sábado, 19 de marzo de 2016

EL SÍMBOLO DEL VELO EN LOS TEMPLOS CATÓLICOS

Luis Gómez López


"Isis Alada"

            Las referencias al uso del velo en las religiones de la antigüedad son muy abundantes. Era muy normal que los dioses recibiesen culto en los templos o lugares sagrados, y estos estuviesen alejados de la vista de los mortales siendo sólo accesibles para los sacerdotes en cámaras especiales en el interior del edificio, eran los llamados santa sanctórum. En ocasiones especiales, los fieles podían ver al ídolo o dios pagano representado por una estatua, que con frecuencia aparecía cubierto por velos, para evitar así que los mortales mirasen directamente a la cara del dios, pues éste podría fácilmente fulminarlos con una mirada[i].

            Este tipo de prácticas fueron muy extendidas, y su significado radicaba en hacer entender a los fieles el poder de la divinidad, al mismo tiempo que se hacía imprescindible el poder de los sacerdotes o sirvientes del dios como mensajeros e intermediarios entre las peticiones terrenales de los hombres y la voluntad divina.  Las ofrendas llevadas al efecto servían para conseguir ese favor y ser atendido en la súplica. Ello obligaba a que los templos tuviesen una especial regulación y disposición dentro de las ciudades o santuarios, y que sus edificios mostrasen unas particularidades arquitectónicas que han sido respetadas durante siglos por los arquitectos o constructores. El velo, pues, oculta el conocimiento supremo a los infieles. Sólo los iniciados en los sagrados misterios son capaces de acceder a ese saber.

            Egipto fue uno de los centros principales de irradiación de esas tendencias, y el culto a Isis una de sus principales fuentes.
            Según la mitología egipcia, la diosa Isis tenía por nombre en egipcio Ast y se la representaba llevando un trono (ast) sobre su cabeza y, originalmente, fue la representación del trono para los egipcios.
            Isis era la Reina de los dioses o la gran diosa madre, que había recuperado y embalsamado del cuerpo de Osiris. Era además la protectora de otro dios egipcio Horus el Niño. Se la consideraba como especial protectora de la maternidad y del nacimiento y socorredora de las madres y de los niños y la familia en general.

            Dentro de la literatura egipcia, encontramos que Isis fue también llamada como “La Gran Maga” por haber recompuesto el cadáver de Osiris y procreado con él y por haber creado mediante magia la primera cobra y usado su veneno para obligar a Ra a revelarle su nombre secreto; el conocimiento de este nombre le daba poder sobre Ra; en ello se vio la iniciación a un culto secreto, descrito por Apuleyo en “El asno dorado”; por el poder adquirido podrá curar también las enfermedades de los dioses[ii].


 "Apuleyo escribió la obra El Asno de Oro"

Con el romanticismo del siglo XVIII y el resurgir de la egiptología del XIX, el culto a Isis se hizo famoso, creándose sociedades secretas (masónicas) y esotéricas que se hacían conocedoras de grandes secretos mágicos y poseedoras de poderes especiales provenientes de ese periodo[iii]. El velo, como elemento que oculta el conocimiento e impide ver la verdad y acceder al secreto, es por lo tanto, algo primordial e importante en este tipo de religiones y de sociedades secretas.

            Por su parte el humanista y político francés Charles François Dupuis, en los albores del siglo XIX trató de explicar la existencia de Dios mediante la mitología comparada, tratando de establecer paralelismos entre el Sol y Jesús. En su libro “Compendio del origen de todos los cultos” dice e lo que concierne al velo: “Y eso significa la sublime inscripción del templo de Sais[iv] -Yo soy todo cuanto fue, todo cuanto es y todo cuanto será y ningún mortal ha descorrido el velo que me encubre” Dicha frase fue el refugio de infinidad de personajes para concluir que en el culto antiguo de dicha diosa, existía un arcano o conocimiento oculto y que en el velo de esa diosa, y tal y como diría Javier Hernández-Pacheco en su trabajo sobre el Velo de Isis, se encuentra “La subjetividad de la diosa que guarda en si la clave interpretativa del mundo. Con esa clave seremos capaces de interpretar el lenguaje de su velo, y leyendo lo que significa podremos ver lo que oculta. Ahí está la verdad de todas las cosas, el significado de la Naturaleza”.

            El velo, por lo tanto, siempre ha estado relacionado con el conocimiento. El velo es lo que impide al mortal acceder a la verdad de todas las cosas. Es un aspecto iniciático imprescindible en muchas religiones, y el cristianismo no podía ser menos.



"El Velo del Templo se desgarra"

El velo en el Antiguo Testamento.

            En la Biblia, Moisés le dice a Jehová: “El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria. Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro”.

            En este pasaje Dios le revela a Moisés el verdadero poder de su Majestad advirtiéndole que si algún mortal ve el Rostro de Dios, morirá, y es por ello que no puede mirarse directamente a la cara de Dios. Sólo la presencia de Dios Todopoderoso es suficiente para que uno quede impregnado de su Majestad. El propio Moisés hubo de colocarse un velo sobre el rostro para evitar que sus congéneres tuviesen miedo, pues su piel resplandecía y era luminosa, pues había estado cerca de la Gloria Divina

Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios. Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él.  Entonces Moisés los llamó; y Aarón y todos los príncipes de la congregación volvieron a él, y Moisés les habló. Después se acercaron todos los hijos de Israel, a los cuales mandó todo lo que Jehová le había dicho en el monte Sinaí. Y cuando acabó Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro. Cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía; y saliendo, decía a los hijos de Israel lo que le era mandado. Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios” 


"Moisés presenta las Tablas de la Ley y despide Rayos de su cabeza por haber estado en presencia de Dios Padre"

Pero las referencias en el Antiguo Testamento sobre el velo no se quedan ahí. Quizás el pasaje del  “velo” más conocido sea el velo que se ubicaba en el Templo de Jerusalén y que separaba la parte de los fieles de la zona donde se guardaba el Arca de la Alianza.

            Según Flavio Josefo, un historiador judío del primer siglo dice sobre este particular: “Tenía más de una cortina de la misma largura, es a saber, el velo que llamaban de Babilonia, variado y tejido de colores; es a saber, cárdeno y como leonado, de grana y de carmesí muy excelente, hecho y labrado con obra maravillosa, y que había mucho que ver en la mezcla de los colores, porque parecía allí una imagen y semejanza de todo el universo: con la grana parecía que se representaba el fuego, con el leonado la tierra, con el cárdeno el aire, y con el color carmesí se representaba el mar, parte de esto por los colores ser tales; pero el carmesí y el como leonado, porque la tierra lo produce y nace de ella, de la mar el carmesí. Estaba pintado allí todo el orden y movimiento de los cielos, excepto los signos”.

            Un poco más abajo, nos sigue diciendo el mismo autor: “La parte del templo más adentro era de veinte codos; apartábase de la de fuera con otro semejante velo, y en ésta no había algo: ninguno la podía ver ni llegar a ella, porque era muy inviolada, y ésta era la que llamaban Santa Sanctorum: por los lados del templo más bajos había muchos repartimientos y galerías hechas a tres, y a cada lado había entrada para recogerse en ellas: la parte del templo superior no tenía los mismos apartamientos, por donde era más estrecha, y de cuarenta codos más alta, y no tan ancha ni de tanto cerco como la inferior”.

