miércoles, 18 de febrero de 2015

ANTERO JIMÉNEZ SÁNCHEZ, EL POETA DE LO CERCANO

 

UN POETA DE TORREDELCAMPO

Manuel Fernández Espinosa



Asistimos este año a uno de los aniversarios que ha de congratularnos a todos los tosirianos. Celebramos los cincuenta años que cumple nuestro Instituto de Enseñanza Secundaria "Santo Reino". Quiero contribuir a esta celebración rindiendo un sincero homenaje a uno de esos muchos profesores que pasaron por sus aulas: D. Antero Jiménez Sánchez.

A veces, muchas veces por desgracia, lo más próximo se nos convierte en lo más desconocido, los más prójimos se nos vuelven los más lejanos, y eso es lo que ha pasado con este viejo profesor y poeta, natural y vecino de Torredelcampo, D. Antero Jiménez Sánchez. Apenas se conoce su obra poética en Torredonjimeno, pero muchos tosirianos recordarán su nombre por haber sido durante muchos años, hace ya mucho tiempo, profesor en el Instituto de Enseñanza Secundaria "Santo Reino".



Antero nació el 28 de Diciembre de 1906 en Torredelcampo. Estudió el Bachillerato en el Instituto de Jaén y cursó la carrera de Derecho en la Universidad de Granada así como parte de la de Filosofía y Letras.

Desde los doce años empezó a componer sus bisoños versos que luego serían recogidos en un poemario titulado "Cosas de mi Lira". Era la suya por aquel entonces una poética inspirada en sus primerizas lecturas de Espronceda, Campoamor y Zorrilla. La obra infantil y juvenil de D. Antero constituirá el embrión de su posterior producción literaria, en la que tendrán sus ecos la melancolía y la ternura de Gustavo Adolfo Bécquer hasta la purificación de su lira en la diamantina palabra y el exacto nombre de Juan Ramón Jiménez.

Sus poemas aparecieron esporádicamente en revistas y periódicos como "Advinge", "Alver de Olivo" o Diario "Jaén". Algunos de sus poemas también verían la luz en antologías poéticas aparecidas en Madrid y Barcelona. La contemplación enamorada del paisaje vernáculo, la pertenencia al suelo patrio, la soledad del campesino y la sencillez de un estilo de vida vinculado al terruño alimentan su poesía. Inspiraban a D. Antero los atardeceres de la campiña y las panorámicas que se abren a la vista desde el contemplatorio del Cerro de Santa Ana, y sobre todo lo humano -mester de juglaría- que se derrama en conversación, romerías, ferias y paseos, sobre esa poesía humana, planeará el águila de lo religioso -mester de clerecía- que otea entre el Cielo y la Tierra, tan a las veces ave solitaria, aspirante a la enclaustración en sí mismo, con la promesa de encontrar el ápice que es fontanar de toda vida interior:



Que no me hablen de nadie;

de nadie quiero saber.

Quiero vivir en mí mismo,

en lo hondo de mi ser

porque dentro llevo el mundo

y el Universo también.



Cuando se inicia la guerra civil española, D. Antero Jiménez se hace cargo de la dirección del semanario "Nueva Humanidad" que se lanzó en Torredelcampo allá por 1936-37, era esta publicación fiel portavoz de la II República española, pero ajena a las consignas de los sectores más radicalizados que clamaban por una revolución marxista en el seno de la República liberal.

También fue D. Antero uno de los fundadores del círculo cultural "La Peña", grupo que nació en Torredelcampo como iniciativa de algunos lugareños cultos que tuvieron la idea de congregarse con objeto de paliar el aburrimiento pueblerino, exorcizando aquel tedio con la amistad fraterna y la cultura. "Llevamos cada uno una silla y un libro; bellos símbolos del sosiego y la cultura" -escribía D. Antero cuando rememoraba la creación de aquel círculo cultural. Tertulias, lecturas poéticas, conferencias como la que el mismo D. Antero pronunció sobre el "Poema del Mio Cid", excursiones al campo, ascensos a los montes y paseos por los bosques turdetanos, intercambio fecundo de libros y de ideas... el círculo cultural La Peña de Torredelcampo fue refugio de nuestro poeta y uno de los motores del progreso cultural y humano de Torredelcampo.

D. Antero compaginaba su vida literaria con la vocación docente que desempeñaba en el Instituto de Torredonjimeno, donde ejercía como profesor de "Lengua y Literatura" y "Geografía e Historia". Fruto de esta vida profesional, a caballo entre Torredelcampo y Torredonjimeno, es la evocación en prosa del parque botánico tosiriano por el que paseara tantas veces entre clase y clase, tal como nos lo confiesa él mismo: "El parque de Torredonjimeno... lo he paseado en otoño, en invierno y en primavera; y en verano, en el rigor de la siesta de julio, cuando el pueblo duerme bajo el sopor del sol amarillo... bajo las frondas acogedoras de sus glorietas".

Antero Jiménez era amante de la naturaleza y un auténtico amigo de sus amigos. Por eso dedicó al Alcalde de Torredonjimeno, D. César Gallo Arnedo, un justo elogio en reconocimiento al papel del Alcalde como promotor de la hacendera que había levantado nuestro parque botánico: "...cuando los pueblos se quedan sin árboles, nos has traído este bello parque... aunque no hubieras hecho otra cosa por Torredonjimeno, basta tu parque para que tu recuerdo sea perenne". Pues el poeta sabía que: "Los pueblos sin parque son pueblos sin primavera".

La poesía que une y no la que separa fue la que cultivó D. Antero, pues no mereciera jamás el nombre de poesía el fruto podrido de cualquier odio que disgrega y no reúne. Así aparecen en los versos de Antero los pueblos colindantes, unidos en devota confederanza para tributar homenaje a la Abuela Santa Ana en su romería grande. Lo leemos en su poema "El Cerro Miguelico":



"La explanada de la Ermita

va reuniendo a cuatro pueblos:

"Torrecampo", Jamilena,

Martos, Torredonjimeno

que se esparcen por familias

en el monte verdinegro."



