martes, 21 de abril de 2026

EL REPORTAJE DE PÍO BAROJA SOBRE GÓMEZ



SOBRE LA RUTA DEL GENERAL GÓMEZ POR LOS CAMINOS DE ESPAÑA


Manuel Fernández Espinosa


Aunque, como no puede ser menos, la figura del General Gómez no falta en los "Episodios Nacionales" de Benito Pérez Galdós, serán los escritores de la Generación del 98 los que más mencionen a Gómez y, entre todos ellos, Pío Baroja, vasco de Guipúzcoa y con antepasados liberales. Baroja se ocupará de nuestro paisano, pese a no compartir el ideario carlista. Podemos suponer que ello se debió al interés de Baroja por el convulso siglo XIX que sufrió España y por su constante atención al "hombre de acción" que será protagonista de su obra novelística. Eso lo llevará a rescatar del olvido al carlista tosiriano. En julio de 1933 escribe Pío Baroja el artículo "Gómez y su expedición" en AHORA que, más tarde, será incluido en su libro "Siluetas románticas y otras historias de pillos y extravagantes".


En su condición de lector, un descendiente colateral del General Gómez (éste no tuvo hijos), el tosiriano Jaime Gómez Cruz, se dirigió a Baroja por carta, fechada en Torredonjimeno el 3 de septiembre de 1933, en la que corrigió algunos datos biográficos del General, aportándole copia de la documentación existente el archivo parroquial de Santa María. Baroja agradeció la aportación y publicó la carta. En 1998 en el primer número de ÓRDAGO, publicamos el artículo de Baroja y la carta de Jaime Gómez Cruz (con retrato de Jaime Gómez).


En 1935, un año antes de cumplirse el primer centenario de la Expedición Gómez (1836) Pío Baroja vuelve a la carga y, ésta vez, para la revista ESTAMPA publicará un reportaje titulado "Sobre la ruta del general Gómez por los caminos de España". No se trataba en este caso de volcar en buena prosa lo que pacientemente se había leído y rumiado en bibliotecas y hemerotecas. Ahora, Baroja pasaba a la acción: se echaba al camino.




Y con un coche de la época y por aquellas carreteras de aquel entonces, Pío Baroja, un chófer llamado Juan, el prestigioso fotógrafo "Marina" (pseudónimo de Ricardo Marín Llovet) y, en alguna etapa del viaje hasta con D. José Ortega y Gasset, Pío Baroja recorre la ruta de la Expedición Gómez.


Éste reportaje se convierte en un documento excepcional de la España de 1935 y las observaciones de Baroja dan buena cuenta de lo caldeado que estaba el ambiente: las pintadas ya presagiaban la confrontación que estallaría en 1936.


Baroja quería saber, sobre el terreno, qué vestigios quedaban en la memoria de aquella primera guerra carlista en el paisanaje y el paisaje (y, en especial, de la Expedición de Gómez). El resultado fue decepcionante: la gente confundía la primera guerra carlista con la que tenían más reciente (la última de fin de siglo XIX) o la equivocaban con la de Napoleón. En cierto lugar, tras preguntarle a una senecta lugareña por la guerra aquélla del viejo Don Carlos, la vieja les dice a los pacíficos expedicionarios: "-No vayan ustedes a traer otra guerra al pueblo". Baroja la tranquiliza con cierta sorna cariñosa. Pero un año después alguien llevó la guerra a todos los rincones de España.


Comoquiera que sea, la Expedición de Gómez estaba olvidada. España no parece gozar de buena memoria. Baroja hizo su parte por reclamar la proeza del tosiriano insigne, al margen de sus preferencias ideológicas. Unos meses después, cuando Baroja trataba de pasar a Francia, mientras todo ardía, lo detuvieron las milicias carlistas y faltó el canto de un duro para que lo fusilaran aquellos requetés. Providencialmente, un culto oficial carlista, reconociendo al escritor y (todo puede ser que recordando el reportaje sobre Gómez), le salvó la vida. El General Gómez no hubiera permitido que sus tropas, un siglo después, perpetraran un fusilamiento tan inicuo como inútil como tampoco permitió excesos en su gloriosa cabalgada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario