domingo, 2 de diciembre de 2012

HISTORIA DE LOS TERCIOS ESPAÑOLES (III)

Tercios españoles conversan con lansquenetes alemanes.
HISTORIAS DE LOS TERCIOS ESPAÑOLES (III)
En las guerras de Flandes, no todo son tiros de arcabuz o lances de pica y espada, que también hay momentos -pocos, pero los hay- en los que los soldados alternan con las mujeres. Y vaya si alternan. Sí se trata de españoles, pues la cosa está clara, que en ninguna nación se nos gana en eso de galantear y cortejar a las mujeres, que no le hacemos remilgos a ninguna. Miren ustedes lo que ocurrió en las guerras de Flandes allá por el 1591:
“…de tanto provecho el anzuelo que les había echado, que procuraron siempre por la conservación del castillo donde iban muchas veces a recibir los favores que sus Metresas o Damas les hacían, que ociosos en tan largo alojamiento como habían tenido en los burgos de Rens, no se entretenían en otra cosa; y habiendo llegado, como he referido, todos los tercios españoles cerca del lugar de Grey les pareció a estos seis amantes ir aquella misma noche a ver sus damas al castillo que había en él, distante de sus alojamientos poco más de una legua. Fueron muy bien recibidos de Monsieur de Longabal, de Monsieur de Crey, su hijo, y de las damas y caballeros. Otro día siguiente, que fué el de San Martin, 11 de Noviembre, se quisieron volver a sus banderas: no los dejaron ir los franceses hasta después de haber comido, no por voluntad que les tuviesen, sino por el interés que les corría de la guardia y defensa de su castillo, y por haber entendido que unas tropas de la caballería del Bearnés habían pasado la vuelta de aquellos alojamientos. Esta nueva fue tan cierta como se vio; porque estando comiendo todos a una mesa, damas y caballeros, que serian todos más de noventa, y con ellos los seis españoles a quien agasajaban y servían , cuyos nombres eran el alférez D. Alonso, natural de Lopera, obispado de Jaén; el alférez Hernán Mesía, natural de Albanchez, del mismo Obispado; el alférez D. Juan Hilarse, natural de Zaragoza; el alférez D. Felipe, natural de Santo Domingo de Silos, del arzobispado de Burgos; Juan González, natural de la ciudad de Toledo, y el alférez Alonso, también natural de la ciudad de Toledo.
            He escrito sus nombres y naturaleza para que sean más bien conocidos soldados que emprendieron una cosa digna de eterna memoria, y si la hicieran a vista de Alejandro o de otro cualquier General, era poco darles a cada uno una compañía, no obstante que por sus servicios las tenían muy bien merecidas. Se llamó al arma en medio de la comida, por haber llegado las tropas de caballería del Bearnés a las mismas puertas y foso del lugar de Crey, que aunque no era muy fuerte, tenía sus murallas y puentes levadizos. Los franceses enemigos comenzaron a retirar el ganado que estaba debajo de las murallas del lugar é intentaron entrar dentro. Los caballeros corazas que había en el castillo se comenzaron a armar para ponerse a caballo, y el villanaje con sus armas guarnecieron las murallas del lugar. Las damas se pusieron en los balcones del castillo a mirar lo que pasaba en el campo, no poco temerosas de algún mal suceso, y el que hubo, aunque parece de libro de caballerías, por ser a la vista de un castillo delante de damas, junto á una floresta y en el reino de Francia, donde tantas aventuras hubo, lo escribiré lo más breve que pudiere.
            Los seis españoles ya nombrados se levantaron de la mesa con una presteza jamás vista, sin tener otras armas que sus espadas en la cinta, ni más ayuda que el mucho valor que tenían, y acompañado de los favores de las damas y del amor que les habían cobrado (que pienso fue de mucha importancia para la victoria que tuvieron), se arrojaron por las murallas del lugar de Crey y dando en el foso cerraron con los franceses enemigos, que eran de más número de cien corazas, y pelearon tan gallardamente que los hicieron huir y desamparar el foso que habían ocupado para asaltar el lugar, y les quitaron todo el ganado que habían recogido; y siguiéndolos por la campaña rasa (cosa increíble seis españoles a pie con solas sus espadas pelear y hacer huir a tanta caballería enemiga), hasta que los encerraron en un bosque, habiendo herido algunos y muerto otros.
            El que más se señaló fue el alférez Hernán Mesía, porque cerró con un enemigo que, al parecer, era el Capitán, y le derribó del caballo, y quitándole una pistola que tenía en las manos le dio con ella y le mató. Con esta victoria se retiraron al lugar de Crey y a su castillo, habiéndola tenido a vista de las damas y caballeros corazas que había en él, que en este medio se comenzaban a poner a caballo para ir á socorrer a los seis españoles, los cuales no les dieron tiempo, porque fue tan de improviso lo que hicieron, que pareció sueño, habiendo sido tan a vista de ojos y en medio del día.
            La causa de haber andado los enemigos tan flojos se entendió que temieron había alguna emboscada, y por no perderse no hicieron su deber; pero a menos hasta verla, pues se hallaban todos a caballo y en una campaña rasa, no cumplieron con su obligación en desampararla sin pelear, siendo tantos, con seis españoles, los cuales se volvieron a sentar a comer con tan buen gusto como si no les hubiera sucedido nada, recibiendo muchos favores de las damas y caballeros que no acababan de darles las gracias por la merced que les habían hecho".