Tuvimos a este poeta de Torredelcampo para que nos cantara en sus versos eso que se nos pasa por alto, tal vez por tratar con ello a diario; y cantándonos lo más cotidiano nos lo fue redescubriendo. En castellano contemporáneo el vocablo "vivienda" tiene un uso común y prácticamente exclusivo: "vivienda" se emplea como sinónimo de "casa", de "habitáculo". Pero en castellano antiguo, la palabra "vivienda" también significaba "el estilo de vida", "el modo de vivir". Rescatando esta arcaica acepción caída en desuso podemos decir que, en ambos sentidos, Antero es el poeta de la "vivienda", el poeta que revela lo hogareño y levanta el acta de defunción de "viviendas" que se han perdido con la invasión de otras formas de vida. En su poema "Aire nuevo" constrata Antero la vivienda de ayer -"aquel aguardiente seco" que bebía el capataz con sus obreros en la vieja taberna- con el estilo de vida, extranjerizante y ruidoso, que irrumpe en los pueblos:



Por la taberna se cuela

un aire de tiempo nuevo

de whisky y cubalibres

y señoritos gamberros.



Pero Antero también inventa habitáculos nuevos en los que el hombre pueda vivir. Propone a los arquitectos que, cuando edifiquen las casas confortables de hoy, no sólo proyecten dormitorios, comedor, cocina y salón, sino que también -les pide- echen las líneas para un nuevo espacio que él denomina "el lloradero": "El lloradero sería un cuartito reducido y limpio, con una mesa y un crucifijo, algo así como un pequeña celda de monjitas... Todos los días entraríamos en el lloradero, nos reconcentraríamos unos minutos y lloraríamos media hora por la humanidad doliente y caída...". Nos vendrían bien estos lloraderos en las casas, para dedicar ni siquiera media hora a pensar en los otros, para que no nos engañe la ilusión de ser nosotros el centro del universo.

Su poesía también nos advirtió de la devastación que produce la Edad de la Técnica, cuando los artefactos vienen a modificar las relaciones del hombre con su entorno, destruyendo la belleza de lo natural en nombre de un presunto progreso. Así su poema titulado "El tractor":



Ya viene el tractor horrible

que con su infernal arada

va destruyendo las rosas

en esta tierra rosada.

Tractor de infernales hierros,

sin corazón y sin alma,

armatoste de ruidos

y olor que produce náuseas,

no te lleves la belleza

cuando la tierra arañas...

¡Tractor, fruto de estos tiempos,

sin corazón y sin alma!



Del centro de enseñanza media y profesional local surgió un periódico de publicación irregular: "Toxiria". Eso era allá por 1953 y se prolongó hasta 1955. Este periódico reaparecería en su segunda época, corriendo el año 1961, sin que superara los ocho números. En sus páginas escribían los alumnos del Instituto, como el poeta y estimado amigo nuestro Manolo Reyes Muñoz, hoy afincado en Madrid. No he accedido a los ejemplares que pudieran conservarse, por lo que ignoro si el profesor D. Antero Jiménez tuvo que ver algo en el proyecto de esta revista o bien llegó a publicar alguna pieza de su producción propia en ella.

Aquel trabajador de la enseñanza que dio lección en el Instituto Laboral de Torredonjimeno a generaciones de tosirianos, aquel culto profesor que leía a Kant y a Berceo a la sombra de nuestra arboleda, frente al Instituto Santo Reino, aquel precoz y constante agricultor de la poesía, el torrecampeño D. Antero Jiménez Sánchez, pasó a mejor vida el 1 de enero de 1986; descanse en paz su alma. Pero no descansen nunca sus versos en el olvido, volvamos a ellos, repensando lo que nos dice en la letra este hombre que todavía alienta en sus poemarios. Puede que esos libros suyos nunca sean superventas mundiales, pero nos hablan de cosas más nuestras que todos los demás que podamos leer. Sus libros todavía pueden encontrarse en las librerías de su pueblo natal.

La Torredelcampo, población que como pocas saben honrar a sus profetas y a sus poetas, todavía recuerda agradecida a Antero Jiménez Sánchez, poeta y profeta. Permítanme sus paisanos que lo conocen mejor que yo honrar su memoria con estos modestos renglones. Sepan cuantos me lean que lo he hecho desde la fraternidad que me une al poeta y desde el cariño que profeso a su pueblo Torredelcampo, vecino del nuestro.
 
Publicado en edición impersa en DIARIO TORREDONJIMENO

martes, 17 de febrero de 2015

BEATO FRAY DIEGO DE CÁDIZ, TAUMATURGO Y PROFETA CONTRA-REVOLUCIONARIO


 

MAYO DE 1780: UN SANTO PASA POR TORREDONJIMENO

Manuel Fernández Espinosa


Hubo en la España del siglo XVIII un capuchino, beato fray Diego José de Cádiz (nacido el 30 de marzo de 1743 y muerto el 24 de marzo de 1801), que sobresalió en las misiones populares que iniciara el año 1771, y a las cuales dedicaría los últimos treinta años de su santa vida. La Iglesia lo ha beatificado, y se espera que algún día lo canonice, elevándolo a los altares.
 

Todo su aspecto, como bien muestran los retratos que se conservan de él, era el de un asceta. Tenía aquel fraile las hechuras propias de aquellos ermitaños del desierto, que después de vencer tentaciones sin cuento a fuerza de oración y prolongados ayunos, arribaban a los poblados, ardiendo en celo por la gloria del Señor, para transmitir, y no sólo decir de palabra, a sus hermanos los hombres que el mismo Dios se había encarnado en Jesucristo, que Jesucristo había sido crucificado, había resucitado y vive entre nosotros.
 

El andariego beato fray Diego José de Cádiz estuvo en el Santo Reino de Jaén, como lo pone de relieve el trabajo de investigación que debemos al estudioso marteño D. José Cuesta Revilla.
 

Los días 13, 14 y 15 de mayo de 1780 el beato capuchino estuvo en la vecina ciudad de la Peña, pero en el camino, procedente de Jaén y rumbo a Martos, a la fuerza había de pasar por Torredelcampo y por Torredonjimeno. Así nos lo cuenta el propio fraile bienventurado, en una carta dirigida a su confesor:
 

"El día 13 -escribe fray Diego José de Cádiz- salí de Jaén y llegué a Martos, que dista tres leguas. Por el camino hubo lo común de salir los pueblos de la inmediación en tanto número que no bastaba la escolta de soldados que nos acompañaba y sus caballos para precavernos. ¡Qué tumultuarse los pueblos de Torredonjimeno y Torredelcampo, saliendo al camino y sus arrabales por donde era forzoso el tránsito! ¡Qué atropellarse unos a otros por llegar a este miserable! Veía llorar a gritos, hombres, mujeres y niños, unos pidiendo la lluvia, otros compungidos de sus culpas y todos clamando: ¡Padre de mi alma!, ¡Padre de mi alma!, ¡Padre de mi corazón!, y otras semejantes expresiones. Costó mucho trabajo, tiempo y fatiga vernos libres de estos pueblos."
 


