas que Francisco Delicado dedica a Martos en su "Retrato de la Loçana andaluza..." (Venecia, 1528) ya mitologizaban sobre las visitas del dios Marte a la ciudad de la Peña. Delicado y Villalta fundan con sus relatos mitologizantes respectivos una ciudad de Martos que, con esos orígenes que le atribuyen, ejercerá sobre toda la comarca su preeminencia indiscutible. Y si Delicado se muestra en su "Lozana Andaluza" más fraternal para con Torredonjimeno, Villalta (aunque nacido aquí y tal vez por eso mismo) muestra a lo largo de su libro una cierta actitud desdeñosa por su villa natal. Así las cosas, habría que esperar a los humanistas tosirianos del siglo XVIII (el franciscano fray Juan Lendínez y el fraile mínimo fray Alejandro del Barco) para que Torredonjimeno, Jamilena, Higuera y Santiago de Calatrava, así como otras localidades de la comarca (Porcuna, Arjonilla, Arjona, etcétera) empiecen a tener una cierta voz en la comarca, refiriéndose los títulos de nobleza que pudieran esgrimirse para no ser ninguneados del todo por Martos.
 
Se sabe que, además de "Historia y Antigüedades de la Peña de Martos", Villalta escribió "Vida de D. Pedro Girón, Maestre de Calatrava" y el "Tratado de las estatuas antiguas".
 
López Molina fecha la muerte de Diego de Villalta en 1615, por un documento en que el colector de la Iglesia Parroquial de Santa Marta de Martos requiere a uno de sus hijos, a Gerónimo de Villalta, que éste pague los gastos de su entierro. Por ello se deduce que la familia, aunque de antigua prosapia, tenía que estar pasando estrecheces económicas.
 
 
OTRAS INCÓGNITAS TODAVÍA POR RESOLVER ACERCA DE LOS VILLALTA
 
 
Además de las muchas lagunas que la biografía de Diego de Villalta presenta, decíamos al principio que, por mucho que sepamos de los Villalta, todavía quedan muchas líneas de investigación que están por desarrollar. En la confianza de que los investigadores jóvenes den de sí a estas, voy a presentar algunas de ellas.
 
LOS VILLALTAS EN GUERRAS DE BANDERÍAS:

El origen de los Villalta hay que remontarlo a su cuna en Aragón, como así nos lo previene el P. Barco; parece que la primera localidad giennense en que se asentaron estos aragoneses fue Iznatoraf, pasando de ella a Torredonjimeno y Martos y, más tarde, a Córdoba. El P. Barco dice sobre los Villalta andaluces que: "La calidad, y el valor de los famosos Villalta no se olvidará jamás en nuestras Andalucías, donde siempre existirá, para perpetua memoria, la Cañada que conserva el nombre de la matanza, por la que hicieron en ella los valerosos Villalta, de los Ibañez sus competidores". Podemos suponer que tuvo que ser alguna guerra de banderías, entablada por los Ibañez y los Villalta, pero aunque existe un topónimo en el mismo término de Torredonjimeno llamado así: "La Cañada de la Matanza", no estamos seguros de que sea el escenario de esa masacre que perpetraron los Villalta sobre los Ibañez, ni la fecha en que tuvo lugar este choque de clanes.
 


LA CABEZA DE ÁGUILA EN EL ESCUDO
 
Cuando la famosa Casa de la Torre, residencia multisecular de los Villalta, se vendió en la década de los 70 del siglo pasado y se procedió a la demolición del magnífico palacio (una de nuestras pérdidas más imperdonables), el buen alcalde D. Eugenio Martos tuvo la iniciativa de poner a buen recaudo la portada y balcón principales de esta casa palacio, trasladándolos a la parroquial de la Inmaculada Concepción de Santa María de Torredonjimeno que los acogió como elementos arquitectónicos y testimoniales de una magnificencia liquidada. El escudo que sobre esa puerta, trasplantada al muro parroquial, podemos ver, desde la acera de la placeta de Santa María, está mutilado; apenas es perceptible la amputación que sufrió en circunstancias que podemos imaginar. Cuando se trasladó el escudo todavía con el águila se estaba empezando la transición democrática y el águila de San Juan en el escudo nacional ya empezaba a ser políticamente incorrecta. Es muy probable que alguno destruyera la cabeza del águila del escudo de los Villalta, pensando -eso de pensar es un decir en estos casos- que se trataba del águila dirían que "franquista". Como puede comprobarse en fotografías de la portada en su ubicación original, el escudo tenía la cabeza de un águila. La respuesta se encuentra al menos esbozada en la "Cuadra Dorada" de la Casa de los Tiros de Granada.