Y así es como se las gastaban nuestros antepasados de Jaén y resto de España.
ES PARA SENTIRSE ORGULLOSO DE LO QUE NUESTROS ANTEPASADOS HICIERON.
ES PARA QUE NO SE NOS OLVIDE NUNCA LO QUE LOS ESPAÑOLES FUIMOS.
ES PARA QUE NO SE NOS OLVIDE NUNCA LO QUE SOMOS.
ES PARA RECORDARNOS LO QUE PODEMOS LLEGAR A SER EN EL FUTURO.
Luis Gómez


sábado, 1 de diciembre de 2012

HISTORIAS DE LOS TERCIOS (II)

"Piqueros repelen una carga de caballería"
 
 
HISTORIA DE LOS TERCIOS (II)
 
Correría el año de 1583, cuando las tropas españolas de los tercios de Flandes, guerreaban en aquellas pantanosas tierras. Se las estaban viendo, un día sí y otro también, con soldados de media Europa, pues no nos engañemos, se estaba haciendo la guerra en Flandes y sus estados, pero delante de los piqueros y arcabuceros de los tercios, había soldados de diversas nacionalidades. Flamencos, franceses, ingleses, escoceses, alemanes (unos de parte del rey católico, y otros al servicio del mejor postor) valones, suizos, etc. Así las cosas un día:
 
Serian las tres de la tarde cuando se comenzó á pelear, y duró la escaramuza hasta las siete. A esta hora habían ya llegado las compañías de arcabuceros de infantería española que iban de vanguardia, cuyos capitanes eran D. Sancho Martínez, D. Carlos y Diego Rodríguez; y en su seguimiento iban con la mosquetería los capitanes Juan de Rivas y Diego de Arango, a los cuales dio orden Alejandro, que estaba sobre el dique, que cerrasen con ellos; y puestos la rodilla en tierra, rezaron el Ave-María, y lo hicieron ferocísimamente y con tanto valor, que sin darles más de la primera carga los rompieron y desbarataron, ganaron las trincheras y degollaron más de seiscientos; los demás se fueron retirando y escaramuzando por un sitio, que aunque era fortísimo, no les estorbó á los españoles á seguir el alcance, y si no fuera porque la noche iba cerrando, no se les escapara ninguno. Al mismo instante que la infantería española cerró con los rebeldes, se vieron dos extremos grandísimos; el uno, el ímpetu con que lo hicieron, no temiendo, siendo tan pocos, á tan gran número de rebeldes; y el otro, ver a la mayor parte de la caballería católica retirarse, y con haber más de media hora que se apellidaba la victoria, no volvían a darla”.
 