LA GRACIA DE DIOS INTERVIENE A TRAVÉS DE FRAY DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ



Entre los muchos agraciados de aquellos prodigios que Dios obraba a través de su siervo Beato fray Diego José de Cádiz, hubo un dichoso clérigo de Torredonjimeno, el freyle calatravo D. Manuel Antonio Zorrilla, que comprobó los efectos del taumaturgo. Era a la sazón D. Manuel Antonio Zorrilla el cura rector de San Amador de Martos.


Semanas antes de la llegada del beato Diego José de Cádiz a nuestros predios en loor de multitudes, dicho prior de San Amador había acogido en su casa a su hermano, D. Francisco Alonso Zorrilla, de 43 años de edad y que por lo corriente residía en Torredonjimeno. Estaba D. Francisco Antonio aquejado de unos dolores estomacales, que serían su fin y buscaba aquel tosiriano el calor y la compaña de su hermano, el cura prior de Martos. En la casa rectoral, bajo los auspicios fraternales, convaleció D. Francisco Antonio, muriendo en su lecho de dolor el 5 de abril del mismo año del paso de fray Diego José (Libro IV de Sepelios, Archivo Histórico de la Parroquia de Santa María, fol. 137).


Todavía pesaba en el clérigo tosiriano residente en Martos la reciente pérdida de su hermano a quien había dado cristiana sepultura en el suelo sagrado de Santa María de Torredonjimeno, pero a esa aflicción se le añadían unas jaquecas o migrañas que lo atribulaban de un tiempo a esa parte, condenándolo a una sordera que avanzaba y que prácticamente lo había inutilizado. Los fieles acudían a su confesionario, y el pobre hombre a duras penas podía oírles sus pecados. Veamos, por su fidedigna declaración, la notoria mejoría que experimentó tras el trato que tuvo con el beato fray Diego José de Cádiz.


"Frey D. Manuel Antonio Zorrilla del hábito de Calatrava, prior de dicha villa depuso; que padeciendo de muchos años unos tremendísimos dolores de cabeza que le impedían todo estudio y aplicación al confesionario, pues de ellos le había resultado una extraordinaria torpeza de oído, en el primer día que allí estuvo el P. Fray Diego le suplicó le leyese un Evangelio, á que se prestó muy pronto, sentí, dice, un alivio muy particular al contacto de su mano, y desde luego tan bueno y firme en el oído, que llevando en los días de la misión ocho, ó diez horas de confesionario, no volví a padecer ni aquellos dolores, ni tal incomodidad."


El beato fray Diego también participaba del don profético. Las prédicas del popular fraile de Cádiz advertían de los peligros que entrañaban las turbias corrientes ideológicas, impías y ateístas, que en la Francia de la época campaban a sus anchas. Estas ideas iban preparando el camino a la orgía sangrienta que fue la Revolución Francesa que nueve años después, en 1789, tendría lugar. El bienaventurado gaditano se anticipó a su tiempo, y con anterioridad a la invasión napoleónica, advirtió a los españoles el peligro que entrañaban las tormentas revolucionarias que se cernían sobre Europa, los ríos de sangre que la soberbia de los envanecidos ilustrados y la lujuria de los libertinos derramarían.


Algunos descreídos, a todo esto le denominan "oscurantismo" o "milagrería". Nosotros, creyentes, sabemos que todas estas cosas son lo que Cristo nos enseñó: fe que mueve montañas, la fe que mueve a los pueblos.

sábado, 24 de enero de 2015

IN MEMORIAM DON JUAN PÁRRAGA BARRANCO


"Una de las últimas fotografías  en las que se ve a D. Juan Párraga, en la presentación de su libro Vida de un cura Feliz "


 Luis Gómez y Manuel Fernández

Este mes de enero, el día 16, nos dejó el que fuera párroco de San Pedro de Torredonjimeno D. Juan Párraga Barranco.

Don Juan recaló en la localidad por decisión del que por entonces fuera obispo de Jaén D. Santiago García Aracil. Tras una reforma del sacerdocio de la diócesis, estimó oportuno que el que por ese entonces era titular de San Pedro de Torredonjimeno, D. Manuel Peláez, pasase de arcipreste a vicario de la localidad de Villacarrillo y en su sustitución viniese D. Juan Párraga.

No lo tenía fácil, y no era pequeña la tarea que se le encomendaba a don Juan. D. Manuel ya había recibido la orden del obispado de erigir un nuevo templo en el barrio del Olivo, pero con su traslado, todo quedaba en suspenso. Todo quedaba por hacer para el sucesor.

D. Juan, hombre activo y emprendedor donde los haya, no tenía ya la juventud ni la fortaleza de antaño, cuando había levantado las casas de retiro y para monaguillos en Ibros y Baeza, pero aceptó el reto y se puso manos a la obra. 


"Fachada de la Iglesia de Nuestra Señora del Olivo de Torredonjimeno. Templo que realizó D. Juan Párraga para Torredonjimeno"

Fue en San Pedro donde nos lo encontramos, y desde ese día, una amistad sincera nos unió. Continuamos con la labor que llevábamos realizando con la edición de la hoja parroquial “El Apóstol de San Pedro”, pero que don Juan elevó de categoría de revista y la llevó a la imprenta. En dicha publicación se recoge, casi por completo, las grandes reformas que llevó a cabo en nuestro pueblo este gran párroco. Mes a mes y de una forma casi titánica y sin descanso.  Si había algo que tenía don Juan por encima de todo era su tesón y su intensa capacidad de trabajo.

Tanto unas obras como otras eran polémicas, pues la deuda de San Pedro crecía de forma exponencial para poder llevar a cabo tan magna labor y la capacidad de generar ingresos de una modesta parroquia como es la de San Pedro, no era muy grande.