            Flavio Josefo utilizaba la medida del codo para medir la longitud de dicho velo, pero a día de hoy no hay seguridad respecto a cuánto equivalía exactamente un codo a nuestras medidas de metros y centímetros, pero es válido asumir que este velo tenía cerca de 18 metros de altura. Josefo también nos dice que el velo tenía 10 centímetros de espesor, y que aún a dos caballos atados a cada uno de sus extremos, les era imposible rasgarlo.

            El significado del velo en el Antiguo Testamento está claro. El velo oculta a los fieles la divinidad. En la entrada del Templo se celebraban las ofrendas según la tradición judía, pero en el interior se guardaba la “presencia de Dios” ya que Dios y los hombres estaban separados por culpa del pecado y sólo los sacerdotes tenían la capacidad de penetrar en el espacio sagrado para hacer expiación de los pecados en nombre de todo el pueblo de Israel. Según la tradición Judía y del Antiguo Testamento, Dios no se ha “desvelado” todavía a los hombres.

            Pero todo eso cambiará con la llegada de Jesús de Nazaret.

El velo en el Nuevo Testamento     
  
            Al expiar en la Sata Cruz por la salvación de los hombres la Biblia nos dice por boca del evangelista: “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo…” Pero entonces ¿Qué significado simbólico tiene la rotura del velo para los cristianos en el Nuevo Testamento?

            Según los especialistas, el velo representa a Dios Mismo. Hasta la muerte de Jesús en la Cruz el sumo sacerdote tenía que entrar en el Lugar Santísimo a través del velo. Ahora Cristo es nuestro mayor y supremo Sumo Sacerdote y nosotros podemos entrar ahora en el Lugar Santísimo por Él. Según se dice en Hebreos 10:19-20 los fieles entran confiadamente al santuario “… teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne.” 


 "Fotografía antigua en la que se aprecia el antiguo retablo de la Iglesia de Santa María de la Inmaculada Concepción de Torredonjimeno, destruido por los rojos en la Guerra Civil"

            Por culpa de nuestros pecados Jesús ha sido azotado por los romanos. Su cuerpo ha sido lacerado por las caídas, los golpes, la tortura de los clavos que horadan sus pies y manos y finalmente ha sido atravesado por la Lanza de Longinus abriendo una profunda herida en su costado y desgarrando así su carne y al mismo tiempo “la tierra tembló y el velo del Templo se rasgó”. El sentido es claro. La carne de Jesús ha sido rasgada por nosotros así como Él rasgó el velo por nosotros. Ahora el Templo, la Salvación, está totalmente abierta a todos los hombres, tanto a los judíos como a los gentiles.


"Fotografías desde el coro superior del Convento de MMDD de Nuestra Señora de la Piedad de Torredonjimeno. Al fondo el retablo mayor barroco. En el fresco de la pared, en trampantojo, el velo que es descorrido por angelotes y querubines"


La representación simbólica del velo en la Liturgia de la Iglesia y en los adornos de los templos
            
El retablo de las iglesias es a decir de Jorgelina Araceli ”Una importante contribución española a la historia del arte que además de constituir un decorado escenográfico que respalda el ritual litúrgico de los Santos Oficios es una de las invenciones estéticas más sugestivas, bellas y dúctiles con que ha contado la Iglesia Católica como estrategia para persuadir al fiel”.

            En efecto. Las primeras iglesias no disponían de suntuosos y ricos retablos donde colocar el Santísimo Sacramento. Era tradición, que en los primeros siglos los fieles se llevasen la Forma Consagrada a sus hogares, y éstas estuviesen allí bajo su custodia. Se les proponía que estuviesen en sitio privilegiado del hogar y a ser posible, cubiertas con un velo o lienzo que las preservase de la suciedad. Pero lo normal en la iglesia oriental era que la Forma se guardase en el pastoforio[v] al lado del altar.

            Con el paso del tiempo estas piadosas costumbres se fueron regulando, y para evitar que la Sagrada Hostia se profanase se evitó el que se quedasen en el domicilio particular y fueron ubicadas en las primeras iglesias. El sitio elegido para ello no podía ser otro que un lugar preferente: detrás del Altar.

            Con el tiempo, los “retro tabularum” (o “detrás de la tabla” o “retablos”) se fueron decorando profusamente, sirviendo como catequesis o explicación plástica para los fieles sobre la advocación de la iglesia. En el centro y en la parte más solemne se ubicaba el Sagrario, donde se custodiaban las Formas Consagradas.

            Aún así y todo, en la actualidad, se especifica que “Todo sagrario donde se encuentra el Santísimo debe tener su puerta cubierta con un velo o conopeo. Y eso aunque la puerta esté ricamente trabajada. No se trata de admirar una obra artística, sino de adorar al Dios escondido”.
            La figura del velo en los templos tosirianos.

            A tenor de lo que llevamos dicho, en nuestra localidad podemos ver bellos ejemplos del velo detrás del Retablo. Así, en la parroquia de Santa María, podemos ver como el actual retablo mayor está enmarcado por un velo que, descorrido, permite ver a los fieles el retablo. El dorado de las calles y maderas que lo conforman dan a entender la Gloria de la ciudad de Dios. Allí, en los pedestales, las imágenes de los santos o la Virgen, encuentran un lugar preferente, y los fieles pueden ver por un momento “La Ciudad Celestial”.

            Otro ejemplo lo encontramos en la iglesia de Nuestra Señora de la Piedad de las Madres Dominicas, donde el artista pintó al fresco un bello velo encarnado que arranca desde el arco apuntado y que es abierto por angelotes, los cuales tiran de los pliegues para que los mortales podamos admirar así el interior de la Gloria divina.

            En una de las capillas laterales, en la que se custodia la imagen de Nuestra Señora del Rosario, el efecto es el mismo. Sobre la pared del convento el artista dibuja un velo, y sobre ese trampantojo se coloca el retablo de madera, que enmarca la hornacina de la Virgen y a cuyos píes se encuentra un pequeño Sagrario, el cual está decorado con una bella pintura al óleo sobre tabla del rostro de Jesús, del que podemos decir que posee una factura y trazos de considerable calidad.
            La presencia del velo descorrido en los altares y retablos de nuestras iglesias simbolizan ese supremo sacrificio que hizo Dios Hombre en la figura de Jesús, el cual, muerto por nuestros pecados y por nuestra salvación, sufrió y padeció en el Monte Calvario, desgarrando su cuerpo para permitir que por su Carne, entremos todos en la Gloria de Dios Padre.

            El velo en el Templo era un recordatorio constante de que el pecado mantiene a la humanidad apartada de la presencia de Dios. El hecho de que la ofrenda por el pecado fuera ofrecida en el Templo de Jerusalén anualmente y otros innumerables sacrificios repetidos diariamente, tenían como propósito demostrar gráficamente que el pecado no podía verdadera y permanentemente ser expiado o borrado por meros sacrificios de animales. Jesucristo, a través de Su muerte, quitó las barreras entre Dios y el hombre, y ahora podemos aproximarnos a Él confiadamente (Hebreos 4:14-16).

            El velo abierto que vemos en nuestras iglesias no es pues un mero detalle pictórico. En la tradición cristiana, como queda dicho, representa algo más serio y profundo. Es algo a tener en cuenta a partir de ahora, cada vez que nos arrodillemos frente al Retablo Mayor de una iglesia y lo contemplemos mientras rezamos por nuestros pecados y por nuestra salvación. 