Se rezaba el Ave maría, y listos para liarla. Como Dios manda. Pero hete tú aquí que si las cosas se torcía, pues en la batalla lo que ahora parece ganado, por debilidad de unos o por falta de previsión de otros, todo puede hacer que se troque y de la vuelta. Eso es lo que casi ocurre ese día en la citada escaramuza, cuando al caballería católica desorganizada, se batía en retirada mientras los arcabuceros seguían luchando. Visto esto por el Capitán General de los Tercios, nos cuenta el relato que: 
 
Alejandro que vio un desorden tan grande en soldados tan valerosos, y que todo aquel día habían sustentado la escaramuza y peleado con tanto coraje, puso mano a su espada y les comenzó a tirar de cuchilladas, diciéndoles palabras injuriosas, y que mirasen a la infantería que degollaba a tiempo que ellos se retiraban. Estas razones que les dijo -fueron bastantes para que volviesen a cobrar la tierra que habían perdido; y conociendo el marqués de Rubes, General de todos ellos, lo mal que habían hecho, y que a su persona, más que a otra, le tocaba, no supo ninguna satisfacción que dar a Alejandro más de decirle que S. A. mandase cortar las cabezas a los soldados de la caballería y a él el primero , que lo merecía más que todos; Alejandro se aquietó mucho de la cólera que había recibido con ver al Marqués confesar el desorden que él y los demás hicieron, y con el gozo de la victoria no se trató más de esto”.
 
Es como deben ser las cosas. Nada de escurrir el bulto o de lanzar estelas de humo para diluir las responsabilidades. Hoy en día, nos pasa lo que nos pasa por tener en vez de hombres de esa talla, a paniaguados que no son capaces de enfrentarse a los errores con la valentía que hace falta.
 
Luis Gómez


miércoles, 28 de noviembre de 2012

HISTORIAS DE LOS TERCIOS ESPAÑOLES (I)


Piqueros de los tercios, en formación de cuadro con la pica en defensa


HISTORIAS DE LOS TERCIOS ESPAÑOLES (I)


A día de hoy es raro que se hable de las gestas heroicas realizadas por los españoles en Europa. Es un tema políticamente incorrecto, y más bien pareciese que se tuviese que hablar de cómo los musulmanes invadieron España y cosas por el estilo. En Cassia no nos resignamos a ello.


Pero no se pueden olvidar nuestras gestas, nuestras hazañas en el pasado, los hechos de armas..., pues España llegó a ser un imperio gracias al honor y coraje de muchos de nuestros antepasados, que lejos de acobardarse y de rendirse, en el fragor del combate y ante el muy superior enemigo, dieron muestras de mucho valor y coraje. Si en vez de ser españoles hubiésemos sido ingleses, norteamericanos o israelitas, seguro que hechos de armas -como el que paso a contarles-, se estudiarían en las escuelas, en vez de permanecer en el olvido, en viejos libros ubicados en viejas estanterías, para solaz de lectores curiosos.


Se cuenta, que en la toma de la ciudad francesa de Corbeil, los españoles hubieron de vérselas en duros combates contra sus defensores. Sus murallas eran fuertes y sus fosos y trincheras bien pertrechadas, con artillería y bastimentos suficientes, lo que les daba a los defensores una gran ventaja y fortaleza de ánimo, creyendo que no sería fácil presa de los Tercios españoles. Eso al menos pensaban los aliados franceses que allí estaban, como el duque de Umena, Condestable de Francia, y que junto con sus seguidores y caballeros, vieron lo sucedido, y no se lo creyeron.
Allí se la hubieron de ver los españoles, y no fue obra fácil, pues muchos no pensaban que se pudiera hacer, que las baterías enemigas apuntaban recio y firme y el camino era estrecho y dificultaba el paso de los soldados. Mas los Tercios Viejos, mandados por capitanes de valía, y con el ánimo firme,  emprendieron la tarea hasta entrar en la ciudad. Ésta sería conquistada, a sangre y fuego, claro está. Aunque habremos de decir que muchos fueron los que perdieron la vida en la contienda. Según se pudo escribir luego, unos 1000 muertos por parte de los franceses herejes, y sólo 200 españoles de parte de los Tecios; que eso sí hay que lamentar, pues la vida de cada uno de esos héroes vale por cinco de otros soldados cualesquiera de aquel tiempo.
En una de las muchas escaramuzas que se dieron en aquel combate se cuenta que:


En este medio sucedió, que doce españoles, los ocho mosqueteros que sin orden habían ido a correr, se encontraron con cuatrocientas corazas, a cargo de Monsieur de la Jatira, y, creyendo que eran del Beranés, y que los habrían de hacer pedazos si se apeaban , plantaron las horquillas, y poniéndose en un paso les dieron grandísimas cargas; las corazas se apearon y dieron sobre ellos, y no los pudieron rendir, y por temor no les matasen los caballos tuvieron por bien de dejarles y se volvieron al campo, no poco corridos de haber sido acometidos de doce españoles sin poderlos ofender.