En los consejos pastorales, los colaboradores mostrábamos nuestras diferencias  para con don Juan, más casi siempre, él llevaba a cabo sus proyectos adelante, pues creía más en sus posibilidades y en Dios que los demás que allí estábamos.

Así que se puso manos a la obra, -nunca mejor dicho-, y se embarcó en la edificación del templo de Nuestra Señora del Olivo. Obra que fue haciéndose poco a poco hasta su terminación y su bendición por parte del Obispo don Santiago. 


"Ermita del Calvario. Restaurada y puesta en valor gracias a D. Juan Párraga"


"Cristo del Calvario. Antonio Ureña lo trajo de Portugal para goce y disfrute de los tosirianos"

De don Juan recordamos particularmente los viajes a Portugal, a Braga o a Fátima, para recuperar los magníficos azulejos portugueses que adornan el Vía Crucis de la Iglesia del Olivo.

El Calvario fue su otra gran obra. Ermita en estado de ruina y abandono durante decenios, fue levantada de nuevo con gusto y celeridad, convirtiendo, otra vez, El Calvario, en un monte de paseo y recreo para cientos de tosirianos.

El crucifijo que decora la capilla del mismo, es de Portugal. Allí fuimos a buscarlo junto al gran colaborador de don Juan en esos proyectos, Antonio Ureña y él sería el encargado de traerlo en otro viaje. 


"D. Juan con Dª Ana Garrido Navarro. Loperana que en el año 2001 era Presidenta de la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de Cataluña".

No sólo se reformó el Calvario o se levantó el templo del Olivo. Hoy es corriente que  los días de ordinario se celebren misas en San Pedro en la Capilla que dicho templo posee en la calle San Pedro. Fue idea y obra de don Juan la reforma que se experimentó en ese lugar y a él se la debemos todos los devotos tosirianos. Una capilla donde se expone el Santísimo y donde los fieles podemos rezar en recogimiento y oración.

Por delante quedan viajes y más viajes. Si algo caracterizó la estancia de don Juan en Torredonjimeno es su gran capacidad para viajar. Viajes a Pamplona, donde se realizaba frecuentes chequeos médicos. A Barcelona, a presidir la romería de la Virgen de la Cabeza que celebran los emigrantes andaluces en esa ciudad y a la cual le invitaron. Campamentos o colonias juveniles en Andújar, en el Cerro del Cabezo, donde los jóvenes que lo desearon disponían de unos días de recreo y descanso estival.


"Cocinas del Centro pastoral de la Iglesia del Olivo, obra de don Juan Párraga"

Otra gran labor realizada por D. Juan fue la dotación de cocinas y equipamientos para el centro pastoral de Nª Sra. Del Olivo. Gracias a ello se aprovecharon las instalaciones y se pudieron ofrecer comidas y cenas benéficas para recaudar fondos. Y así un largo etcétera de actividades que don Juan llevaba a cabo a lo largo de su vida y que le obligaba a sufrir un ritmo de vida muy superior al de sus menguadas fuerzas físicas. 

Sirva este pequeño artículo de homenaje y recuerdo de su memoria.

Descanse en paz, don Juan Párraga Barraco y alúmbrele luz perpetua.  

sábado, 6 de diciembre de 2014

JUAN ROLDÁN DE ÁVILA: UN TOSIRIANO ENTRE LOS HOMBRES DE NÚÑEZ DE BALBOA Y FRANCISCO PIZARRO

Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Mar del Sur (Océano Pacífico)
 
Y DE OTROS TOSIRIANOS QUE DESCUBRIERON Y CONQUISTARON AMÉRICA
 
 
Dedicado a mi amigo y paisano,
el genealogista Juan Luis Anguita Pérez
 
 
Por Manuel Fernández Espinosa


Cuando los españoles llegamos a América cundía el rumor de que había un mar por descubrir. Muchos lo habían intentado, pero la gloria estaba reservada para el extremeño Vasco Núñez de Balboa (1475-1519), de cuna hidalga, pero de hacienda pobre. Había vivido en Córdoba y en Sevilla y se animó a embarcar al Nuevo Mundo, poniendo el pie allá por 1500. Había engrosado algunas expediciones y se había ido labrando una cierta fama de hombre valiente y decidido. Era el 1 de septiembre del año de gracia de 1513 cuando Vasco Núñez de Balboa, con muy pocos recursos, emprende la búsqueda de ese Mar del que tantos hablaban. Iba a la cabeza de 190 españoles y entre ellos había un tosiriano: Juan Roldán de Ávila.
 
190 españoles, guías indígenas y una buena rehala de perros se pusieron en marcha, a bordo de un bergantín y unas canoas, rumbo a las tierras del cacique Careta. Combatieron con algunas tribus hostiles, ayudados por otros indígenas que hicieron liga con los españoles. En Cuarecuá vencieron la enconada resistencia del caudillo Torecha y cuando los españoles hallaron al hermano de Torecha vestido como una mujer en compañía de algunos jóvenes, entendieron que aquello era un serrallo homosexual y les echaron los perros. La tribu sometida hizo alianza con los españoles: cayeron algunos españoles y otros resultaron maltrechos de los combates, quedándose estos en Cuarecuá. Pero Vasco Núñez de Balboa y otros 67 españoles (entre los que iba el de Torredonjimeno) prosiguieron su expedición: entre ellos también iba Francisco Pizarro. Los indígenas comunicaron a Núñez de Balboa que, desde las cimas de las montañas que se levantaban en los bordes del río Chucunaque, podía divisarse el Mar que buscaban. Núñez de Balboa subió las montañas y comprobó que era cierto; ascendieron los demás: Pizarro y Roldán de Ávila y fueron los primeros en contemplar el Mar del Sur (que hoy se conoce como Océano Pacífico). Era el 25 de septiembre de 1513.
 
Habían visto con sus ojos el Mar del que todos hablaban, pero todavía no se habían posesionado de él. Para ello fue menester vencer el obstáculo de otra tribu que les salió al paso: la de Chiapes. La vencieron y sumaron a los vencidos a la columna que avanzaba. Con 26 españoles (entre ellos Roldán de Ávila), Núñez de Balboa llegó a la costa. Núñez de Balboa, blandiendo su espada en una mano y en la otra el estandarte de la Santísima Virgen María, entró en las aguas y proclamó que de aquel Mar tomaban posesión los Reyes de Castilla, Juana y Fernando: era el día de San Miguel Arcángel y en homenaje del Príncipe de las Milicias Celestes el golfo recibió su nombre.
 