BIBLIOGRAFÍA:
·         APULEYO, “El Asno de oro” Biblioteca Básica Gredos, Madrid, 2001
·         DUPUIS, CH. F., “Compendio del origen de todos los cultos Vol. I” Burdeos, 1820
·         P. SILVERMAN, David. “El Antiguo Egipto” BLUME, Barcelona. 2004
·         JOSEFO, F.  “La Guerra de los Judíos” Biblioteca Básica Gredos, Madrid, 2001
·         FATÁS G. y BORRÁS, G.  “Diccionario de Términos de Arte” Alianza Editorial, Madrid, 2004.
·         La Biblia”. Editada por “La Casa de la Biblia”, Madrid, 1992
·         ARACELI SCIORRA, J.  “Uso y función del retablo. Una aproximación estilística” UNLP, Navarra, 2003.
·         FATÁS G. y BORRÁS, G.  “Diccionario de Términos de Arte” Alianza Editorial, Madrid, 2004.




[i] El pastoforio es la cámara sacerdotal del Templo de Jerusalén, acepción acepción que toma la Biblia de la voz pastóforo, que designa a quien porta la imagen del dios hasta su capilla. FATÁS G. y BORRÁS, G.  “Diccionario de Términos de Arte” Alianza Editorial, Madrid, 2004.
[ii] Un ejemplo de cómo se “velaban” las estatuas o ídolos en el Antiguo Egipto lo podemos en David Silverman, cuando al relatarnos como se realizaban las ofrendas diarias a los dioses nos dice: “Tras el simbólico banquete, la estatua se purifica de nuevo con incienso, ungüentos y perfumes y por último se recubre con una tela de lino blanco”. P. SILVERMAN, David. “El Antiguo Egipto” BLUME, Barcelona. 2004, p. 150
[iii]Los sucesos que se citan ocurren en la obra clásica de Apuleyo “El asno dorado” Libro IX, donde Lucio, el personaje de la citada obra, que había sido convertido en asno, es vuelto a su figura humana gracias a las súplicas que hace a la diosa Isis. El protagonista, todavía convertido en asno, participa en la magna procesión que tiene lugar en honor de la divinidad mientras se va comiendo las rosas que los sumo sacerdotes portan en las manos como ofrenda a Isis. Este motivo hace que Lucio recobre su naturaleza humana y en agradecimiento entre al servicio de la diosa, aprendiendo los sagrados misterios de su culto.
[iv] Quizás la obra más conocida de esta materia sea la de la autora Helena Petrovna Blavatsky “Isis Unvelied” (Isis sin velo) escrito en 1877. “Madame Blavatsky” como se hacía llamar, fue la fundadora de la Sociedad Teosófica, una fraternidad que decía recibir enseñanzas de seres o “maestros ancestrales” y que mezclaba las religiones comparadas, el espiritismo y el ocultismo.
[v] Sais es el nombre griego de una antigua ciudad egipcia ubicada en el Delta del Nilo. La divinidad que adoraba esta población era la diosa Neit o Neith, diosa titular de la guerra y de la caza que posteriormente se asoció a Isis

sábado, 12 de marzo de 2016

ARCANOS Y SIMBOLOGÍA EN LA ARQUITECTURA RELIGOSA TRADICIONAL

Artículo editado por primera vez en el boletín de la Cofradía del "Preso" de Torredonjimeno "Encuentro" en 2014 

 "Cuarto de Esfera de la bóveda de San Pedro de Torredonjimeno"


Algunos aspectos en los templos tosirianos
Luis Gómez López

No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen y se vuelvan y os despedacen”. (Mateo 7:6)

Todos hemos entrado alguna vez en una iglesia. La inmensa mayoría hemos escuchado alguna vez Misa en su interior, o hemos participado de alguna ceremonia religiosa (bodas, bautizos, sepelios, etc), pero ¿Cuántos de nosotros saben el porqué de las cosas? ¿Sabemos acaso porqué en los templos, la arquitectura que lo forma es así y no de otra manera? ¿Acaso las ceremonias que allí se celebran son sólo eso, ceremonias con rituales antiguos cuyo significado se ha olvidado con el paso de los siglos y que los sacerdotes repiten una y otra vez? ¿Porqué las columnas de los templos varían de unos a otros? ¿Es por estética? ¿Una mera cuestión de modas?
Hay muchas preguntas de este tipo, que si nos dedicásemos a formular, lo más seguro es que no encontrasen respuesta por parte de la mayoría de la población. Sólo, algunos licenciados en Historia del Arte, o en Arquitectura, podrán comprender algunos aspectos de la edificación, más no todos, pues a ellos no les interesa el verdadero significado religioso del templo. Sólo lo estético les puede llamar la atención. 
Empecemos por lo básico. Cuando uno accede a un templo o a una iglesia, lo primero que le llama la atención es la majestuosidad del edificio. Por lo general, suelen ser los edificios más grandes y altos en relación con las edificaciones de su época. Ninguna casa era más alta que la iglesia, y sólo las edificaciones de carácter militar (castillos o fortalezas) podían equiparse a las iglesias.

Las proporciones de esos edificios no están dadas al azar. No son un capricho del arquitecto, sino que obedecen a una antigua y metódica tradición.

 "Busto atribuido a Vitrubio"

El personaje que más se dedicó a este tipo de estudios en la antigüedad fue el arquitecto Marco Vitrubio Polion, quien escribió un tratado de diez libros de arquitectura dedicados al emperador Augusto, en el año 15 a J.C. Más tarde, dicho autor sería muy estudiado en el Renacimiento por otros artistas y humanistas de la época, que volvieron a poner sus estudios en práctica. Un dibujo muy conocido es el famoso grabado que realizara Leonardo da Vinci sobre el “Hombre de Vitrubio”, en el cual aparece una figura humana con los píes y las manos extendidas, inscritos en un cuadrado y rodeada de un círculo. Se trata de un estudio las proporciones humanas realizado por Leonardo basado en los textos de arquitectura de Vitrubio.
Vitrubio dice así sobre las proporciones de los templos: “La disposición de los templos depende de la simetría, cuyas normas deben observar escrupulosamente los arquitectos. La simetría tiene su origen en la proporción, que en griego se denomina analogía. La proporción se define como la conveniencia de medidas a partir de un modulo constante y calculado y la correspondencia de los miembros o partes de una obra y de toda la obra en su conjunto. Es imposible que un templo posea una correcta disposición si carece de simetría y de proporción, como sucede con los miembros o partes del cuerpo de un hombre bien formado”. A continuación pasa a definir cuáles son las unidades de medidas y su proporción. El pie, el codo, el dedo, o el número diez, y como a partir de esas medidas proporcionales, se han de construir las edificaciones para que sean armónicas y simétricas.

El sabio de la antigüedad compiló ese conocimiento de otros sabios más antiguos, más todo ello se hizo antes del advenimiento de nuestro Señor Jesucristo. Es por ello, que casi toda su obra se refiere a la construcción de templos para dioses paganos. Por eso, en un principio, la Casa de Dios o el lugar de oración de los primeros cristianos no se denominó “templo”, sino “iglesia”, que en griego quiere decir: “lugar de reunión” No obstante, esa circunstancia fue cambiando con el paso de los años. Por otra parte, las proporciones de los templos cristianos serán esas mismas pero con algunas variaciones muy significativas en cuanto a su simbolismo.