El duque de Umena y los Príncipes y caballeros franceses de su corte quedaron admirados (como era cosa nueva para ellos) ver que por baterías tan fuertes y dificultosas hubiesen los españoles dado aquellos asaltos tan sangrientos y entrado en la villa por la fuerza de las armas, cosa que les maravilló tanto que en mucho tiempo no se trataba de otra cosa”.


Sólo doce españoles contra cuatrocientos coraceros franceses y éstos los ponen en fuga. Así se defendía un imperio. Así se temía y se respetaba a un pueblo: el Español.


Otro día se contarán más hazañas de nuestros bravos Tercios, que no es cosa que se nos olvide a los españoles de bien nuestro pasado y nuestros hechos gloriosos por mucho que se empeñen algunos
Luis Gómez

viernes, 2 de noviembre de 2012

EL MONUMENTAL CEMENTERIO DE TORREDONJIMENO




El siglo XIX supuso la efectiva ruptura con muchas tradiciones, entre ellas la de dar enterramiento en el suelo sagrado de las iglesias parroquiales. Las antiguas iglesias eran por costumbre inveterada el camposanto propio de los vecinos de una localidad. Pero la nefasta Ilustración denunció como insalubre esta costumbre -que esa usanza fuese insalubre a juicio de la Ilustración, era una superstición como otra cualquiera, basada en los pedantes prejuicios de aquellos que creían que tenían el monopolio de la luz. Fue así como, desde el siglo XVIII, se trató por muchos medios de acabar con la costumbre de dar sepultura en el suelo de los templos. Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX cuando la práctica de edificar cementerios en algún punto de la periferia de la localidad se impuso. Y ello no fue de cualquier manera, al pueblo -apegado a sus tradiciones- no se le podía decir que a sus difuntos se les iba a enterrar fuera de suelo sagrado, por eso -los políticos innovadores- tuvieron que aprovechar, en primera instancia, las ermitas de extramuros que, por ser ermitas, garantizaban el suelo sagrado para la inhumación.

El actual cementerio de Torredonjimeno se bendijo el 26 de junio de 1895, siendo alcalde de la entonces villa D. Manuel de la Fuente Ortega. Con anterioridad a este camposanto Torredonjimeno había tenido otros camposantos fuera de las parroquias: en un primer momento, la ermita de San Roque fue "carnero" con motivo de la gran mortandad causada por las epidemias. Más tarde -en 1813- se adoptó la ermita de San Juan Bautista como cementerio, aprovechando los aledaños de la misma, en el lugar que todavía los vecinos denominan el "Cementerio Viejo".

El Cementerio Viejo de San Juan Bautista mantuvo sus tapiales en pie hasta el año 1918.

El actual cementerio de Torredonjimeno constituye una muestra espléndida de arquitectura fúnebre, como pocas en la provincia de Jaén. Así lo demuestra el artículo "El cementerio de Torredonjimeno: Aproximación a su arquitectura y urbanismo" de D. Marino Aguilera Peñalver, publicado en la revista ÓRDAGO (Julio de 2002), donde su autor acometió el primer estudio serio del cementerio de Torredonjimeno, considerando su riqueza monumental en panteones familiares.

Hoy, Día de los Fieles Difuntos, quisimos acordarnos de ellos con esta nota sobre nuestro cementerio.

Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis.

miércoles, 31 de octubre de 2012

SAN WOLFGANG, EL DIABLO... SAN WOLFGANG Y HALLOWEEN

San Wolfgang y el diablo, cuadro de Michael Pacher


El diablo es astuto: "Más sabe por viejo el diablo...", pero al diablo se le puede vencer con la asistencia de Dios. La moda de Halloween se ha implantado en nuestra cultura cristiana, avasallando a las muchedumbres, prevaleciendo una moda extranjera que no es nuestra y que quiere anular el auténtico sentido de la festividad de estos días. Pero, hay más, "Halloween" también transmite sutilmente una concepción del todo contraria a la verdad cristiana. A saber, que el bien es aburrido y el mal es divertido; que el bien es antipático y el mal es simpático; que el bien es impotente y el mal es potente. Es como si se nos estuviera sugiriendo que es mejor que nos apeguemos al mal, pues el bien no nos salvará... El mal, de esta forma, entre disfraces, risas y caramelos se convierte en algo más popular que el bien.

Hay que darle la vuelta a todo esto.

31 de octubre: celebramos la memoria de San Wolfgang que sería Obispo de Ratisbona (972-994). Retirado a los bosques de Abersee, Wolfgang pasó cinco años haciendo oración en una ermita construida por él, hasta que una voz interior le mandó predicar el Evangelio a las aldeas germánicas que todavía adoraban a Wotan y a Thor. Para determinar el lugar en que era voluntad de Dios que se erigiera el templo, San Wolfgang rezó con su hacha en la mano y, cuando hubo implorado la gracia divina, lanzó el hacha; allí donde cayera ésta, Wolfgang entendería que era el lugar donde Dios quería que se construyera su iglesia. Pero, sin embargo, el hacha cayó en terreno cuya jurisdicción era de Satanás... 

Hubo sus más y sus menos, se le pinta a San Wolfgang forcejeando con el diablo. Pero según la piadosa leyenda alemana, San Wolfgang llegó a un acuerdo con el maligno: si Satanás le ayudaba a levantar la iglesia, el alma de la primera criatura que entrara en el templo sería ofrendada al diablo. La plegaria de San Wolfgang logró que la primera criatura en pasar al recinto sagrado (y, por lo tanto, caer en poder de Satanás) fuese, según unas versiones un cerdo (en otras versiones de la leyenda es un lobo). El diablo, nuevamente, resultó engañado pues no pudo conseguir un alma humana. La leyenda también cuenta que el mismo Satanás se convirtió en siervo de San Wolfgang, teniéndole que sostener el Misal al Obispo. En ese motivo está inspirado este espectacular cuadro del artista Michael Pacher (1435-1498), que representa al diablo -algunos incluso le ponen nombre: Judas Iscariote- ofreciéndole el Misal al Obispo de Ratisbona. Podríamos comentar el cuadro, pero preferimos dejarlo para otra ocasión.


Todos los elementos de la leyenda están cargados de una fuerte tradición germánica. El lanzamiento del hacha para dejar que Dios escoja el terreno en que quiere su iglesia podría considerarse como una ordalía (juicio de Dios). El hecho de que la criatura que entre en el templo sea una burla a las pretensiones del diablo es también otra ordalía, puesto que es Dios el que, propicio a los ruegos de San Wolfgang, decide que sea un animal y no un ser humano el que caiga en las garras del maligno, según el "pacto" entre el santo y Satanás. En el acervo tradicional español no faltan leyendas en que cristianos engañan al diablo a cambio de que éste realice una portentosa obra arquitectónica. Pero aquí no es Wolfgang quien, a propia iniciativa (empleando la astucia) burla al demonio, sino que San Wolfgang reza y todo lo deja en manos de Dios. Si aceptamos la versión del cerdo -como animal entregado al demonio- podemos ver un símbolo de la intemperencia (el pecado capital de la gula) y si nos quedamos con la versión del lobo como ofrenda al demonio tenemos el pecado capital de la ira (por la encarnizada y sanguinaria naturaleza que se le atribuye al lobo). 

El mismo nombre de Wolfgang viene a significar en alemán "el ponerse en marcha del lobo para cazar y matar".

Hemos contado esta leyenda por tres razones: 

1º Para honrar y alabar la memoria de San Wolfgang en su día.

2º Para demostrar que la bimilenaria tradición cristiana dispone de tesoros y para nada nos hacen falta novedades importadas.

3º En Víspera de Todos los Difuntos, cuando la cristiandad ha sido invadida por esa deplorable moda extranjerizante y neopagana de "Halloween", los cristianos pueden volverse a historias ejemplares como la de San Wolfgang, para contarla a sus hijos, en vez de permitir que los niños crezcan familiarizándose con execrables "iconos diabólicos" (vampiros, almas en pena y demonios) de los que se disfrazan los niños.