Foto de Manolo Fernández.
 
Poco sabemos del tosiriano que participó en esta gloriosa empresa. El nombre y apellidos de Juan Roldán de Ávila figura en el Archivo General de Indias, donde consta que era natural de Torredonjimeno y que se había embarcado el año 1493 a Santo Domingo. Su apellido Roldán nos sugiere que podría tener algún parentesco con el famoso Francisco Roldán, hidalgo también de Torredonjimeno, que acompañara a Cristóbal Colón en su segundo viaje al Nuevo Mundo; allí quedó Francisco Roldán como capataz de los españoles cuando Cristóbal Colón retornó nuevamente a España y, en ausencia del Almirante, se desató una cruda guerra entre los partidarios de Roldán y los secuaces que seguían a Bartolomé y Diego Colón, hermanos de Cristóbal. Francisco Roldán Jiménez (era su segundo apellido) se había embarcado el mismo año que Juan Roldán de Ávila; aunque el segundo apellido difiere en uno y otro, bien podrían ser hermanos, habida cuenta de los usos irregulares que regían en aquel entonces a la hora de apellidarse. Algún parentesco pudiera haber entre ambos, pero no podemos aseverarlo a falta de documentación concluyente. En toda esta historia que está por contar, hubo otro importante tosiriano: Diego de Nicuesa. Nicuesa fue nombrado gobernador de Veragua en 1508 y en 1510 fundó la ciudad de Nombre de Dios (hoy en la Provincia de Colón, Panamá), pero con antelación a la expedición de Núñez de Balboa, éste se había rebelado contra la autoridad de Nicuesa y las desavenencias acarrearon la muerte de Nicuesa. Todavía existe muy cerca de Torredonjimeno un cortijo que conserva el nombre de Nicuesa y que es indicador de haber sido antigua propiedad del linaje de este desgraciado conquistador tosiriano.
 
Volviendo a Juan Roldán de Ávila es de advertir que en la expedición de Núñez de Balboa el torrejimenés tuvo que hacer muy buena amistad con Francisco Pizarro, dado que acompañó a éste en el descubrimiento y conquista del Perú entre 1524 y 1539, en el comedio de esta larga conquista, nuestro Roldán de Ávila fue conquistador de Quito (año 1534) y su pista se nos pierde el año 1557, cuando lo vemos que toma como esposa a Leonor de la Reguera en la ciudad de Lima.

BIBLIOGRAFÍA:


"La emigración jiennense a las Indias en el siglo XVI: 1495-1599", Aurelio Valladares Reguero y Rocío Ruiz García, Instituto de Estudios Giennenses, 1994.

"Francisco Pizarro y la conquista del Imperio Inca", Bernard Lavallé, Editorial Planeta, 2007.
 