 "Portada del libro de Fulcanelli"

Como hemos dicho, las iglesias son la casa donde mora El Señor. Por lo tanto el templo ha de convertirse en una obra que sobrecoja a los hombres, que sea sublime, que represente la idea de lo celestial a los mortales y de ahí su magnificencia y su grandiosidad. Pero al mismo tiempo, hemos de tener en cuenta que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, por lo que las medidas del templo han de ser medidas humanas. Vitrubio entendía por medidas proporcionales o análogas las del propio ser humano, y por eso explicaba que “el cuerpo humano lo formó la naturaleza de tal manera que el rostro, desde la barbilla hasta la parte más alta de la frente, donde están las raíces del pelo, mida una decima parte de su altura total. La palma de la mano, desde la muñeca hasta el extremo del dedo medio, mide exactamente lo mismo; la cabeza, desde la barbilla hasta su coronilla, mide una octava parte de todo el cuerpo; una sexta parte mide desde el esternón hasta las raíces del pelo y desde la parte media del pecho hasta la coronilla, una cuarta parte” y así sucesivamente. Esas medidas son multiplicadas proporcionalmente a la hora de construir un edificio que albergue al Señor, de manera que el resultado sea un edificio esbelto, elegante, proporcional, simétrico, perfecto. Es por ello que, cuando los humanos contemplamos estos edificios, sentimos como si nuestra alma se estremeciera. No hace falta ser católico para entender esto. El lenguaje del edificio y nuestra alma, se compenetran perfectamente sintiéndose en armonía el uno con el otro y es por ello que a veces notamos como si algo en nuestro interior vibra cuando accedemos o visitamos estas edificaciones. Es un lenguaje especial, íntimo, pero que todos entendemos, independientemente del idioma en el que nos expresemos.
El templo católico, o mejor dicho, la Iglesia,  ha de estar siempre orientado hacia el Este. Ello es así ya que el Altar Mayor de la iglesia ha de mirar al sepulcro del Jesucristo. Esta es una constante en todos los edificios religiosos antiguos. Fulcanelli[i] indica sobre el particular que: “Todas las iglesias tiene el ábside orientado hacia el sudeste; la fachada, hacia el noroeste, y el crucero, que forma los brazos de la cruz, de nordeste a sudeste. Es una orientación invariable, establecida a fin de que fieles y profanos, al entrar en el templo por Occidente y dirigirse en derechura al santuario, miren hacia donde sale el sol, hacia Oriente, hacia Palestina, cuna del cristianismo. Salen de las tinieblas y se encaminan a la luz”. Como se puede apreciar, los antiguos no dejaban nada al azar. La disposición de nuestros templos e iglesias  más antiguas obedecen a ese secreto tan antiguo.  En Torredonjimeno podemos observar esa disposición en las iglesias de San Pedro, Santa María, la ermita de San Cosme y San Damián, el templo de Nuestra Señora de la Piedad de las MMDD y en el de San José de la Montaña, siendo la excepción la ermita de Nuestra Señora de Consolación, cuyo Altar Mayor está justamente orientado al revés que los otros. Ello es debido a que el templo primigenio se correspondía con lo que en la actualidad es la sacristía, quedando el Altar Mayor en el espacio que ocupa la trasera de la hornacina que alberga la talla de la patrona tosiriana, y flanqueado por las pinturas policromadas de la Visitación de la Virgen a un lado y la de los Santos de la Orden de Calatrava al otro. La nave actual, es un añadido posterior que vino a agrandar el espacio para acoger a los fieles. Los fieles deben admirar el oriente, donde nació Jesús y donde fue crucificado. Él es la luz del Mundo, y a Él deben de mirar los fieles cuando el sacerdote oficia la Misa.


 "Magnífica foto del interior del Templo de San Pedro de Torredonjimeno. Foto de Francisco Miguel Merino Laguna. www.redjaen.es"

En nuestra iglesia de San Pedro de Torredonjimeno, observamos que por la puerta principal hay un pequeño espacio cerrado por una verja y un muro, que actúa a modo de patio. Estamos ante lo que sería el “atrio de la iglesia”. Según el “Diccionario de Términos de Arte” Atrio es “el recinto cerrado, y generalmente porticado, que precede a la entrada de un edificio” más no siempre es así. La palabra atrio proviene del latín “atrium”. Y sí, dije latín, pues últimamente los políticos andaluces hacen provenir todo nuestro saber del árabe, olvidándose de que es al revés, que todo lo que sabemos proviene de Roma o de la época bizantina, de la visigoda o del esplendor de la Edad Media. No todo es árabe o musulmán por mucho que les pese a nuestros indoctos políticos.

"Vista del atrio de San Pedro desde la verja de entrada. Foto Miguel Merino Laguna. www.redjaen.es"

 En la antigua Roma, el atrio era un elemento arquitectónico imprescindible de toda casa el cual consistía en un patio central, al que confluían todas las habitaciones o estancias de la misma, más en la arquitectura religiosa posterior, ese espacio fue tomando otras formas más útiles y más concretas. En las iglesias de planta basilical (San Pedro de Torredonjimeno corresponde a este tipo de planta basilical del que hablamos, consistente en una nave central rectangular y dos laterales a ambos lados, un poco más pequeñas y separadas de la principal por columnas), el atrio solía estar ubicado frente al pórtico del templo. Esa plaza o atrio, es el espacio común en el que pueden estar fieles y neófitos. Es terreno sagrado, más allí pueden estar todos en armonía, en comunidad, pero sólo a los fieles y a los bautizados les está permitido penetrar en el templo. El atrio es por lo tanto el espacio en el que los penitentes y los catecúmenos deben compartir antes de ser purificados y acceder a participar de los Sagrados Misterios.
Era frecuente que en el atrio se ubicase una pila o una arqueta, que en los tiempos más antiguos servía de pila bautismal. Éstas eran de grandes dimensiones, de manera que el catecúmeno descendía por una escalera practicada en un extremo, se sumergía de cuerpo entero, para luego ascender otra vez al exterior, salvo ya del Pecado Original. Más con el paso de los años esa pila fue ubicada en el interior de los templos, de tal forma, que al entrar en una iglesia antigua, los fieles podemos observar que a la derecha está colocada la pila bautismal. Ese espacio es denominado por la tradición cristiana como el “baptisterio” y lo más usual es encontrarlas esculpidas en piedra, de forma redonda casi siempre y sostenida por una columna de piedra u otro material más noble como el mármol o el alabastro y en muchos casos profusamente decoradas. Pero ¿por qué las pilas bautismales se ubican al principio o en el exterior del templo? La razón es sencilla. El templo es un lugar que guarda sus conocimientos y sus misterios a los iniciados en la religión. Los que no la practican no deben profanar el templo y no pueden pasar a él. El recién nacido, el neófito, no puede acceder a la “luz” y asimilar la “sabiduría” hasta que no se haya borrado de él el Pecado Original. El bautismo elimina ese error del Maligno, y permite al hombre acceder a la Casa del Señor. En la iglesia de San Pedro Apóstol de Torredonjimeno tenemos que el baptisterio estaba ubicado donde en la actualidad se encuentra la capilla de la Virgen del Carmen, aunque a día de hoy, éste se haya ya a los píes del Cristo de la Fe y del Amor.
Todos los elementos constructivos de nuestras iglesias católicas tienen un porqué y una explicación; no suelen estar ahí de forma gratuita o meramente decorativa. Al entrar en la majestuosa nave de San Pedro Apóstol de Torredonjimeno, lo primero que llama la atención el visitante es la robustez y esbeltez de sus columnas y la altura de su techumbre. Esas imponentes moles de piedra se elevan hacia el artesonado mozárabe y dividen el templo en tres naves como hemos dicho más arriba, una central y dos laterales más pequeñas. La nave central nos conduce directo al Sagrario, mientras que las otras, la del Evangelio y la de la Epístola, cumplen a su vez con su función específica dentro de lo que es la “catequesis arquitectónica” que constituye el propio edificio.
Alfredo Ureña dice sobre esas columnas petrinas: “El orden dórico toscano, por su parte, se adapta a lo establecido por Serlio sobre la utilización del dórico en templos consagrados a mártires, como contraposición cristiana de su dedicación a dioses robustos como Júpiter, Marte y Hércules”. En efecto, este estilo lo podemos observar en la iglesia de San Pedro o en la de Santa Marta, -éste último templo en la vecina Martos- ya que ambos templos están dedicadas a santos titulares muertos en martirio. Además comparten “la planta tripartita, dividida en tres tramos por ocho grandes columnas toscanas (orden que a decir de los exégetas de Vitrubio era el más apropiado para titulares como Santa Marta o San Pedro muertos en martirio), unidas entre sí por arcos de medio punto presenta cubierta de madera” Los dos edificaciones fueron obra de los hermanos Castillo, que fue una de las grandes familias de arquitectos que hubo en la provincia de Jaén en el s. XVI.       