Al diablo se le puede vencer, con la ayuda de Dios, como hizo San Wolfgang. A Halloween, como obra del diablo, también se la puede vencer con ayuda de Dios. No basta con quejarse.


Manuel Fernández Espinosa

lunes, 15 de octubre de 2012

EL BARÓN DE VELASCO



Don Fernando Ruano Prieto, Barón de Velasco

Y LAS LOGIAS FANTÁSTICAS
 
Una suerte de moda subliteraria cunde por doquier en cierta literatura de pasatiempo (que, después, en muchos casos, ha tenido su reflejo en el cine). Nos referimos a esas novelas que tienen como tema central un supuesto enigma o misterio oculto -las más de las veces estos secretos son de trascendental importancia para la comprensión de la Historia. Algo tan formidable que, si se sabe, puede desbaratar la Historia Universal, poniéndola toda patas arriba: "Jesús de Nazareth tenía novia, se casó y tuvo hijos" -pongamos por ejemplo- es una de las patrañas preferidas de estos profesionales del bulo.

Cualquiera que sea el secreto que nos propone la novela, dicho secreto suele estar custodiado por una sociedad secreta (buena o mala, depende de la trama). Entonces es cuando interviene otra sociedad secreta (opuesta y antagónica) cuya misión consiste en arrebatar el secreto a los buenos (para ocultarlo a la humanidad y seguir manipulando) o, si la sociedad secreta es buena, entonces su misión consistirá en desposeer a los malos del secreto, para hacer el enorme favor a la humanidad de descubrirle algo que los malos (el Papa, los curas, el Opus Dei, Teresa de Calcuta o Francisco Franco) le ocultaban: ¡qué malos que son los católicos! Así son todas estas novelas que decimos, la de escenas eróticas que salgan dependen del grado de calentamiento mórbido y de la rijosidad de su escritor.

Aunque la más célebre de todas sea "El Código Da Vinci" hay muchas más. Y, en nuestro corral hispánico, tampoco faltan. Aquí tenemos "La lápida templaria", de un tal Nicholas Wilcox (un pseudónimo que afirman que es el de Juan Eslava Galán). Ni que decir tiene que en la mayor parte de estas novelas la Iglesia católica es presentada al lector como el bastión del oscurantismo y el cerrilismo ortodoxo, enemiga de todo progreso humano, hostil a revelar los profundos misterios que guarda, para mantener el monopolio religioso de sus dogmas.

En "La lápìda templaria" son varias las sociedades secretas que se ven involucradas en la carrera por hacerse con la custodia de la Mesa de Salomón: los servicios secretos del Vaticano (cómo iban a faltar) y hasta los servicios secretos de Israel: el Mossad (que siendo la Mesa de Salomón no iban a quedarse ellos en Jerusalén). Los malos, como siempre, son los católicos. En este caso se inventa una sociedad llamada "Los Doce Apóstoles" que se nos pinta en las páginas de esta novela como una organización compuesta por los elementos más tradicionalistas e integristas de la nobleza y el clero de Jaén. Cuando uno está familiarizado con la historia de su provincia, cuando descubre bajo los nombres de los personajes de esta "novela" los nombres de los personajes históricos (algo que no resulta tan difícil) uno piensa que el autor de esta novela (Nicholas Wilcox o Eslava Galán) escriben desde una superficialidad histórica inadmisible.

En la novela uno de los personajes que aparecen es un tal D. José de Peña y Pazo, Marqués del Rincón de la Coronada (por ejemplo), que no es otro que D. José del Prado y Palacio, Marqués del Rincón de San Ildefonso y esposo de nuestra paisana Doña María Teresa Fernández de Villalta y Coca. El Marqués del Rincón de San Ildefonso era un monárquico amigo de Alfonso XIII; su presunto "integrismo" religioso-político solo existe en la mente de Nicholas Wilcox. Hoy no nos vamos a referir a D. José del Prado y Palacio, pero sí vamos a presentar a un personaje desconocido que, siendo de Arjona, no deja de estar relacionado con toda esa mixtificación de la Mesa de Salomón. Nos referimos a Don Fernando Ruano Prieto.
 