lunes, 10 de noviembre de 2014

ESPIRITISTAS DE TORREDONJIMENO

Fotografía de época del tosiriano Cristóbal Bonilla Cózar, (alias masónico) "Melgarejo".
CRISTÓBAL BONILLA CÓZAR: UN TOSIRIANO ENTRE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA Y EL ESPIRITISMO ACTIVO
Por Manuel Fernández Espinosa
Una de las creencias más arraigadas en la humanidad es la de la supervivencia del “alma” tras la muerte del cuerpo. Desde los más remotos tiempos, las más variadas religiones han asumido que existe una vida de ultratumba. En Egipto se empleaba, aproximadamente desde el año 1500 antes de Cristo, el famoso “Libro de los muertos” a fin de servir de viático a las almas de los difuntos y conducirlas a la otra vida, tras el juicio de Osiris. Tampoco falta en la Grecia clásica testimonios de la creencia en la supervivencia del alma: puede verse en Platón, pero en la “Odisea” de Homero nos encontramos incluso con un episodio en que Ulises se comunica con las almas de algunos muertos. Y esa es, en una versión moderna, la clave del espiritismo.
EL ESPIRITISMO Y SUS PELIGROS
El espiritismo supone que es posible la comunicación entre vivos y muertos sirviéndose, por ejemplo, de “médiums” (personas que, por la razón que sea, supuestamente pueden entrar en un estado de trance y servir de canales para que los “espíritus” se pongan en contacto con los espiritistas). El vocablo “espiritismo” fue acuñado por el francés Allan Kardec (1804-1869) que publicó “El libro de los espíritus” en 1857. Por este libro y otros, Kardec pasa por ser considerado el codificador del espiritismo, pero el espiritismo se había propagado por América y Europa, formando toda una asociación internacional organizada a manera de “iglesia”.
Ya a principios del siglo XX, el doctor Joseph Lapponi publicaba en 1907 un libro con el título “L’Hypnotisme et le Spiritisme”. En sus páginas, el eminente doctor era de los primeros que se anticipaba a prevenir, a la luz de su experiencia clínica, contra las prácticas espiritistas por el riesgo que suponen para el equilibrio psicológico de quienes participan en ellas, con estas palabras: "El espiritismo presenta para la sociedad y para el individuo todos los peligros, así como todas las consecuencias funestas del hipnotismo; y presenta mil otros más deplorables todavía. En los individuos que desempeñan el papel de médium, y en aquéllos que asisten a sus operaciones, el espiritismo produce ya sea obnubilación o ya sea exaltación mórbida de las facultades mentales; provoca las neurosis más graves, las más graves neuropatías orgánicas” (El Hipnotismo y el Espiritismo, Joseph Lapponi, 1907).
Otro de los grandes desenmascaradores del espiritismo fue el esoterista René Guénon que en su libro “El error espiritista” (1923) pone en guardia contra las consecuencias nefastas de esta práctica, entre las que destaca:
“Los peligros psíquicos no pueden separarse enteramente de los peligros físicos, pero aparecen como mucho más constantes y más graves todavía; recordamos aquí, una vez más, las obsesiones de carácter variado, las ideas fijas, los impulsos criminales, las disociaciones y alteraciones de la consciencia o de la memoria, las manías, la locura en todos sus grados (...) En suma, todo eso tiende pura y simplemente a la desagregación de la individualidad humana, y a veces la alcanza; las diferentes formas de desequilibrio mental mismas no son en eso más que etapas o fases preliminares, y por deplorables que sean ya, jamás se puede estar seguro de que no irán más lejos” (“El error espiritista”, René Guénon, 1923).
Sin embargo, a pesar de todas las tragedias personales que ha provocado esta práctica aberrante, condenada tanto por la medicina, los esoteristas más serios como Guénon y por la misma Iglesia Católica, el espiritismo no sólo se difundió, sino que revistió incluso un carácter político.
ESPIRITISMO: LA PSEUDO-RELIGION DEL PROGRESISMO REVOLUCIONARIO
En la segunda mitad del siglo XIX, el espiritismo ya se había asentado de una manera más o menos clandestina en la sociedad española. En 1855 estaba activa una Sociedad Espiritista en Cádiz. Y aunque el signo progresista del espiritismo era algo internacional, en España el espiritismo fue el sustituto religioso de grandes sectores del progresismo político de izquierdas. No escapó ni una provincia española a la expansión de esta pestilencial doctrina y práctica: aquí las logias masónicas sirvieron como receptáculos de estas teorías y prácticas perniciosas. Nuestra provincia de Jaén conoció la moda del espiritismo e incluso fue residencia y tierra natal de espiritistas destacados.
DOCTRINARIOS ESPIRITISTAS EN ANDÚJAR
Aunque nacido en Cartagena el año 1837, Manuel Isidoro Prudencio González Soriano viviría y moriría en la provincia de Jaén. En abril de 1858 fue nombrado telegrafista y resultó destinado a Andújar para desempeñar su cometido profesional. Este telegrafista se había iniciado en la filosofía krausista (que en la España del siglo XIX era la moda filosófica a la que se adherían todos los hombres que se consideraban progresistas. Fueron krausistas los que impulsaron la Institución Libre de Enseñanza y la famosa Residencia de Estudiantes), pero González Soriano, además de asumir el krausismo, se interesó y “estudió” el espiritismo publicando en 1881 su libro “El espiritismo es la filosofía”. González Soriano publicó más libros sobre su peculiar filosofía que quería ser una síntesis del krausismo y el espiritismo. Entre los principios que González Soriano identificaba como propios de su “krauso-espiritismo” se explicitaba el mito del progreso infinito con estas palabras literales: “Evolucionismo universal de la esencia para la realización del progreso, en pluralidad de mundos, de sustancias y de seres” (“El espiritismo es la filosofía”, 1881). Este pintoresco filósofo espiritista que vivió gran parte de su vida en Andújar llegó a Subdirector de Segunda del Cuerpo de Telégrafos y falleció (o, como gustan decir los de su secta espiritista, “desencarnó”) en Andújar el 2 de noviembre de 1885.
A Torredonjimeno llegó el espiritismo y, como solía ocurrir, se sirvió de los canales más progresistas de la entonces villa. En 1885 se fundaba en Torredonjimeno la logia local “Unión Fraternal”, sujeta bajo las consignas del Grande Oriente Nacional de España. Con antelación a su fundación, en Torredonjimeno se había formado una primera célula masónica: el triángulo “Numa Pompilio”. Entre los miembros de “Unión Fraternal” destacarían personajes de la política local de aquel momento, casi todos vinculados a partidos republicanos. Entre ellos cabe mencionar a Juan de Dios Carazo Cañada o Patricio Hernández Serrano (cuya lápida funeraria descubrimos nosotros en el cementerio tosiriano (véase mi artículo “La Masonería en Jaén: La logia Unión Fraternal de Torredonjimeno”, en revista cultural ÓRDAGO nº 9, año 2005). Y un año antes de la fundación de esta logia nacía en Torredonjimeno, el 4 de noviembre de 1884, Cristóbal Bonilla Cózar.
EL CASO DE CRISTÓBAL BONILLA CÓZAR
Cristóbal Bonilla Cózar se colegió como abogado y por razones todavía por descubrir abandonó la península y se estableció en las Islas Canarias, perteneciendo en un primer momento al Partido Republicano Federal de Las Palmas de Gran Canaria, formando parte de su Junta Directiva. Ocupó cargos públicos, como concejal (de 1913 a 1915) del Ayuntamiento de Las Palmas por ese mismo partido. Por aquellos tiempos, ya establecido en Canarias y bajo la dirección del líder federalista José Franchy y Roca (1871-1944), el tosiriano Cristóbal Bonilla Cózar destacó como uno de los protagonistas de los motines “anticonsumo” que se organizaron en Las Palmas de Gran Canaria. Más tarde, Bonilla Cózar ingresó a la masonería, corriendo el año 1924 y adoptando el “nombre iniciático” (alias) de “Melgarejo”. Perteneció a la logia “Andamana” de Las Palmas y en la sociedad secreta ascendió al Grado 30. Nuestro paisano Cristóbal Bonilla Cózar, como muchos otros federalistas de la época (a la cabeza de los cuales estaba el histórico Franchy y Roca), se convertiría al socialismo, pasando a militar en la UGT y en la Agrupación Socialista del Partido Socialista Obrero Español.
Su profesión como procurador y sus cargos los alternaba con la literatura, colaborando en los periódicos insulares de las organizaciones políticas y sindicales en las que militó, pero también publicando en 1930 el drama en tres actos “La justicia histórica”. Pero su militancia masónica no se ceñía a los tejemanejes propios de la política, como es lo más común entre los masones, sino que podemos aseverar que el hermano “Melgarejo” (Cristóbal Bonilla Cózar) perteneció al “plano interior” de la asociación ocultista, pues pocos masones se ocupaban de explorar los campos del ocultismo y, en concreto, del espiritismo y la teosofía. Esto puede desprenderse de su libro, aparecido el año 1928, y que ostenta el luengo título de: “Los amigos del Más Allá. Novísima Doctrina. El Ser por su sólo impulso, llega al Infinito. Revelación de los Ángeles Aleluyas al Arcano Manuel Hernández Quesada y Hermano Mayor del Mayor por escritura autográfica”. Como se deduce de título tan generoso, la técnica espiritista que parece haber empleado el hermano “Melgarejo” es la “escritura automática”, puesta en boga por esos mismos años por algunos artistas surrealistas que tanta afinidad tenían por las ciencias ocultas como el espiritismo, el tarot y otras prácticas reprobables. Uno quisiera saber lo que son los "Ángeles Aleluyas"... Pero vaya usted a saber lo que serán esas entidades producto de los delirios psiquiátricos del espiritismo.
Cristóbal Bonilla Cózar regresó a la península, instalándose en Madrid y viéndose obligado a exiliarse tras el desenlace de la guerra civil. Falleció el 10 de noviembre de 1945 en Oradour sur Glane (Haute Vienne, Francia)..
BIBLIOGRAFÍA:
“Historia de las sociedades secretas. Movimientos iniciáticos, sectas y órdenes espiritualistas”, Ramiro A. Calle.
“El hipnotismo y el espiritismo”, Doctor Joseph Lapponi.
“El error espiritista”, René Guénon.
“Motines insulares”, Agustín Millares Cantero.
“José Franchy y Roca: 1871-1944”, Jesús Felipe Redondo.
“Historia de la francmasonería en Canarias (1739-1936), vol. 2, Manuel de Paz Sánchez.
“La Masonería en Jaén: La logia Unión Fraternal de Torredonjimeno” Manuel Fernández Espinosa, Revista Cultural ÓRDAGO, nº 9, año 2005.