Bibliografía:
1.      VITRUVIO POLION, MARCO L. “Los Diez Libros de Arquitectura
2.      FULCANELLI, “El Misterio de las Catedrales” Nemira, 2009
3.      FATÁS, G. y BORRÁS, G. “Diccionario de Términos de Arte y elementos de Arqueología, heráldica y Numismática” Alianza Editorial, 2004
4.      UREÑA UCEDA, A. “Patrimonio Arquitectónico en Torredonjimeno”, I.E.G. 2008
5.      MORENO MEDOZA, A. “Los Castillo. Un siglo de arquitectura en el Renacimiento Andaluz” Universidad de Granada, 1989

Nota: 
[1] Fulcanelli es el seudónimo utilizado por un oscuro autor, muy posiblemente nacido a finales del siglo XIX, quien dejó escrito varias obras sobre alquimia y la arquitectura gótica de las catedrales, entre ellas “El Misterio de las catedrales y la interpretación esotérica de los símbolos herméticos” publicada en 1929 y “Las moradas filosofales y el simbolismo hermético en sus relaciones con el arte sagrado y el esoterismo de la gran obra” publicada al año siguiente, ambas bajo el mismo seudónimo de Fulcanelli. 

jueves, 18 de febrero de 2016

LOS ESCLAVOS DE MARIA EN TORREDONJIMENO


 
A la memoria de Doña Juliana García Ocaña, devota de la Virgen de los Dolores que me enseñó a amar las tradiciones de nuestro pueblo. Juliana se fue más cerca de Nuestra Señora el 12 de febrero de 2001.
 
 
Por Manuel Fernández Espinosa
 
 
EL PACTO CON EL DIABLO: LOS ESCLAVOS DEL DEMONIO

 

Pocos motivos fabulosos han inspirado más obras literarias en occidente que el pacto con el diablo. Durante los primeros tiempos del cristianismo cundieron leyendas que narraban el extraño pacto realizado entre algunos personajes con el mismo demonio. En ese pacto, un hombre vende su alma a Satanás a cambio de lo que ese hombre desea desmesuradamente: poder, dinero, saberes, satisfacciones sensuales... El diablo nunca cumple sus promesas, y el alma del desgraciado que la pone en venta es la que sale perdiendo, a menos que no medie la intervención de la gracia divina.

 
En la iglesia primitiva fue San Gregorio Nacianceno (muerto en el 390) el primero en componer una homilía sobre el caso de San Cipriano, que vivió, según la leyenda, en Antioquía y fue martirizado en el curso de las persecuciones del emperador romano Diocleciano, cuando corría el siglo III. La Emperatriz Eudoxia, esposa de Teodosio II, también escribió un poema heroico sobre el martirio de San Cipriano.

 
Cuenta la leyenda que San Cipriano era un sacerdote pagano que ejercía de brujo, y cuyos servicios de hechicería fueron requeridos por un joven enamorado de una cristiana, la que luego sería venerada como Santa Justina. Cuando el brujo Cipriano acomete la tarea de hechizar a la hermosa doncella, ésta desbarata los encantamientos con el signo de la cruz. Cipriano, que había invocado fuerzas demoníacas para seducir a la virgen cristiana, comprueba que el efecto de su diabólica brujería queda del todo anulado ante el signo de la cruz, y así es como el hechicero se convierte al cristianismo. La historia de San Cipriano, aunque es genuina de la iglesia oriental, también era pasó a formar parte de la tradición occidntal en el siglo VII, como así lo podemos comprobar según testimonio del obispo de Sherbourne en Inglaterra, Aldhelm (que murió en el 709), que en su De virginitate seu de laude virginum elogió la virginidad heroica de Justina en su lucha contra las tentaciones del demonio. Amén de la confusión que existió entre San Cipriano de Antioquía y San Cipriano de Cartago, el Vaticano II desplazó del santoral la figura de San Cipriano, relegándolo a la categoría de santo apócrifo, por parecer poco plausible su existencia histórica. No obstante, uno de los grimorios (libros de magia negra) más afamados en los círculos de brujería es el llamado Libro de San Cipriano.

 
Pero si la existencia de San Cipriano es difícil de demostrar, no es tan arduo demostrar, por otro lado, la existencia real de Fausto, un siniestro personaje medieval que se convertiría para la literatura universal en modélico cliente -y, por ende, esclavo- del demonio. La existencia histórica de Fausto fue demostrada en el siglo XIX merced al afán de muchos eruditos. La historia de este personaje condensa el mito europeo del sabio que vende su alma a cambio de adquirir poderes que lo elevan sobre el común de los hombres. Una de las versiones de este mito más interesantes es la que escribió el inglés Christopher Marlowe: La trágica historia de la vida y muerte del Doctor Fausto. Una obra dramática que se estrenó probablemente en 1592. Marlowe recogía las leyendas sobre Fausto que habían circulado en la Edad Media y que se hallaban compiladas en un centón intitulado Faustbuch (en alemán, El libro de Fausto), publicado en Frankfurt en el año 1587. En este libro se relataban las asombrosas peripecias y los prodigios obrados por Fausto, que se paseó por muchas cortes obispales y principescas de centroeuropa haciendo alarde de sus poderes taumatúrgicos. Goethe, el poeta alemán por excelencia, compuso en el siglo XIX su Fausto, clásico de la literatura alemana y universal. El mito sería recogido por otros autores alemanes posteriores, como Thomas Mann en su novela Doctor Faustus.