CRISTÓBAL DE VILLALTA, HÉROE REPRESENTADO EN LA CUADRA DORADA

 
Allí, en la Casa de los Tiros granadina, hallamos la artística estancia llamada la "Cuadra Dorada" (también se la denomina "Cuadra de Oro"). Esta sala noble está exornada por pinturas murales y por un artesonado en el que se representan figuras y textos. Entre estas figuras encontramos una que, junto con su texto, es particularmente interesante para nuestras pesquisas. Entre reyes y héroes famosos de España, hallamos a "Cristóbal de Villata, español, entre otras muchas hazañas que hizo, doró el águila haciendo las hazañas que se requieren". ¿Quién era este Cristóbal de Villalta? ¿Cuáles fueron "las hazañas que se requieren"? Lo que no cabe la menor duda es que los Villalta de Torredonjimeno se sentían herederos de este Cristóbal de Villalta, dado que el escudo que labraron para su morada tosiriana llevó ese elemento heráldico del "águila" (hoy desaparecida, suponemos que por la incultura de alguno que confundió la cabeza aquilina del escudo de los Villalta con el águila de San Juan del escudo de España (que es de los Reyes Católicos y no, como creen los ignorantes, de Francisco Franco.)
 

 
LAS EFIGIES DE SAN PEDRO APÓSTOL


La factura de las efigies que podemos contemplar en el alfarje de la Cuadra Dorada granadina presentan una similitud muy pronunciada con los relieves que encontramos en el actual Baptisterio de la Iglesia Parroquial Mayor de San Pedro Apóstol de Torredonjimeno y de los que mi amigo Luis Gómez López habló por vez primera en su artículo "Nuestra sede canónica (II) Los bajorrelieves de la Capilla del Cristo del Amor y Nuestra Señora de las Angustias" (publicado en la revista ENCUENTRO, nº XV, de la Hermandad y Cofradía de Hermanos Nazarenos de Jesús Preso y de Nuestra Señora del Rosario") y cuyas imágenes aquí reproducimos.
 
Creo que ha quedado suficientemente demostrado que, aunque han sido muchos y excelentes los trabajos que sobre los Villalta han visto la luz en las dos últimas décadas, todavía hay mucho que sacar a la luz, para interpretar y comprender, para mejor conocer nuestro pasado que, al igual que nuestro futuro, todavía está inédito. 
 
Efigie de antepasado mitificado, pendiente de ser idenficado
 


BIBLIOGRAFÍA:
 
 
López Molina, Manuel: "Aproximación histórica al humanista marteño Diego de Villalta", Boletín de Estudios Giennenses, nº 153 (Jaén, 1994)
 
 
Nicás Moreno, Andrés: "Heráldica y genealogía en el Reino de Jaén", Diputación Provincial de Jaén - Instituto de Estudios Giennenses, Jaén, 1997
 
 
Higueras Maldonado, Juan: "Humanistas giennenses (s. XIV-XVIII), Universidad de Jaén, Jaén, 1999
 
García Luján, José Antonio: "La Casa de los Tiro de Granada", Granada, 2006
 
 
Villata, Diego de: "Historia y Antigüedades de la Peña de Martos"
 
 
Delicado, Francisco: "Retrato de la Loçana Andaluza..."
 
 
Barco, Alejandro del: "Las colonias gemelas reintegradas..."
 
 
REVISTA ÓRDAGO: en especial, el artículo de Luis Gómez López y Manuel Fernández Espinosa, "Nobleza tosiriano: el legado de la familia Villalta", nº 3, Torredonjimeno, 1999