miércoles, 21 de marzo de 2018

ANÁLISIS DEL “NIÑO JESÚS DORMIDO SOBRE LA CRUZ”. ÓLEO DEL CONVENTO DE MMDD DE TORREDONJIMENO


"Retablo lateral de Santo Domingo, en la Iglesia de MMDD Nuestra Seora de la Piedad de Torredonjimeno"

Luis Gómez López. Director de Órdago

Al penetrar en este templo cenobita tosiriano, podemos admirar, entre otras cosas, sus retablos y capillas laterales, llamándonos poderosamente la atención el imponente retablo lateral, de estilo neoclásico el cual alberga las tallas de los santos dominicanos por excelencia.
Dicho retablo está compuesto de tres calles, una central, la más ancha y separada por dos más estrechas en los laterales las cuales se enmarcan por un par de columnas de fuste liso y rematado ambas en capiteles compuestos jónico-corintio recubiertos de pan de oro. En la calle central, -qué como ya hemos explicado es más ancha que las otras dos-, apreciamos una hornacina de arco de medio punto en cuyo interior se encontramos la talla del santo titular de la Orden de Predicadores: Santo Domingo de Guzmán. En el espacio entre columnas y a ambos lados del santo, sobre peanas de madera: Santa Rosa de Lima a la izquierda y San Martín de Porres a la derecha.

La parte superior está conformada por un frontón triangular roto, del cual sobresale una hornacina de medio punto enmarcada por pilastras de madera  rematada por un frontón semicircular en cuya clave se inserta una estrella refulgente con el escudo de la orden en su centro y sostenida por guirnalda en dorado. En el espacio interior de la hornacina, un óleo policromado que representa a un Niño Jesús Dormido sobre Cruz, estudio de este artículo. 


"Niño Jesús Dormido sobre lienzo en la parte superior del retablo de MMDD de Torredonjimeno"

 El Niño Jesús Dormido

En la Europa de los siglos XVII y posteriores, era muy frecuente la utilización de la imagen del Niño Jesús dormido. La escuela Boloñesa era un exponente en este sentido, siendo los artistas Guido Reni y Giacomo Francia un ejemplo de lo dicho.
A España llegó esta tendencia de la mano de Alonso Cano, Murillo y Alonso del Arco. Pero es sin lugar a dudas Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) quien más profundizó en dicha temática y el que más provecho sacó de las mismas. Conocida es su lienzo “Niño Jesús Dormido”, en el que se representa al niño Dios durmiendo junto a una calavera, símbolo de que Dios vencerá a la muerte, obra que podemos contemplar en el Museo del Prado.
Pero volviendo al retablo que nos ocupa, debemos describir la obra como un trabajo en óleo sobre lienzo policromado de finales del siglo XVII o principios del XVIII, de autor anónimo, que nos muestra a un rubicundo niño Dios durmiendo sobre la cruz inclinada. Su cara reposa sobre su mano derecha, mientras que la mano izquierda recoge, -en una posición forzada-, la bandera de la resurrección o del Cordero Pascual. El cuerpo, de trazo fino y delicado, se desliza sobre la cruz apreciándose las redondeces de su figura, propias de la escuela barroca.
El madero reposa sobre una pilastra arquitectónica rectangular, y a su lado, la lanza de Longinus, uno de los muchos atributos martiriales con los que se decora el cuadro. Sobre el madero se aprecia una tela desvaída, casi morada, a semejanza del color del hábito con el que se representa a Jesús Nazareno, y en el suelo, dos dados simbolizan el pasaje del evangelio de Juan 19-24[1] donde los soldados romanos se echarán a suerte las ropas de Nuestro Señor Jesucristo. Al lado de éstos, tres clavos propios del martirio, y debajo de ellos podemos apreciar lo que bien podrían ser las treinta monedas con las que Judas Iscariote vendió a Jesús. En la esquina inferior izquierda, y ténuemente resaltada, el espectador puede apreciar la corona de espinas.
En la parte superior del cuadro, a la izquierda, el velo de la Verónica en cuyo interior se aprecia el contorno de la Santa Faz del cual sólo está definido el trazo de su contorno. Por debajo del mismo, y apenas legible, se aprecia el títulus de INRI[2] con la particularidad de que la letra “N” está escrita al revés. Más arriba, un velo granate abierto –que simboliza el Velo del Templo- deja ver en el centro y de manera luminosa la figura del Espíritu Santo simbolizado en la paloma. Por debajo de ésta se aprecia un paisaje brumoso e indefinido que cierra el conjunto y que hace que el observador se centre en la figura principal.