A veces, Fausto no tiene ese nombre en las obras que tratan de este asunto. Por ejemplo, el escritor alemán Ernst Jünger trata el mismo tema en el Relato de Ortner, inserto en su novela Heliópolis: en la versión jüngeriana Fausto, que se llamará Ortner, es un hombre consumido por el ansia de dinero, que al ser intervenido quirúrgicamente por el diablo alcanza la previsión que le vale en los juegos de azar. El diablo es un gran cosmopolita, por eso podemos encontrar en toda época y país occidental creaciones literarias de este tenor. En Francia, el satánico Marqués de Sade también hace una versión del motivo literario en uno de sus relatos: Aventura incomprensible, pero atestiguada por toda una provincia,

En el mundo literario ibérico también encontramos un personaje, Frei Gil de Santarem, llamado también Egidio, que según la tradición también trató de vender el alma a Satanás a cambio de adquirir secretos de magia negra. Después de dos entrevistas con el demonio y arrepentirse de esos extremos, una intervención de María Santísima vendría a descalabrar el trato satánico, salvando el alma del fraile. Esta tradición la recogió fray Hernando de Castillo en Primera parte de la historia general de Sancto Domingo y su Orden de Predicadores (Madrid, 1584), y también la podemos encontrar en la Tercera parte del FLOS SANCTORUM de Alonso de Villegas (Huesca, 1588).

 
En la literatura hispánica no nos faltan nuestros Faustos -se hablaba del Marqués de Villena como un experto nigromante (mago negro), muy versado en pactos satánicos, y con este perfil aparece plasmado en uno de los cuentos del Conde Lucanor (el Marqués de Villena a quien nos referimos no se identifica históricamente con el Marqués de Villena, Don Diego López Pacheco, que mandó construir la ermita de Ntra. Sra. de Consolación en Torredonjimeno).

 
Uno de los genios de nuestras Letras, D. Pedro Calderón de la Barca dedicó a San Cipriano una de sus obras dramáticas de género hagiográfico: El mágico prodigioso (que el clásico dramaturgo compuso en el año 1637), mientras que el personaje lusitano de Fray Gil de Santarem, también llamado Egidio, fue protagonista de otra obra de la dramaturgia española de los siglos áureos: El esclavo del demonio, pieza teatral que salió de la mano del granadino Antonio Mira de Amescua (muerto en Guadix el año de 1644).

 
En la literatura contemporánea el novelista norteamericano Stefen King, superventas del género de terror, ha dedicado una de sus novelas -La tienda- a este tema que parece obsesionar la conciencia occidental. En dicha novela múltiples y tácitos pactos con el diablo conducen la trama hasta su paroxismo: un pueblo entero está amenazado por la inquietante presencia de un comerciante de antigüedades que trafica con los sentimientos de su clientela; el siniestro mercachifle ofrece todo lo que cada cual anhela a cambio de pequeñas travesuras que se van complicando hasta convertirse en crímenes que transforman un pacífico pueblo en un pandemonio. Esta novela ha sido llevada al cine y seguro que más de uno de nuestros lectores la ha podido ver. En la filmografía actual el tema es recurrente; recordemos, entre muchos títulos, la famosa película Pactar con el diablo, cuyo personaje central -el diablo- es caracterizado por el actor Al Pacino.

 
De este somero recorrido podemos extraer una conclusión: la Cristiandad, registra en su imaginario (que es el catálogo de imágenes que la cultura admite y transmite) un personaje sombrío: el hombre que a cambio de una u otra cosa vende su alma al diablo, pacta con el ángel rebelde y apostata de la fe en Cristo Jesús.
 
Fausto pacta con Mefistofeles


LA ESCLAVITUD MARIANA: PACTAR CON DIOS


 
La esclavitud de amor a la Santísima Virgen María es una de las más antiguas prácticas piadosas de la Cristiandad. Así como han existido y existen esclavos del demonio, la Iglesia tiene también los esclavos de María, y la presencia eclesial de estos esclavos de María cuenta con una dilatada tradición que arranca en la temprana Edad Media. Contra los hijos de las tinieblas, los hijos de María.

 
Parece ser que esta práctica de la esclavitud mariana es una devoción cristiana ibérica, muy hispánica. Según registra la tradición San Ildefonso, arzobispo de Toledo, pasa por ser el primer cristiano que se ofreció como esclavo a María Santísima. Corría el siglo VII y el amor devotísimo a la Reina de los Santos inspiró a este arzobispo aquella entrega. Incluso podríamos remontarnos a Santiago Boanerges (Hijo del Trueno) para hablar de esclavitud mariana; recuérdese que al Apóstol se le apareció la Virgen María a la vera del Ebro, en Zaragoza; es muy posible que Santiago fuese el primer esclavo de amor de Nuestra Señora. Santiago era uno de los apóstoles más unidos a María, al igual que su hermano, el otro Boanerges, San Juan, a quien el mismo Cristo encomendara en la Cruz el cuidado de su Madre, y Madre nuestra.

 
En Francia, San Odilón abad de Cluny, allá en el año 1040, sería el primer francés que públicamente se hacía esclavo de María. Ello lo hacía con el objeto de alcanzar la perfección uniéndose a Jesucristo por medio de la devoción verdadera a su Santísima Madre.

 
Desde entonces, la Cristiandad ha conocido la propagación de esta práctica, con algún que otro eclipse. En España y Alemania fue San Simón de Rojas, de la Orden de la Trinidad y predicador de S. M. Felipe III, uno de los propagadores que con más celo promovieron esta devoción, en estrecha colaboración con el P. Bartolomé de los Ríos, de la Orden de San Agustín. Los Teatinos se encargaron de darla a conocer en Italia, Sicilia y Saboya. En Polonia quien la injertó fue el jesuita P. Estanislao Falacio. Todo el mundo católico conocería las excelencias de esta práctica mariana.

 
La esclavitud era y es todo un estilo de vida, y algo más: un camino de perfección y santidad. Muchos Pontífices no sólo han aprobado esta devoción, sino que incluso la han asumido ellos mismos, sin cesar de recomendarla a los fieles.

 
¿Por qué esclavitud? Esclavitud es una palabra que nos asusta, nos incomoda. Es un vocablo que suena extraño a nuestros oídos, tan habituados a escuchar a todas horas la palabra libertad, sin que sepamos a ciencia cierta cuál es la libertad que nos propone el mundo. Hoy en día, precisamente cuando tanto se alaban las "libertades" (tan mal entendidas), cuando se promueve una mala vida basada en la exaltacion del capricho, con la consecuente falta de lazos y lealtades, la esclavitud de amor resalta la humilde disponibilidad de los hijos de Dios, disponibilidad absoluta, entrega sin reservas a Jesucristo, y ello, de la mano de quien no nos puede fallar y nos conducirá directamente a Él: la Virgen María. No somos de este mundo. Es algo que tenemos que tener muy presente los cristianos. Pero estamos en el mundo, y es necesario que nosotros, la sal de la tierra, estemos muy involucrados en el mundo, para transformarlo en lo que Cristo quiere. Nuestra presencia en el mundo ha de ser muy distinta a la que podemos apreciar de continuo en todos aquellos que han dado las espaldas a Cristo y desoyen su mandamiento de Amor.

