lunes, 10 de noviembre de 2014

ESPIRITISTAS DE TORREDONJIMENO

Fotografía de época del tosiriano Cristóbal Bonilla Cózar, (alias masónico) "Melgarejo".
 
CRISTÓBAL BONILLA CÓZAR: UN TOSIRIANO ENTRE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA Y EL ESPIRITISMO ACTIVO
 
 
Por Manuel Fernández Espinosa
 
 
Una de las creencias más arraigadas en la humanidad es la de la supervivencia del “alma” tras la muerte del cuerpo. Desde los más remotos tiempos, las más variadas religiones han asumido que existe una vida de ultratumba. En Egipto se empleaba, aproximadamente desde el año 1500 antes de Cristo, el famoso “Libro de los muertos” a fin de servir de viático a las almas de los difuntos y conducirlas a la otra vida, tras el juicio de Osiris. Tampoco falta en la Grecia clásica testimonios de la creencia en la supervivencia del alma: puede verse en Platón, pero en la “Odisea” de Homero nos encontramos incluso con un episodio en que Ulises se comunica con las almas de algunos muertos. Y esa es, en una versión moderna, la clave del espiritismo.
 
EL ESPIRITISMO Y SUS PELIGROS
El espiritismo supone que es posible la comunicación entre vivos y muertos sirviéndose, por ejemplo, de “médiums” (personas que, por la razón que sea, supuestamente pueden entrar en un estado de trance y servir de canales para que los “espíritus” se pongan en contacto con los espiritistas). El vocablo “espiritismo” fue acuñado por el francés Allan Kardec (1804-1869) que publicó “El libro de los espíritus” en 1857. Por este libro y otros, Kardec pasa por ser considerado el codificador del espiritismo, pero el espiritismo se había propagado por América y Europa, formando toda una asociación internacional organizada a manera de “iglesia”.
Ya a principios del siglo XX, el doctor Joseph Lapponi publicaba en 1907 un libro con el título “L’Hypnotisme et le Spiritisme”. En sus páginas, el eminente doctor era de los primeros que se anticipaba a prevenir, a la luz de su experiencia clínica, contra las prácticas espiritistas por el riesgo que suponen para el equilibrio psicológico de quienes participan en ellas, con estas palabras: "El espiritismo presenta para la sociedad y para el individuo todos los peligros, así como todas las consecuencias funestas del hipnotismo; y presenta mil otros más deplorables todavía. En los individuos que desempeñan el papel de médium, y en aquéllos que asisten a sus operaciones, el espiritismo produce ya sea obnubilación o ya sea exaltación mórbida de las facultades mentales; provoca las neurosis más graves, las más graves neuropatías orgánicas” (El Hipnotismo y el Espiritismo, Joseph Lapponi, 1907).
Otro de los grandes desenmascaradores del espiritismo fue el esoterista René Guénon que en su libro “El error espiritista” (1923) pone en guardia contra las consecuencias nefastas de esta práctica, entre las que destaca:
“Los peligros psíquicos no pueden separarse enteramente de los peligros físicos, pero aparecen como mucho más constantes y más graves todavía; recordamos aquí, una vez más, las obsesiones de carácter variado, las ideas fijas, los impulsos criminales, las disociaciones y alteraciones de la consciencia o de la memoria, las manías, la locura en todos sus grados (...) En suma, todo eso tiende pura y simplemente a la desagregación de la individualidad humana, y a veces la alcanza; las diferentes formas de desequilibrio mental mismas no son en eso más que etapas o fases preliminares, y por deplorables que sean ya, jamás se puede estar seguro de que no irán más lejos” (“El error espiritista”, René Guénon, 1923).
Sin embargo, a pesar de todas las tragedias personales que ha provocado esta práctica aberrante, condenada tanto por la medicina, los esoteristas más serios como Guénon y por la misma Iglesia Católica, el espiritismo no sólo se difundió, sino que revistió incluso un carácter político.
 
ESPIRITISMO: LA PSEUDO-RELIGION DEL PROGRESISMO REVOLUCIONARIO
En la segunda mitad del siglo XIX, el espiritismo ya se había asentado de una manera más o menos clandestina en la sociedad española. En 1855 estaba activa una Sociedad Espiritista en Cádiz. Y aunque el signo progresista del espiritismo era algo internacional, en España el espiritismo fue el sustituto religioso de grandes sectores del progresismo político de izquierdas. No escapó ni una provincia española a la expansión de esta pestilencial doctrina y práctica: aquí las logias masónicas sirvieron como receptáculos de estas teorías y prácticas perniciosas. Nuestra provincia de Jaén conoció la moda del espiritismo e incluso fue residencia y tierra natal de espiritistas destacados.
 