"Niño Jesús Dormido sobre Cruz. Obra de Alonso del Arco"


Semejanza con la obra de Alonso del Arco

Alonso del Arco (1635-1704) es un artista español del barroco tardío perteneciente a la escuela menor de los pintores del Madrid de Carlos II.
En el año 1681 realizó su trabajo “Niño dormido sobre cruz”, obra que se encuentra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
En dicho óleo podemos apreciar las múltiples similitudes con el trabajo del retablo dominico tosiriano para lo cual pasamos a describir.
La obra de del Arco simboliza a un niño Jesús dormido, siendo su postura muy similar al trabajo anónimo objeto de nuestro estudio. Aunque la postura es muy similar, hay que destacar que en el caso de del Arco el niño Dios está de izquierda a derecha y en el de las dominicas tosirianas  está al revés. Por lo demás, podemos contemplar la misma cartela o títulus, y una mayor muestra de objetos martiriales así como mejor definidos.
Nos encontramos ante un óleo tenebrista, con predominio del oscuro frente al claro, siendo los focos de luz los emitidos por el Espíritu Santo en forma de paloma en la parte superior y la luminosidad del niño sobre el madero. El resto, aparece con colores vahídos, desvanecidos entre los grises fuertes y los negros matizados.

Aun así apreciamos en la parte superior izquierda, la 

escalera un estandarte romano con el lema SPQR; debajo, y

posado sobre una estructura o base de piedra, el gallo y a su lado la palangana y el jarrón con el que Pilatos lavó sus manos después de condenar al suplicio de la cruz a un inocente.
En la parte inferior izquierda podemos ver la vara con la esponja y a su lado, con la punta ensangrentada la lanza con la que Longinus atravesó el costado de Nuestro Señor. Debajo de estos atributos martiriales, aparecen otros como la corona de espinas, los vergajos con los que fue azotado Nuestro Señor y la caña que se le dio por cetro mientras los soldados se mofaban de Ecce Homo.
En la parte inferior, el observador puede apreciar el martillo, las tenazas junto a los tres clavos y por encima de estos el juego de dados (en este caso tres) con el que los soldados que custodiaban la cruz de Nuestro Señor se repartieron sus ropas (ver nota 1). En la parte derecha, al contrario que en el retablo dominico, aparece la Santa Faz en este caso mejor definida.

Conclusión

Las similitudes entre ambas obras son grandes. Podemos deducir que el autor anónimo del retablo tosiriano era conocedor del trabajo efectuado en 1681 por Alonso del Arco.
La temática, la postura y los adornos de la obra, así como la composición de la misma demuestran sin lugar a dudas este hecho.
Podemos pues, presumir en Torredonjimeno, de tener un trabajo pictórico de gran calidad reflejo de una obra de mayor calado conservada en la actualidad en el Museo de Bellas Artes de la Real Academia de San Fernando.

Notas: 
[1] Juan 19-24 “Por tanto, se dijeron unos a otros: No la rompamos; sino echemos suertes sobre ella, para ver de quién será; para que se cumpliera la Escritura: REPARTIERON ENTRE SI MIS VESTIDOS, Y SOBRE MI ROPA ECHARON SUERTES”.
[1] En la antigua Roma era frecuente que los reos fuesen llevados desde el lugar donde se dictaba la sentencia hasta el patíbulo recorriendo las calles en procesión, para dar escarmiento y ejemplo público. Los condenados a crucifixión portaban por lo general el travesaño a sus espaldas, pues los romanos dejaban el poste vertical en el mismo lugar para poder ser utilizado en posteriores ejecuciones. En el cuello del reo se colocaba el títulus, o cartel en el que se reflejaba los delitos cometidos por el infractor. En el caso de Jesús, dicho texto estaba escrito en tres lenguas, en hebreo (o arameo, la lengua usada en tiempos de los apóstoles en Jerusalem), en griego y en latín. El acrónimo INRI venía a decir: IESVS NAZARENVS REX IVDEARVM. En este caso, el delito por el cual se condenó a muerte a Jesús, fue por el haberse proclamado rey de los judíos y por lo tanto entrando en conflicto con la Ley Romana que gobernaba dichos lugares en esos año. Este hecho y el ver este títulus colgado del cuello de Jesús irritó notablemente al Sanedrín, pues éstos no reconocía a Jesús como su rey. N.A.

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