El esclavo de amor se somete totalmente, por entero, a la voluntad de Dios, y para ello se pone en manos de María, la Hija Predilecta del Padre, la Madre Admirable del Hijo, la Esposa Fidelísima del Espíritu Santo. Ella, María Santísima, ofrece al fiel el molde más apto y óptimo de santificación. Donde el demonio impone inobediencia y rebelión, por soberbia, María acata la voluntad del Padre por humildad; donde el demonio exalta el placer de la carne y la sensualidad, María es modelo perfecto de pureza. Los esclavos del demonio serán como él, los esclavos de María serán como Ella. María es la Esclava del Señor, la criatura más excelsa de entre todas las criaturas (por eso la veneramos con culto de hiperdulía -que quiere decir: por encima de los ángeles y los santos, y por debajo de Dios, pues sólo a Él se le debe el culto de latría -adoración). María es la bienaventurada criatura que acogió en su seno virginal al mismo Hijo de Dios y en la que Dios se recrea.

S. S. Juan Pablo II ha exhortado a los fieles a abrazar esta devoción que consiste en la consagración a Jesús, por medio de María, en calidad de esclavos de amor, lo que llevado a la práctica constituye un vía infalible de santificación. El Romano Pontífice ha subrayado que entrando en esa "Escuela de María" -que es la Verdadera Devoción a Ella- en la forma de la "esclavitud de amor a Jesucristo por las manos de María", y guiándose por Ella, el fiel encuentra abierto el camino de su santificación y los progresos espirituales no se hacen los remolones. Es, pues, el pacto perfecto con Dios. La consagración a María como esclavo de amor no es otra cosa que la renovación de los votos que el cristiano formula en los sacramentos del Bautismo y la Confirmación.

Pero la formulación teológica y mística más completa de esta devoción a la Virgen María nos la proporciona San Luis María Grignion de Montfort.
 


SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT Y LA ESCLAVITUD MARIANA


 
Nació San Luis María Grignion de Montfort en la villa bretona del mismo nombre: Montfort, muy cerca de Rennes, el 31 de enero de 1673, y fue alumbrado en el hogar de una familia bretona, cristiana, numerosa y de posición holgada. Su nacimiento había sido profetizado por el dominico San Vicente Ferrer cuando, siglos antes de nacer Luis María y hallándose San Vicente predicando en Bretaña, profetizó el nacimiento de un niño en aquellas tierras, un niño que sería un gran santo, un hombre de Dios, dilecto de María Santísima. Siglos después, en aquellos lares, nacería San Luis María Grignion de Montfort que pasa por ser el gran profeta del Reino de María. Su apostolado, probado en la tribulación y cuajado de contradicciones, tiene muy hondas raíces en la devoción mariana, que cultivaría durante toda su vida, así como en la Santa Cruz, devoción que tendría su expresión en la erección de muchos Calvarios por todo el país galo. Es en la esclavitud de amor a María donde arraiga toda la espiritualidad y mística de San Luis María Grignion. Pocos son los escritos que nos ha legado, pero es el Tratado de la verdadera devoción a la Virgen María el que le ha granjeado la admiración de sus lectores.

San Luis María Grignion fue suscitado por la Providencia en una época en que los gérmenes de la descomposición anunciaban las convulsiones que se avecinaban -años después de la muerte de este santo estos cambios históricos de tanto traumatismo se mostrarían en los satánicos excesos de la Revolución Francesa; una orgía de sangre, profanación y sacrilegio, digan por ahí lo que quieran decir. Todos estos luctuosos acontecimientos históricos, diseñados en los conciliábulos de los esclavos del demonio, los veía venir el santo de Bretaña; es por eso que, para defender la herencia de Jesucristo, abrazó la devoción verdadera en su forma de esclavitud de amor, extendiéndola por toda Francia.

En España la devoción no era una cosa rara, todo lo contrario. Como más arriba hemos recordado, San Ildefonso pasa por ser el primer esclavo de amor de María. San Simón de Rojas había practicado la esclavitud mariana y la había difundido por Europa. Las Constituciones de la Real Congregación y Cuerpo Mystico de esclavos de Nuestra Señora de la Concepción de la Porteria de Ávila datan del año 1733; y constituyen uno de los ejemplos más notorios del espíritu y organización de estas congregaciones y hermandades de esclavitud. La referida Congregación de esclavos de María, bajo dicha advocación, se erigió en las ciudades de Ávila y Madrid.


LA ESCLAVITUD MARIANA EN TORREDONJIMENO

No podemos aportar fechas concluyentes, dadas las lagunas al respecto, pero sí que podemos aseverar la existencia en Torredonjimeno de una Hermandad de Esclavos de María, en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores, radicada en la tosiriana Sacra Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de la Inmaculada Concepción de Santa María. Según el historiador tosiriano Francisco José Téllez Anguita, la Hermandad de Esclavitud de Ntra. Sra. de los Dolores pudo fundarse el 20 de marzo de 1642, y según investigaciones de nuestro amigo Téllez Anguita el camerín barroco de Nuestra Señora de los Dolores es muy probable que date del año 1623. (*)

Indagando en los libros de sepelios de dicha Parroquia, y en los de testamentos de la Parroquia Mayor de San Pedro Apóstol de la ciudad tosiriana, hemos accedido a puntuales menciones de enterramientos de hermanos pertenecientes a esta hermandad. Asientos puntuales, pero abundantes. Por los datos obtenidos podemos decir que se trataba de una devoción muy arraigada en todas las capas sociales de la villa. A la Hermandad pertenecían mujeres y hombres de toda condición social y económica, aunque hay que decir que esta devoción era seguida mayoritariamente por el mujeres. Demos a luz, y en primicia, algunos casos que se hallan en nuestros archivos parroquiales.

Tomasa Méndez, por ejemplo, era una pobre tosiriana que al término de su vida terrena fue acogida en el Hospital de Caridad de la villa, institución que se ubicaba en la calle Rabadán. Al fallecer el 16 de octubre de 1771, y dada su pertenencia a la Hermandad, fue sepeliada en la Capilla de la Virgen de los Dolores.

El 30 de abril de 1772 muere Catalina Eugenia López, viuda de Juan Diego Menxibar, y, como hermana de esta Hermandad de esclavitud, se enterró en la misma Capilla de los Dolores. La posición social y económica de Catalina Eugenia López, aunque no figuraba en los listados de la hidalguía de sangre y alcurnia de la villa, debía ser acomodada, pues donaba, y así se hizo constar en la partida de su deceso: "...una lámina de Nuestra Señora de Belén en marco dorado" a la Capilla en la que los esclavos y esclavas veneraban a la Virgen de los Dolores y venían a ser inhumados a la postre de sus días.

Cuando Isabel del Mármol, una vecina, domiciliada en la calle Salsipuedes, fallece, dona una "...basquiña de damasco negro" a la Virgen de los Dolores.

En la Hermandad de Esclavos no faltan miembros de familias ilustres de la villa. Es el caso de Doña Juana Francisca Zorrilla, doncella que al fallecer se hace enterrar delante del altar de la Capilla. Poco después, la hermana de Doña Juana Francisca, Doña Ignacia María del Rosario Zorrilla, doncella de veinticinco años de edad, fallece, y como miembro de la Hermandad también encuentra su último reposo en la misma Capilla; en la partida obituaria de esta última el escribiente exalta la imagen de la Virgen de los Dolores, "...dicha Soberana Ymagen". Son muchos más los hombres y mujeres que se enterraron en esta capilla.

Tampoco faltan hombres. Es el caso de Manuel Fernández Delgado, natural de la ciudad de Jaén, que se avecina en Torredonjimeno en pleno siglo XVIII, y aún siendo feligrés de la Parroquia de San Pedro, expresa su voluntad de ser inhumado en la capilla de la Virgen de los Dolores como hermano de la Hermandad de Esclavitud.