miércoles, 8 de octubre de 2014

EL TOSIRIANO D. JOSÉ DEL PRADO Y PALACIO. ALGUNAS FOTOS SOBRE SU VIDA


"Fotografía oficial de D. José del Prado y Palacio como Alcalde de Madrid el 20 de junio de 1917"

Luis Gómez

Hace ya años escribíamos en el libro “Vidas de la Ibérica Tosiria” una reseña sobre D. José del Pardo y Palacio. Decíamos así en aquellas páginas:

 “Nacido en Jaén el 3 de enero de 1865 D. José del Prado y Palacio pertenecía a una de las familias aristocráticas de Torredonjimeno que habían hecho de la capital su residencia. Estudió en el Colegio de Jesuitas de Sevilla y cursó la carrera en la Escuela Especial de Ingenieros Agrónomos de la Moncloa (Madrid). Miembro del Partido Conservador de Silvela, a los 25 años llegó a ser alcalde de Jaén. El 7 de enero de 1890 contrae matrimonio con la tosiriana doña María Teresa Fernández de Villalta y Coca, hija del I Marqués Pontificio de Villalta.


"El gobierno conservador de D. Joaquín Sánchez Toca en elque formó parte D. José del Prado. En las fotografías, abajo el segundo por la derecha"

En 1893 era ordenado Caballero de la Orden Militar de Santiago y sería dos veces Alcalde de Madrid. Diputado a Cortes, Secretario y, más tarde, Vicepresidente del Congreso de Diputados, Director General de Obras Públicas y Agricultura, Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Senador del Reino, Mayordomo de su Majestad Alfonso XIII, Maestrante de la Real Cancillería de Granada… Recibió ciertas condecoraciones como la Cruz de Isabel “La Católica”, la Cruz del Mérito Militar y la Cruz de San Gregorio Magno. En 1920 le era concedido por su Majestad el Rey el título del I marqués del Rincón de San Ildefonso. El matrimonio Prado-Villalta no tuvo descendencia.   


"Toma de posesión de la alcaldía de Madrid de D. José del Prado y Palacio"

No sólo brilló como político, sino como intelectual regeneracionista. En 1917, en plena Gran Guerra, D. José del Prado publica su libro “Hagamos Patria”. En las páginas de este libro plasmaba un ambicioso programa político y económico que localiza los problemas infraestructurales de España, trazando su solución. Son 255 páginas, impresas en Tipográfica Artística de Madrid. El prólogo de este libro estuvo a cargo de de Manuel Bueno, uno de los segundones de la generación literaria del 98 y culpable de la manquera de Valle-Inclán. Este Manuel Bueno califica a D. José del Prado y Palacio en el prólogo que pone a este libro como miembro de la “generación política de 1898”


"Central eléctrica inaugurada por Alfonso XIII e impulsada y edificada merced a D. José del Prado".

En Jaén fue impulsor de “La liga por la cultura” así como uno de los más renombrados patrocinadores de la revista mensual Don Lope de Sosa, dirigida por D. Alfredo Cazabán Laguna. De vez en cuando colaboraba en sus páginas con algún artículo de su Minerva.


En la visita oficial que S. M. el Rey D. Alfonso XIII realizó a la provincia de Jaén, a finales del mes de noviembre de 1916, el monarca se hospedó en la Hacienda “El Pilar” de Espeluy, propiedad de D. José de Prado y Palacio.


"El Rey en la finca El Pilar, propiedad de D. José del Prado"

En la década de los 20, como un devoto más de la Virgen de la Cabeza, ordenó esculpir los versos que el caminante puede leer en la piedra caballera que se alza al borde del camino.

Durante su vida activa se preocupó de levantar en Jaén edificios de utilidad pública y monumentos de la exornaran, como el monumento de las Batallas



"Instantáneas en las que se recoge el momento en el que se inaugura en la capital el monumento de Las Batallas"

El 14 de febrero de 1926 fallece en su hacienda de Espeluy el confidente personal de Alfonso XIII, D. José del Prado y Palacio”. 


martes, 30 de septiembre de 2014

ENTREVISTA A JOSÉ CARLOS GUTIÉRREZ PÉREZ. HISTORIADOR


"José Carlos Gutiérrez Pérez" 

Luis Gómez

                Traemos en esta ocasión a la bitácora de Cassia  a nuestro amigo y colaborador José Carlos Gutiérrez Pérez, quien el próximo viernes 3 de octubre vendrá a nuestra localidad a impartir una conferencia sobre “Torredonjimeno y su trascendencia medieval”, la cual tendrá lugar a las ocho de la tarde de ese día, en los salones del Castillo de la localidad.

                Para el que no lo conozca, recordamos que José Carlos es Licenciado en Humanidades por la Universidad de Jaén (2006) y DEA en Historia Medieval por la misma universidad (2009). Autor de varios artículos de investigación publicados en reconocidas revistas como “Boletín del Instituto de Estudios Giennenses”, “Revista de Arqueología, “Aldaba, “Órdago”, etc., centrados principalmente en la historia de la comarca de Martos y en el papel de las Órdenes Militares en el Alto Guadalquivir. Ponente y comunicante en diversos congresos nacionales e internacionales. Actualmente realiza su tesis doctoral centrada en el estudio de la encomienda calatrava de la Peña de Martos entre los siglos XIII al XV.

