sábado, 12 de marzo de 2016

ARCANOS Y SIMBOLOGÍA EN LA ARQUITECTURA RELIGOSA TRADICIONAL

Artículo editado por primera vez en el boletín de la Cofradía del "Preso" de Torredonjimeno "Encuentro" en 2014 

 "Cuarto de Esfera de la bóveda de San Pedro de Torredonjimeno"


Algunos aspectos en los templos tosirianos
Luis Gómez López

No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen y se vuelvan y os despedacen”. (Mateo 7:6)

Todos hemos entrado alguna vez en una iglesia. La inmensa mayoría hemos escuchado alguna vez Misa en su interior, o hemos participado de alguna ceremonia religiosa (bodas, bautizos, sepelios, etc), pero ¿Cuántos de nosotros saben el porqué de las cosas? ¿Sabemos acaso porqué en los templos, la arquitectura que lo forma es así y no de otra manera? ¿Acaso las ceremonias que allí se celebran son sólo eso, ceremonias con rituales antiguos cuyo significado se ha olvidado con el paso de los siglos y que los sacerdotes repiten una y otra vez? ¿Porqué las columnas de los templos varían de unos a otros? ¿Es por estética? ¿Una mera cuestión de modas?
Hay muchas preguntas de este tipo, que si nos dedicásemos a formular, lo más seguro es que no encontrasen respuesta por parte de la mayoría de la población. Sólo, algunos licenciados en Historia del Arte, o en Arquitectura, podrán comprender algunos aspectos de la edificación, más no todos, pues a ellos no les interesa el verdadero significado religioso del templo. Sólo lo estético les puede llamar la atención. 
Empecemos por lo básico. Cuando uno accede a un templo o a una iglesia, lo primero que le llama la atención es la majestuosidad del edificio. Por lo general, suelen ser los edificios más grandes y altos en relación con las edificaciones de su época. Ninguna casa era más alta que la iglesia, y sólo las edificaciones de carácter militar (castillos o fortalezas) podían equiparse a las iglesias.

Las proporciones de esos edificios no están dadas al azar. No son un capricho del arquitecto, sino que obedecen a una antigua y metódica tradición.

 "Busto atribuido a Vitrubio"

El personaje que más se dedicó a este tipo de estudios en la antigüedad fue el arquitecto Marco Vitrubio Polion, quien escribió un tratado de diez libros de arquitectura dedicados al emperador Augusto, en el año 15 a J.C. Más tarde, dicho autor sería muy estudiado en el Renacimiento por otros artistas y humanistas de la época, que volvieron a poner sus estudios en práctica. Un dibujo muy conocido es el famoso grabado que realizara Leonardo da Vinci sobre el “Hombre de Vitrubio”, en el cual aparece una figura humana con los píes y las manos extendidas, inscritos en un cuadrado y rodeada de un círculo. Se trata de un estudio las proporciones humanas realizado por Leonardo basado en los textos de arquitectura de Vitrubio.
Vitrubio dice así sobre las proporciones de los templos: “La disposición de los templos depende de la simetría, cuyas normas deben observar escrupulosamente los arquitectos. La simetría tiene su origen en la proporción, que en griego se denomina analogía. La proporción se define como la conveniencia de medidas a partir de un modulo constante y calculado y la correspondencia de los miembros o partes de una obra y de toda la obra en su conjunto. Es imposible que un templo posea una correcta disposición si carece de simetría y de proporción, como sucede con los miembros o partes del cuerpo de un hombre bien formado”. A continuación pasa a definir cuáles son las unidades de medidas y su proporción. El pie, el codo, el dedo, o el número diez, y como a partir de esas medidas proporcionales, se han de construir las edificaciones para que sean armónicas y simétricas.

El sabio de la antigüedad compiló ese conocimiento de otros sabios más antiguos, más todo ello se hizo antes del advenimiento de nuestro Señor Jesucristo. Es por ello, que casi toda su obra se refiere a la construcción de templos para dioses paganos. Por eso, en un principio, la Casa de Dios o el lugar de oración de los primeros cristianos no se denominó “templo”, sino “iglesia”, que en griego quiere decir: “lugar de reunión” No obstante, esa circunstancia fue cambiando con el paso de los años. Por otra parte, las proporciones de los templos cristianos serán esas mismas pero con algunas variaciones muy significativas en cuanto a su simbolismo.