Don Fernando Ruano Prieto, Barón de Velasco, nació en Arjona. Doctor en Derecho y Filosofía y Letras fue un historiador que publicó en 1897 "Don Juan II de Aragón y el Príncipe de Viana", Bilbao; "Anexión del Reino de Navarra en tiempo del Rey Católico" (Madrid, 1899) y "Don Martín de Acuña capitán de arcabuceros caballero del hábito de Santiago y espía mayor del rey de las Españas don Felipe II (1544-1558)", Madrid, 1899. En 1916 era Diputado a Cortes por Albarracín y en 1917 fue nombrado Delegado General de Agricultura e Inspector General de Primera Enseñanza. Los estudios arqueológicos y su erudición encontraban una válvula de escape en revistas del ámbito provincial como Don Lope de Sosa.

Al Barón de Velasco se le ocurrió edificar una Capilla para acoger los restos mortales de sus padres. El proyecto original fue del maestro Giovanni, un marmolista italiano, y contó con la ayuda del arquitecto D. Antonio Flórez Urdapilleta. El emplazamiento que se eligió para este mausoleo fue el mismo que tenía la familia en la iglesia parroquial de San Juan de Arjona. El estilo en que fue concebida esta cripta era peculiar: estilo neobizantino en cuyo ábside se trazó un Pantócrator, rodeado por cuatro querubines, siendo grande la belleza de la composición. También trabajó en esta obra D. José Capuz Manzano (Valencia, 1884-Madrid, 1965) que esculpió en mármol de Carrara tres colosales estatuas alegóricas: la Fe, la Esperanza y la Caridad que protegían los nichos funerarios, bajorrelieves en ricos mármoles revisten las paredes. Las milicias del Frente Popular saquearon bárbaramente esta Capilla Enterramiento, dañando en gran parte la obra original.

El arquitecto D. Antonio Flórez Urdapilleta


Es en este panteón familiar en donde la fantasía delirante de muchos -que, por supuesto, se creen iniciados esotéricamente- quiere ver el paradero de la "lápida templaria" (la Mesa de Salomón), el Shem Shemaforash. El Barón de Velasco -aseveran algunos- formaba parte de una Logia Pontificia, la más arriba dicha "Los Doce Apóstoles". Nosotros quisiéramos saber qué narices es una "Logia Pontificia", pues sabemos que en el Vaticano hay masones infiltrados, pero que a la masonería le haya dado por ser "pontificia" es algo que no hemos encontrado en ninguno de los mejores monográficos sobre masonería que podemos encontrar en español. Además de un exceso de fantasía, este tipo de literatura que especula con presuntos y descabellados secretos misteriosos tendría que aportar algo más, estoy pensando en algo así como documentación histórica que pruebe la existencia de las sociedades secretas que se inventan, así como la pertenencia -por ejemplo, la del Barón de Velasco- a este tipo de organizaciones secretas. Cualquiera puede inventarse sociedades secretas en el pasado y meter en cualquiera de ellas a Leonardo Da Vinci, por ejemplo.

Suele pasar que muchos tontos siempre dan de comer a unos pocos listos. Queremos pensar que quienes se inventan estas fábulas no se las creen, pero... Cualquiera sabe. Ya dijo Chesterton que cuando se deja de creer en Dios se cree en cualquier cosa.

Una de las artísticas alegorías de las Virtudes Teologales, obra del valenciano José Capuz.



Manuel Fernández Espinosa

martes, 9 de octubre de 2012

LOS ICONOS Y LA VIRGEN DEL PERPETUO SOCORRO


LOS ICONOS: ARTE SACRAL


La tradición manda que los iconógrafos (los hacedores de iconos) invoquen, antes de ponerse a su tarea, al Divino Maestro Jesucristo con esta oración: "Tú, Divino Maestro de todos los existentes, ilumina y dirige el alma, el corazón y el espíritu de tu siervo, y conduce sus manos para que pueda representar, digna y perfectamente Tu Imagen, la de tu Santa Madre y la de todos los Santos, para mayor honra y gloria de tu Nombre".