                Entre los cargos y sociedades a los que pertenece están el de: Presidente de ASCUESJA, Secretario de ACISUR, Socio de la Sociedad Española de Estudios Medievales (SEEM) y Cronista Oficial de Jamilena. Profesor y director de dos cursos virtuales sobre fuentes documentales históricas que anualmente organiza la Asociación de Amigos del Archivo Histórico Diocesano de Jaén.

 "Vista de una de las esquinas del castillo de Torredonjimeno. En los salones superiores tendrá lugar la conferencia" (Foto: Órdago)

Cassia: Otra vez en nuestra localidad, amigo José Carlos. ¿De qué nos vas a hablar en esta ocasión?

J.C. Hablaré sobre la evolución de Torredonjimeno durante el periodo bajomedieval, cómo surge el núcleo y cómo va a ir evolucionando en torno a su castillo. Además, intentaré dar a conocer la importancia que el núcleo tuvo en el siglo XV, ahora que tan de moda está ese siglo con la serie “Isabel”, en la que se omiten muchos capítulos que tuvieron con principal escenario Torredonjimeno.

Cassia: ¿Se sabe algo nuevo sobre la antigüedad u origen del Castillo de Torredonjimeno? Quiero recordar que en tu libro “Martos y su comarca en la Baja Edad media” hablabas de tres teorías comúnmente aceptadas sobre los orígenes de la fortaleza tosiriana. La Almohade, de Lizcano y Ortíz, la Medieval de los hermanos Castillo Armenteros y la propia tuya que adelantabas en tu trabajo. ¿De qué fecha aproximada es la construcción del castillo? ¿Se ha corroborado tu teoría con el paso de los años?

J.C. Efectivamente, mi teoría es partidaria de que Torredonjimeno como tal surgió en la segunda mitad del siglo XIII, posiblemente como una torre feudal que después pasó a manos de la Orden de Calatrava finalizada dicha centuria. Dicha hipótesis creo que es la plausible, y espero que futuras campañas arqueológicas en el castillo puedan corroborarla, ya que por desgracia las fuentes documentales que tenemos sobre el periodo son escasísimas.

Cassia: De todas formas, para que la gente nos entienda, el hecho de que el castillo tenga una fecha determinada eso no quiere decir que no existiese una alquería o una población anterior en el mismo asentamiento. Queremos decir, ¿es posible que antes de que se levantase el actual castillo ya existiese una torre o alquería en el lugar?

J.C. Es posible, aunque para ello habría que hacer una excavación arqueológica a fondo del castillo. No obstante, la estructuras que se hallaron en su día no nos revelaban la existencia de un castillo o torre almohade. Si es cierto, que fueron hallados restos cerámicos de época islámica e incluso romanos, pero ello no quiere decir que en su solar hubiese una fortaleza o yacimiento importante como sí lo fue Benzalá. Si hubo asentamiento fue muy efímero y poco importante. En las propias fuentes documentales de mediados del s. XIII, podemos verificar incluso ello al no hacerse referencia a Torredonjimeno y sí hacerse a otros lugares de la geografía tosiriana como Benzalá, la torre de Cerro Carnicero o la torre de Gil Alonso, hoy desaparecidas.

Cassia: ¿Qué importancia defensiva crees tú que tendría el Castillo de Torredonjimeno en el s. XII y XIII? ¿Puede ser el de controlar el puentazgo de San Sebastián, paso importante para las mercancías y personas en la época?

J.C. Creo que sí. Hay que tener en cuenta que el entorno de Torredonjimeno, era por aquellos siglos parte de la nueva frontera que se había creado con el reino de Granada, y dicho territorio era un elemento clave para contener y expandir dicha frontera, además de un lugar de paso obligado entre las mercancías que iban desde Jaén a Córdoba o Granada.

Cassia: Desde la Revista Órdago nos hacíamos eco de la tradición oral y datos históricos transmitidos por el antiguo Cronista Oficial de Torredonjimeno D. Juan Montijano Chica (q.e.p.d.) y a la teoría de que fuese el caballero e infanzón Ximeno de Raya el que diese nombre a la localidad. Así lo hizo Manuel Fernández en el nº 4 de la revista del año 2000, y creo que tú, además, encontraste en planos antiguos de la Iglesia de San Pedro los enterramientos o capillas de los Raya. ¿Se ha averiguado algo últimamente sobre el origen o topónimo de la localidad?

J.C. Soy partidario de la teoría de Manuel Fernández, ya que por el momento permite cubrir muchos vacíos históricos que poco a poco se van rellenando y enriqueciendo con la aportación de nuevas fuentes documentales. No obstante, a no ser que el futuro nos aparezca la “piedra Roseta” que descifre este enigma, dicha teoría es la que más se acerca. Así mismo, creemos que está contrastada con la presencia del linaje de los Raya en una capilla de la antigua iglesia de S. Pedro y en el Torredonjimeno del s. XVI, siendo uno de los que aporta parte de su dinero para emancipar Torredonjimeno de Martos.


"Vista del foso y parte de la muralla del castillo" (Foto: Órdago)

Cassia: Ya en la época calatrava de la fortaleza ¿Qué nos puedes decir sobre ese periodo?

J.C. Sobre ello hablaré largo y tendido en mi conferencia del próximo viernes. Sin embargo, hay que decir que la época clave que marcará la historia del castillo será el siglo XV, ya que en el asistermos a cómo el mismo va a sufrir varias reformas estructurales, todavía hoy visibles. Reformas que estuvieron motivadas por su uso palatino y por su papel militar como centro de operaciones durante la guerra civil que hubo durante el reinado Enrique IV de Castilla.

Cassia: ¿Algo nuevo que quieras decirnos?

J.C. Simplemente, animar a la gente a que asista a la conferencia, en la cual podrá conocer el origen de su pueblo y la importancia que este tuvo en época medieval. Y decir que para aquellos que quieran profundizar más en el tema llevaré ejemplares de mi libro “Martos y su comarca en la Baja Edad Media” para el que quiera comprarlos y que se los firme.


Muchas gracias por tu tiempo amigo José Carlos y te esperamos el próximo viernes en el Castillo de Torredonjimeno a las 20:00 horas para escuchar y aprender un poco más sobre nuestro pasado e historia de Torredonjimeno.