 "Portada del libro de Fulcanelli"

Como hemos dicho, las iglesias son la casa donde mora El Señor. Por lo tanto el templo ha de convertirse en una obra que sobrecoja a los hombres, que sea sublime, que represente la idea de lo celestial a los mortales y de ahí su magnificencia y su grandiosidad. Pero al mismo tiempo, hemos de tener en cuenta que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, por lo que las medidas del templo han de ser medidas humanas. Vitrubio entendía por medidas proporcionales o análogas las del propio ser humano, y por eso explicaba que “el cuerpo humano lo formó la naturaleza de tal manera que el rostro, desde la barbilla hasta la parte más alta de la frente, donde están las raíces del pelo, mida una decima parte de su altura total. La palma de la mano, desde la muñeca hasta el extremo del dedo medio, mide exactamente lo mismo; la cabeza, desde la barbilla hasta su coronilla, mide una octava parte de todo el cuerpo; una sexta parte mide desde el esternón hasta las raíces del pelo y desde la parte media del pecho hasta la coronilla, una cuarta parte” y así sucesivamente. Esas medidas son multiplicadas proporcionalmente a la hora de construir un edificio que albergue al Señor, de manera que el resultado sea un edificio esbelto, elegante, proporcional, simétrico, perfecto. Es por ello que, cuando los humanos contemplamos estos edificios, sentimos como si nuestra alma se estremeciera. No hace falta ser católico para entender esto. El lenguaje del edificio y nuestra alma, se compenetran perfectamente sintiéndose en armonía el uno con el otro y es por ello que a veces notamos como si algo en nuestro interior vibra cuando accedemos o visitamos estas edificaciones. Es un lenguaje especial, íntimo, pero que todos entendemos, independientemente del idioma en el que nos expresemos.
El templo católico, o mejor dicho, la Iglesia,  ha de estar siempre orientado hacia el Este. Ello es así ya que el Altar Mayor de la iglesia ha de mirar al sepulcro del Jesucristo. Esta es una constante en todos los edificios religiosos antiguos. Fulcanelli[i] indica sobre el particular que: “Todas las iglesias tiene el ábside orientado hacia el sudeste; la fachada, hacia el noroeste, y el crucero, que forma los brazos de la cruz, de nordeste a sudeste. Es una orientación invariable, establecida a fin de que fieles y profanos, al entrar en el templo por Occidente y dirigirse en derechura al santuario, miren hacia donde sale el sol, hacia Oriente, hacia Palestina, cuna del cristianismo. Salen de las tinieblas y se encaminan a la luz”. Como se puede apreciar, los antiguos no dejaban nada al azar. La disposición de nuestros templos e iglesias  más antiguas obedecen a ese secreto tan antiguo.  En Torredonjimeno podemos observar esa disposición en las iglesias de San Pedro, Santa María, la ermita de San Cosme y San Damián, el templo de Nuestra Señora de la Piedad de las MMDD y en el de San José de la Montaña, siendo la excepción la ermita de Nuestra Señora de Consolación, cuyo Altar Mayor está justamente orientado al revés que los otros. Ello es debido a que el templo primigenio se correspondía con lo que en la actualidad es la sacristía, quedando el Altar Mayor en el espacio que ocupa la trasera de la hornacina que alberga la talla de la patrona tosiriana, y flanqueado por las pinturas policromadas de la Visitación de la Virgen a un lado y la de los Santos de la Orden de Calatrava al otro. La nave actual, es un añadido posterior que vino a agrandar el espacio para acoger a los fieles. Los fieles deben admirar el oriente, donde nació Jesús y donde fue crucificado. Él es la luz del Mundo, y a Él deben de mirar los fieles cuando el sacerdote oficia la Misa.


 "Magnífica foto del interior del Templo de San Pedro de Torredonjimeno. Foto de Francisco Miguel Merino Laguna. www.redjaen.es"

En nuestra iglesia de San Pedro de Torredonjimeno, observamos que por la puerta principal hay un pequeño espacio cerrado por una verja y un muro, que actúa a modo de patio. Estamos ante lo que sería el “atrio de la iglesia”. Según el “Diccionario de Términos de Arte” Atrio es “el recinto cerrado, y generalmente porticado, que precede a la entrada de un edificio” más no siempre es así. La palabra atrio proviene del latín “atrium”. Y sí, dije latín, pues últimamente los políticos andaluces hacen provenir todo nuestro saber del árabe, olvidándose de que es al revés, que todo lo que sabemos proviene de Roma o de la época bizantina, de la visigoda o del esplendor de la Edad Media. No todo es árabe o musulmán por mucho que les pese a nuestros indoctos políticos.

"Vista del atrio de San Pedro desde la verja de entrada. Foto Miguel Merino Laguna. www.redjaen.es"

