TRAS LAS HUELLAS DE PÍO BAROJA Y DE MIGUEL GÓMEZ DAMAS
Manuel Fernández Espinosa
Eduardo Gil Bera (Tudela, 1957) es un
escritor contemporáneo bilingüe (en euskera y en castellano), con mucho
publicado y poco conocido. Entre sus más notables libros destaca una biografía
de Pío Baroja que se intitula "Baroja o el miedo" (Península, 2001) y
que, quizás en gran parte, explica que el escritor navarro recorriese en lo que
pudo el itinerario que Pío Baroja había realizado en 1936 tras las huellas dela Expedición Gómez de 1836.
Es muy probable que Eduardo Gil Bera
conociera la Expedición Gómez de la mano de los textos del noventayochista
guipuzcoano, aunque siendo nuestro escritor coetáneo de Navarra tampoco podemos
descartar que el secular poso del carlismo en su tierra (como en las vascas, en
las catalanas y en las valencianas) hubiera podido ponerle en antecedentes
sobre el mariscal de campo tosiriano con antelación a sus lecturas barojianas.
Sea como fuere, Gil Bera publica en 1996
el libro de sus propias andanzas que emulan las de Baroja a la zaga de Gómez.
Gil Bera titula su libro "Sobre la marcha" (Pre-Textos) y el libro de
viaje se convierte en un ensayo sobre la transeúnte y efímera condición de todo
lo humano.
Como no era para menos, los cambios
experimentados en España tras más de 150 años de la expedición carlista se
hacen notar, y por la distancia temporal, pues (como era de esperar) hasta más
todavía que en el reportaje barojiano. La geografía física y humana se ha visto
muy modificada: caminos por los que discurrió la expedición militar (su
infantería, caballería, convoy de carros y bueyes) ya los borró lo que llovío o
quedaron perdidos para uso de cabras, muchos pueblos (más que los que halló
Baroja) fueron sepultados por las aguas de pantanos, baste mentar Riaño. Con un
vehículo matrícula de Navarra y en una España en la que todavía nos
levantábamos con atentados de ETA, el viajero escritor y su acompañante
suscitan suspicacias en algún que otro lugar donde se entiende que Navarra no
está fuera de las reclamaciones abertzales.
Según el juicio de Eduardo Gil Bera, el
General Gómez era buen táctico e intachable militar de honor, aunque le regatea
su capacidad estratégica. También resalta el carácter tornadizo de la
naturaleza humana que se acomodaba a la situación con lealtad volátil y que,
según vinieran ora los carlistas ora los isabelinos, se cambiaba de chaqueta
sin vergüenza alguna.
Si bien Baroja pasó en su recorrido por
la provincia de Jaén, nada hace pensar que visitara nuestra localidad. En
cambio el escritor tudelano sí que nos hace el honor de visitar Torredonjimeno.
Así es como se presenta en nuestra localidad de incógnito y su llegada coincide
con la celebración de la fiesta de la Cruces.
Nada más entrar Gil Bera divisa Talleres
Gómez y lo anota: "¡"Talleres Gómez" pintado en una
pared!". No parece que pidiera información (tampoco existía en esas fechas
la revista ÓRDAGO), pero a poco que hubiera hecho pesquisas se habría visto
recompensado al saber que esos Talleres Gómez, además de haber sido una de las
empresas más señeras de Torredonjimeno, guardan una relación con el General
Gómez, así como el corresponsal epistolar de Baroja, Jaime Gómez Cruz, guardaba
esa relación de consanguinidad.
Gil Bera describe algunas escenas que contempla cuando pasea por nuestras calles (recordemos que se celebraba la fiesta de Cruces) y anota: "No sé quién ni qué obliga a toda esta gente a hacer de andaluces de estampa, pero no dan el pego ni de lejos". Con lo que, guste o no, levanta acta de algo que se hace patente: de un tiempo a esta parte, las manifestaciones culturales han perdido su autenticidad en la imitación servil de estereotipos que no son propios de nuestra idiosincrasia: así lo vemos con Semana Santa "sevillanizada", en Romerías "rocieradas" y en Cruces... La opinión de este perspicaz observador debiera valernos por su imparcialidad: ni gana ni pierde nada.
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