La tosiriana Hermandad de Esclavitud de la Virgen de los Dolores, independientemente de la fecha de su fundación -que no parece clara, pero cabe suponerla allá por el siglo XVII- experimentó un auge sin igual en el siglo XVIII, en pleno siglo de la Ilustración cuando se cercenaron tantas y tantas tradiciones religiosas y muchas cofradías sufrieron su erradicación; lo que nos dice el ascendiente que la Hermandad de Esclavos tuvo. Más tarde, la Hermandad vendría a extinguirse en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se relajan las costumbres y se agravan en Torredonjimeno los síntomas del secularismo liberal y moderno. Concluyamos diciendo que los hermanos esclavos de la Virgen de los Dolores conformaban una tupida y heterogénea red de tosirianos, con orígenes sociales y posiciones económicas muy diversas, pero unidos todos entre sí por el amor a la Virgen de los Dolores y por lazos de fraterna caridad cristiana. Fue una devoción muy acendrada en Torredonjimeno, dedicada más a la oración y las obras pías que al culto externo. Una de esas tradiciones perdidas que merecerían la pena refundarse. ¡Qué menos que oponer a los esclavos del demonio, los esclavos de María!
 

Contra la soberbia y la sensualidad de Lucifer, la humildad y pureza de María Santísima.

 
Torre Don Jimeno, 20 de febrero del año del Señor de 2001.
 

NOTA: Podemos consultar para el particular el artículo que publicó D. Francisco José Téllez Anguita en esta misma revista cofradiera, "La Virgen de los Dolores. Estudio histórico, sentimental y emotivo". CALVARIO, n.º III, Semana Santa de 1984, pp. 71-76.




El presente artículo vio su publicación en versión impresa en CALVARIO, Boletín de la Agrupación de Cofradías del Arciprestazgo de Torredonjimeno (Jaén)


martes, 5 de enero de 2016

TRILLERA DE TORREDONJIMENO (POEMA DE ANTONIO MORENO RUIZ)

 
 

El poeta e historiador Antonio Moreno Ruiz (Bollullos de la Mitación, Sevilla, 1981, afincado en Perú), con varios libros en su haber y, siendo una de las voces más singulares de la poesía hispánica, ha compuesto este poema dedicado a uno de nuestros cantos flamencos más locales: la trillera de Torredonjimeno que mereció en este mismo blog nuestro un comentario: RELIQUIAS DE NUESTRA AUTÉNTICA MÚSICA PERDIDA. Quedamos muy agradecidos por este poema que ha dedicado a nuestro pueblo.
 


TRILLERA DE TORREDONJIMENO
 
Antonio Moreno Ruiz

Trillera tosiriana,
evocas la siega,
con melismas orientales,
y fuerza ibera.
 
Como una saeta laica,
pregonas la raza del trigo,
como un inmenso mar de tierra,
rodeado de fuertes olivos.
 
Sudores jornaleros agitados,
de sol a sol, de luna a luna,
con arados, hoces y bestias,
como compañeros, por ventura.
 
Exclamaciones del tiempo,
con sabiduría popular,
noble tierra jiennense,
el Santo Rostro te ha de velar.


 
 

martes, 8 de diciembre de 2015

LA PRIMERA PARROQUIA DEDICADA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN






NUESTRA PARROQUIA DE SANTA MARÍA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE TORREDONJIMENO


Manuel Fernández Espinosa



Una de las tradiciones que D. Juan Montijano de la Chica nos transmitía a cuantos tuvimos ocasión de compartir con él sus amenas y provechosas tertulias era que nuestra Sacra Iglesia Parroquial de Santa María de la Inmaculada Concepción era la primera iglesia parroquial que se erigió bajo la advocación de la Inmaculada Concepción.
 
Este pueblo que tan poco hace por reclamar sus glorias pretéritas tiene esto olvidado y, por eso mismo, será entonces que otras iglesias parroquiales de España reclaman ser la primera en ostentar el título de la Inmaculada Concepción. Aprovechando hoy la Festividad de la Inmaculada Concepción he echado un vistazo por la red, a ver lo que se decía por "ahí".
 
Encontré que la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción de Huelva pasa por ser presuntamente el primer templo dedicado a la Inmaculada Concepción. Indagando sobre el asunto que nos concierne encontré que, según la documentación onubense, en mayo de 1505 un señor, por nombre llamado Cristóbal Dorantes, otorgó sus casas para que se levantara sobre el solar la segunda parroquia de Huelva, dedicándose a Nuestra Señora de la Concepción. Las obras de su edificación comenzaron en 1515, construyéndose en estilo gótico-mudéjar. Pero por ningún lado encontré la fecha de su consagración. Nadie discute el laudable propósito del Sr. Dorantes que porfió en titular la iglesia bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, pero en Torredonjimeno nos adelantamos a su piadoso propósito.
 
Según D. Alfredo Ureña Uceda, "la primera noticia constatada sobre la necesidad de la construcción de esta nueva iglesia para acoger a la creciente población tosiriana se remonta a 1490", por lo que -si contamos la intención- ya le llevamos 15 años de ventaja a Dorantes y los onubenses.Las trazas del edificio de nuestro templo parroquial son mucho más antiguas que las del de Huelva. Nuestra iglesia se hizo en estilo tardogótico, con una participación más que probable de albañiles formados en las escuelas arquitectónicas de Europa: lo indican la factura de los nervios góticos, así como la apertura de la puerta mayor de la parroquia en la misma base de la torre campanario (elemento que podemos ver en la también gótica Iglesia Mayor de Ulm, Alemania) . Nuestra parroquia sería consagrada el 11 de octubre de 1529 por el teólogo tosiriano Sr. D. Diego de Calatayud, obispo dimisionario de las Islas Cícladas, que actuó en delegación del Obispo de Jaén de aquella fecha, D. Esteban Gabriel Cardenal Merino. 
 
Don Juan no sólo nos lo dijo por tradición oral, también lo escribió en su libro "Historia de la Ibérica Tosiria":
 
"Se da la circunstancia de que es la primera Iglesia Consagrada al misterio de la Inmaculada Concepción de María Santísima".
 
Muchos siglos antes de proclamarse el dogma de fe de la Inmaculada Concepción, definido en la bula "Ineffabilis Deus", de 8 de diciembre de 1854, lo mismo Torredonjimeno que Huelva pugnaban por extender la devoción con celo. Sabido es el litigio que se arrastró durante siglos a cuenta de la Inmaculada Concepción: los dominicos eran bastante reacios a proclamarla y sus más denodados defensores (tal el caso de Duns Scoto) fueron los franciscanos. En España prendió con un inusitado fervor el "inmaculismo" y por ello fuimos lós más acérrimos defensores de la Purísima Concepción.
 
Por eso, nuestro cronista franciscano del siglo XVIII, el Reverendo Padre. fray Juan Lendínez, todavía recordaba las coplas que en la villa se cantaban en loor de la Inmaculada Concepción, dejándonos estos cuatro versos de Miguel Cid (1550-1615), que son el testigo fiel de la adhesión incondicional de nuestros antepasados por este amabilísimo dogma:
 
 
TODO EL MUNDO EN GENERAL
A VOCES REYNA ESCOGIDA,
DIGA QUE SOIS CONCEBIDA
SIN PECADO ORIGINAL.
 
 
 
Sin embargo,