sábado, 31 de diciembre de 2016

LA MEMORIA HISTÓRICA DE 1650 Y 1942

Pedro Rico, ejecutado injustamene en 1942


NO ES UNA FICCIÓN BORGIANA, ES UN CASO HISTÓRICO

Manuel Fernández Espinosa ("Aitzindari")


La reciente publicación del retrato de Pedro Rico Blanca (q.e.p.d.) me ha conducido a contar algunas cosas que podrán ser del interés de los lectores de nuestro blog. Lo que voy a contar fue para mí un hallazgo sorprendente y diría que providencial. Primero, fue encontrar los datos... Pero cuando reparé en la coincidencia del nombre y apellidos pensé si no era materia de uno de los relatos del genial Jorge Luis Borges. 

Voy a contar el caso, pues merece la pena por un justo ejercicio de memoria histórica que podemos remontar al siglo XVII.

En el año 2000 mi amigo Luis Gómez y yo trazábamos los artículos que conformarían el número 5 de nuestra revista local ÓRDAGO. Investigando en los archivos habíamos topado con una mención que nos pareció en extremo tan enigmática como sugerente. En un libro de primeros del siglo XIX pudimos leer: "y también a los que mueren por disposición de la Justicia (...) como consta de los muchos exemplares verificados en el año del tumulto que fue el de seiscientos y cinquenta". Aquello del "tumulto" era la primera vez que lo veíamos. Intuimos que ahí había una historia sin contar que merecía la pena trabajarla. En ese sentido, pensamos que la persona más competente para hacerlo no era otro que el historiador Francisco-José Téllez Anguita, sobradamente conocido por sus muchísimas aportaciones a nuestra historia. Hablando con Francisco-José Téllez nos confirmó que, en efecto, según sus investigaciones en los archivos municipales había constancia de un "tumulto" que tuvo como resultado el linchamiento del entonces alcalde Alonso Cobo. Téllez Anguita tenía suficientes datos como para hacer un artículo que publicamos en ÓRDAGO: "Un motín de subsistencia en el Torredonjimeno del siglo XVII". Por lo que se deducía del fragmento del siglo XIX la revuelta fue sofocada con dureza e incluso con la ejecución de algunos tosirianos. Faltaba saber quiénes eran y por eso Luis Gómez y yo nos volvimos a meter en los archivos parroquiales de San Pedro Apóstol y esa felicidad que posee al investigador se volvió a producir cuando felizmente dimos con el nombre de los ajusticiados el 10 de julio de 1650. Eran seis (subrayo lo de seis) y sus nombres eran:

Pedro Rico Martos

Benito Rabadán

Luis de Guevara

Juan Báez

Bartolomé de Ortega Fuenlabrada

y Bartolomé Sánchez.

Hasta aquí, todo bien. Lo que me produjo un escalofrío fue que, pasados los años, leyendo "La Guerra no acabó en el 39" de Luis Miguel Sánchez Tostado, pude ver por fin los nombres de los seis tosirianos ejecutados el 28 de octubre de 1942. Que los ejecutados en la plaza mayor de 1650 fuesen seis, ya era una coincidencia. Pero la coincidencia más sorprendente era encontrar que el nombre y apellido de Pedro Rico estaba en la lista de ejecutados de 1650 y el mismo nombre y apellido -Pedro Rico- volvía a repetirse en 1942. Lo llegué a comentar en alguna conferencia que otra sobre el asunto, nada más descubrirlo.

La historia de 1942 se la escuché a más de uno de mis mayores; ya había democracia y me lo contaban todavía con voz baja, no fuese que nos oyera alguien. Me lo contó, por ejemplo, mi vecino Cosme Moreno y sé que mi abuelo fue uno de los muchos vecinos que primero metieron en el Bar Regina, para luego llevarlos a ver los cadáveres: toda la gente que se hallaba en la plaza mayor ese día fue conducida al interior de los bares y algunos señoritos estaban en el balcón del ayuntamiento, asistiendo a la ejecución como quien va a los toros. D. Juan Montijano de la Chica fue el encargado de suministrar los últimos auxilios espirituales a los reos. Y Cosme Moreno decía que uno de aquellos antes de morir había gritado: "¡Viva el comunismo!" antes de segársele la vida: no lo sé, la verdad, pero eso fue lo que me contaron. Esa historia es sobradamente conocida en Torredonjimeno, estremece todavía que seis inocentes fuesen ejecutados. Los antecedentes de la ejecución pública de octubre de 1942 pueden encontrarse en que una partida del maquis había asesinado a D. José Calabrús, rico hacendado local. Pero se decidió dar un escarmiento a la población, haciéndole pagar a justos por pecadores, pues hay que destacar que -como todo el pueblo sabía- aquellos seis convecinos nuestros no tenían nada que ver, se dedicaban al estraperlo, sí: pero no habían matado al Calabrús.