 En la antigua Roma, el atrio era un elemento arquitectónico imprescindible de toda casa el cual consistía en un patio central, al que confluían todas las habitaciones o estancias de la misma, más en la arquitectura religiosa posterior, ese espacio fue tomando otras formas más útiles y más concretas. En las iglesias de planta basilical (San Pedro de Torredonjimeno corresponde a este tipo de planta basilical del que hablamos, consistente en una nave central rectangular y dos laterales a ambos lados, un poco más pequeñas y separadas de la principal por columnas), el atrio solía estar ubicado frente al pórtico del templo. Esa plaza o atrio, es el espacio común en el que pueden estar fieles y neófitos. Es terreno sagrado, más allí pueden estar todos en armonía, en comunidad, pero sólo a los fieles y a los bautizados les está permitido penetrar en el templo. El atrio es por lo tanto el espacio en el que los penitentes y los catecúmenos deben compartir antes de ser purificados y acceder a participar de los Sagrados Misterios.
Era frecuente que en el atrio se ubicase una pila o una arqueta, que en los tiempos más antiguos servía de pila bautismal. Éstas eran de grandes dimensiones, de manera que el catecúmeno descendía por una escalera practicada en un extremo, se sumergía de cuerpo entero, para luego ascender otra vez al exterior, salvo ya del Pecado Original. Más con el paso de los años esa pila fue ubicada en el interior de los templos, de tal forma, que al entrar en una iglesia antigua, los fieles podemos observar que a la derecha está colocada la pila bautismal. Ese espacio es denominado por la tradición cristiana como el “baptisterio” y lo más usual es encontrarlas esculpidas en piedra, de forma redonda casi siempre y sostenida por una columna de piedra u otro material más noble como el mármol o el alabastro y en muchos casos profusamente decoradas. Pero ¿por qué las pilas bautismales se ubican al principio o en el exterior del templo? La razón es sencilla. El templo es un lugar que guarda sus conocimientos y sus misterios a los iniciados en la religión. Los que no la practican no deben profanar el templo y no pueden pasar a él. El recién nacido, el neófito, no puede acceder a la “luz” y asimilar la “sabiduría” hasta que no se haya borrado de él el Pecado Original. El bautismo elimina ese error del Maligno, y permite al hombre acceder a la Casa del Señor. En la iglesia de San Pedro Apóstol de Torredonjimeno tenemos que el baptisterio estaba ubicado donde en la actualidad se encuentra la capilla de la Virgen del Carmen, aunque a día de hoy, éste se haya ya a los píes del Cristo de la Fe y del Amor.
Todos los elementos constructivos de nuestras iglesias católicas tienen un porqué y una explicación; no suelen estar ahí de forma gratuita o meramente decorativa. Al entrar en la majestuosa nave de San Pedro Apóstol de Torredonjimeno, lo primero que llama la atención el visitante es la robustez y esbeltez de sus columnas y la altura de su techumbre. Esas imponentes moles de piedra se elevan hacia el artesonado mozárabe y dividen el templo en tres naves como hemos dicho más arriba, una central y dos laterales más pequeñas. La nave central nos conduce directo al Sagrario, mientras que las otras, la del Evangelio y la de la Epístola, cumplen a su vez con su función específica dentro de lo que es la “catequesis arquitectónica” que constituye el propio edificio.
Alfredo Ureña dice sobre esas columnas petrinas: “El orden dórico toscano, por su parte, se adapta a lo establecido por Serlio sobre la utilización del dórico en templos consagrados a mártires, como contraposición cristiana de su dedicación a dioses robustos como Júpiter, Marte y Hércules”. En efecto, este estilo lo podemos observar en la iglesia de San Pedro o en la de Santa Marta, -éste último templo en la vecina Martos- ya que ambos templos están dedicadas a santos titulares muertos en martirio. Además comparten “la planta tripartita, dividida en tres tramos por ocho grandes columnas toscanas (orden que a decir de los exégetas de Vitrubio era el más apropiado para titulares como Santa Marta o San Pedro muertos en martirio), unidas entre sí por arcos de medio punto presenta cubierta de madera” Los dos edificaciones fueron obra de los hermanos Castillo, que fue una de las grandes familias de arquitectos que hubo en la provincia de Jaén en el s. XVI.       

Bibliografía:
1.      VITRUVIO POLION, MARCO L. “Los Diez Libros de Arquitectura
2.      FULCANELLI, “El Misterio de las Catedrales” Nemira, 2009
3.      FATÁS, G. y BORRÁS, G. “Diccionario de Términos de Arte y elementos de Arqueología, heráldica y Numismática” Alianza Editorial, 2004
4.      UREÑA UCEDA, A. “Patrimonio Arquitectónico en Torredonjimeno”, I.E.G. 2008
5.      MORENO MEDOZA, A. “Los Castillo. Un siglo de arquitectura en el Renacimiento Andaluz” Universidad de Granada, 1989

Nota: 
[1] Fulcanelli es el seudónimo utilizado por un oscuro autor, muy posiblemente nacido a finales del siglo XIX, quien dejó escrito varias obras sobre alquimia y la arquitectura gótica de las catedrales, entre ellas “El Misterio de las catedrales y la interpretación esotérica de los símbolos herméticos” publicada en 1929 y “Las moradas filosofales y el simbolismo hermético en sus relaciones con el arte sagrado y el esoterismo de la gran obra” publicada al año siguiente, ambas bajo el mismo seudónimo de Fulcanelli. 

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