DOCTRINARIOS ESPIRITISTAS EN ANDÚJAR
 
Aunque nacido en Cartagena el año 1837, Manuel Isidoro Prudencio González Soriano viviría y moriría en la provincia de Jaén. En abril de 1858 fue nombrado telegrafista y resultó destinado a Andújar para desempeñar su cometido profesional. Este telegrafista se había iniciado en la filosofía krausista (que en la España del siglo XIX era la moda filosófica a la que se adherían todos los hombres que se consideraban progresistas. Fueron krausistas los que impulsaron la Institución Libre de Enseñanza y la famosa Residencia de Estudiantes), pero González Soriano, además de asumir el krausismo, se interesó y “estudió” el espiritismo publicando en 1881 su libro “El espiritismo es la filosofía”. González Soriano publicó más libros sobre su peculiar filosofía que quería ser una síntesis del krausismo y el espiritismo. Entre los principios que González Soriano identificaba como propios de su “krauso-espiritismo” se explicitaba el mito del progreso infinito con estas palabras literales: “Evolucionismo universal de la esencia para la realización del progreso, en pluralidad de mundos, de sustancias y de seres” (“El espiritismo es la filosofía”, 1881). Este pintoresco filósofo espiritista que vivió gran parte de su vida en Andújar llegó a Subdirector de Segunda del Cuerpo de Telégrafos y falleció (o, como gustan decir los de su secta espiritista, “desencarnó”) en Andújar el 2 de noviembre de 1885.
A Torredonjimeno llegó el espiritismo y, como solía ocurrir, se sirvió de los canales más progresistas de la entonces villa. En 1885 se fundaba en Torredonjimeno la logia local “Unión Fraternal”, sujeta bajo las consignas del Grande Oriente Nacional de España. Con antelación a su fundación, en Torredonjimeno se había formado una primera célula masónica: el triángulo “Numa Pompilio”. Entre los miembros de “Unión Fraternal” destacarían personajes de la política local de aquel momento, casi todos vinculados a partidos republicanos. Entre ellos cabe mencionar a Juan de Dios Carazo Cañada o Patricio Hernández Serrano (cuya lápida funeraria descubrimos nosotros en el cementerio tosiriano (véase mi artículo “La Masonería en Jaén: La logia Unión Fraternal de Torredonjimeno”, en revista cultural ÓRDAGO nº 9, año 2005). Y un año antes de la fundación de esta logia nacía en Torredonjimeno, el 4 de noviembre de 1884, Cristóbal Bonilla Cózar.
 
EL CASO DE CRISTÓBAL BONILLA CÓZAR
Cristóbal Bonilla Cózar se colegió como abogado y por razones todavía por descubrir abandonó la península y se estableció en las Islas Canarias, perteneciendo en un primer momento al Partido Republicano Federal de Las Palmas de Gran Canaria, formando parte de su Junta Directiva. Ocupó cargos públicos, como concejal (de 1913 a 1915) del Ayuntamiento de Las Palmas por ese mismo partido. Por aquellos tiempos, ya establecido en Canarias y bajo la dirección del líder federalista José Franchy y Roca (1871-1944), el tosiriano Cristóbal Bonilla Cózar destacó como uno de los protagonistas de los motines “anticonsumo” que se organizaron en Las Palmas de Gran Canaria. Más tarde, Bonilla Cózar ingresó a la masonería, corriendo el año 1924 y adoptando el “nombre iniciático” (alias) de “Melgarejo”. Perteneció a la logia “Andamana” de Las Palmas y en la sociedad secreta ascendió al Grado 30. Nuestro paisano Cristóbal Bonilla Cózar, como muchos otros federalistas de la época (a la cabeza de los cuales estaba el histórico Franchy y Roca), se convertiría al socialismo, pasando a militar en la UGT y en la Agrupación Socialista del Partido Socialista Obrero Español.
Su profesión como procurador y sus cargos los alternaba con la literatura, colaborando en los periódicos insulares de las organizaciones políticas y sindicales en las que militó, pero también publicando en 1930 el drama en tres actos “La justicia histórica”. Pero su militancia masónica no se ceñía a los tejemanejes propios de la política, como es lo más común entre los masones, sino que podemos aseverar que el hermano “Melgarejo” (Cristóbal Bonilla Cózar) perteneció al “plano interior” de la asociación ocultista, pues pocos masones se ocupaban de explorar los campos del ocultismo y, en concreto, del espiritismo y la teosofía. Esto puede desprenderse de su libro, aparecido el año 1928, y que ostenta el luengo título de: “Los amigos del Más Allá. Novísima Doctrina. El Ser por su sólo impulso, llega al Infinito. Revelación de los Ángeles Aleluyas al Arcano Manuel Hernández Quesada y Hermano Mayor del Mayor por escritura autográfica”. Como se deduce de título tan generoso, la técnica espiritista que parece haber empleado el hermano “Melgarejo” es la “escritura automática”, puesta en boga por esos mismos años por algunos artistas surrealistas que tanta afinidad tenían por las ciencias ocultas como el espiritismo, el tarot y otras prácticas reprobables. Uno quisiera saber lo que son los "Ángeles Aleluyas"... Pero vaya usted a saber lo que serán esas entidades producto de los delirios psiquiátricos del espiritismo.
Cristóbal Bonilla Cózar regresó a la península, instalándose en Madrid y viéndose obligado a exiliarse tras el desenlace de la guerra civil. Falleció el 10 de noviembre de 1945 en Oradour sur Glane (Haute Vienne, Francia)..
 
BIBLIOGRAFÍA:
“Historia de las sociedades secretas. Movimientos iniciáticos, sectas y órdenes espiritualistas”, Ramiro A. Calle.
“El hipnotismo y el espiritismo”, Doctor Joseph Lapponi.
“El error espiritista”, René Guénon.
“Motines insulares”, Agustín Millares Cantero.
“José Franchy y Roca: 1871-1944”, Jesús Felipe Redondo.
“Historia de la francmasonería en Canarias (1739-1936), vol. 2, Manuel de Paz Sánchez.
“La Masonería en Jaén: La logia Unión Fraternal de Torredonjimeno” Manuel Fernández Espinosa, Revista Cultural ÓRDAGO, nº 9, año 2005.

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