Nos lo cuenta el nieto de D. Pedro Rico Blanca: "El 28 de octubre de 1942 el Juez Militar, teniente Jesús Cortés Cortés ordenó de forma sorprendente y aleatoria que seis de los catorce detenidos por estraperlo fueran conducidos desde la prisión provincial hasta la plaza del pueblo donde fueron fusilados en un acto público ejemplarizante que provocara el terror en la población izquierdista de Torredonjimeno, que fue obligada a circular ante los cadáveres después de escuchar los aplausos y vivas a España de las autoridades y derechistas del pueblo cuando estos desdichados cayeron acribillados siendo totalmente inocentes del crimen del que se les acusaba y después de sufrir durísimas torturas en la prisión provincial", así lo cuenta el nieto de uno de ellos, Pedro Rico Martos, en "28 de octubre de 1942. Un día negro en la historia de Torredonjimeno (Jaén)"

Luis Miguel Sánchez Tostado que ha estudiado exhaustivamente esa época pone de manifiesto que la medida, además de injusta y extrema, era poco frecuente: "La pretensión de organizar un acto de represalia ejemplarizante tras el asesinato de D. José Calabrús lo prueba el hecho de ser conducidos a su pueblo natal para ser ejecutados, algo verdaderamente inusual para los recluidos en la prisión provincial, pues los condenados a pena de muerte, independientemente del municipio de su naturaleza, fueron ejecutados en el cementerio de San Eufrasio de la capital. A ello hay que sumar la ausencia del requisito legal preceptivo de confirmación o conmutación por el Jefe de Estado para que la ejecución de la sentencia a la última pena pueda llevarse a efecto." ("La Guerra no acabó en el 39. Lucha guerrillera y resistencia republicana en la provincia de Jaén -1939-1952"; la letra negrita es mía).

Los ejecutados aquel día de 1942 fueron:

Pedro Rico Blanca

Francisco Cañada de la Cruz
 
Pedro Jaén Arquillos
 
Manuel Lozano Martos
 
Juan Pérez Aguilera
 
Juan José Gómez Hornos.

Seis en 1650 y seis en 1942. Y en los dos casos nos encontramos a un Pedro Rico. Si esta historia la hubiera conocido Jorge Luis Borges, ya digo, hubiera salido una de sus mágicas narraciones.

Los seis de 1942 yacen aún en el patio primero del cementerio de Torredonjimeno, en la fosa común con el Código 2308701 del Mapa de Fosas de las Víctimas de la Guerra Civil y la Posguerra de Andalucía, elaborado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Al margen del caso de las coincidencias nominales, es justo reivindicar la memoria de todos los caídos y más todavía cuando no derramaron sangre de nadie y la suya fue derramada, truncándoles la vida a ellos y a sus familias. En aquella conferencia que pronuncié sobre el asunto para un auditorio local reclamé -y ahora nuevamente lo hago- que sería un acierto que nuestra Plaza Mayor tuviera una lápida en memoria de los seis de 1650 y de los seis de 1942.

Perdonar, corresponde a las víctimas, es un derecho inalienable de ellas. Pero una comunidad no puede permitirse el lujo de olvidar a sus vecinos, caídos por el aparato represor de los poderes.


No quiero terminar sin agradecer a José Rico Teba, nieto de Pedro Rico Blanca, y a Antonio Rama Cámara, colaborador de ÓRDAGO, sus aportaciones escritas y gráficas.

Feliz Año 2017 a todos.
 

1 comentario:

  1. Estimado amigo, acabo de leer su fantástica entrada. Me ha causado impresión que en ambos ajusticiamientos apareciera el nombre de Pedro Rico. Es Sorprendente. Desde aquí quiero darle las gracias por dar a conocer la verdad de lo que le sucedió a mi abuelo y a los otros cinco jóvenes asesinados.

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