Aunque no soy iconógrafo dirijo esta oración al Divino Maestro para que ilumine y dirija el alma, el corazón y el espíritu para escribir esta reflexión sobre un icono célebre para los fieles de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, pero me temo que muy poco conocido: el de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. 

El arte de los iconos no es simplemente una técnica artística: la realización de un icono no es una operación técnica que se reduzca al conocimiento de un arte o donde todo sea nada más que el mejor o peor resultado del talento y la inspiración de su artífice. El auténtico iconógrafo no es tampoco un artista que realice su obra en virtud de una inspiración propia y personal, plasmando en ella su presunta genialidad. Eso puede haber pasado en occidente... Ha pasado y por eso el arte occidental, después de la exaltación romántica del genio y, sobre todo, tras la imposición de las vanguardias artísticas del siglo XX, se ha degradado hasta su negación misma: hasta esa grotesca caricatura que, expresión de una depravación profunda, ha llegado a llamar "bellas" artes a lo más feo y sin arte que pueda haber: la espontaneidad y la transgresión. Lo horrible, manifestación sensible del mal, pretende pasar por "arte" en nuestros días. Y para ello dispone de muchos museos y galerías modernas.

El iconógrafo no es un artista ansioso por remarcar su personalidad en su obra. Tampoco es un fabricante de iconos que copie iconos y les dé color. El iconógrafo realiza su obra situándose en profunda meditación antes, durante y después de su obra. Y sigue concienzudamente una milenaria tradición sin apartarse de ella por esa vana presunción que tanto muestra el artista occidental para el que todo está desacralizado. Para la tradición de la iglesia oriental el icono es un "sacramental de la presencia": una representación real del mundo sacro y, por eso mismo, la contemplación detenida de un icono nos sume en un cierto estado de extrañeza: el fondo es plano, no se juega con las técnicas pictóricas que pueden producir una ilusión óptica que nos sugieran lejanías, los rasgos de las figuras son muchas veces desproporcionados, pareciendo defectuosos al gusto idealista, tanto como extra-mundanos para la sensibilidad más realista. 

¿Es que los "iconógrafos" no saben pintar? Es la pregunta que se hace el occidental ante los iconos. Pero en este caso, el ignorante -como casi siempre- es el occidental. El iconógrafo emplea la llamada "perspectiva invertida": es el icono el que nos mira a nosotros, siendo para nosotros a manera de una ventana abierta a un mundo ultraterrenal. Por eso mismo, el fondo de los iconos suele ser color de oro, simbolizando la luz gloriosa y sobrenatural.

A lo largo de la tradición a la Virgen María se la ha representado en los iconos como "Theotokos" (en latín "Deípara"), llamada "Madre de Dios" desde el Concilio de Éfeso del año 431, distinguiéndose tres tipos de icono mariano: 

-La "Hodigitria" (Virgen María que muestra el Camino).

-La "Eleusa" (Virgen María de la ternura).

-La "Strastnaia" (Virgen de la Pasión).

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, representación venerada en la Capilla de Jesús, María y José, actual Capilla del Sagrario de la Sacra Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción de Santa María de Torredonjimeno.


INTERPRETACIÓN DEL ICONO DEL PERPETUO SOCORRO

La Virgen del Perpetuo Socorro sintetiza las tres tipologías iconográficas más arriba enunciadas. El icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro nos ofrece una Virgen María que nos mira dulcemente (Eleusa), sosteniendo en sus brazos al Niño Jesús, al que le toma la mano con la suya, a la vez que en un dulcísimo gesto de su mano señala a Jesucristo como el Camino (Hodigitria). El Niño Jesús no mira a su Madre, sino que dirige sus ojos a San Gabriel que es, con San Miguel, uno de los dos arcángeles que portan los instrumentos de la Pasión: San Miguel lleva la Lanza y la Esponja y San Gabriel que le muestra la Cruz y los Clavos, siendo así una Virgen de Pasión (Strastnaia).

En el icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, por lo tanto, se ha condensado visualmente todo un tratado teológico. Todos los tratadistas del Perpetuo Socorro coinciden en decir que el detalle de la sandalia que se le desprende al Niño Jesús sugiere el movimiento de humano temor que, como Hombre Verdadero siente Dios Verdadero ante los recordatorios (Lanza, Esponja, Clavos y Cruz) que los Arcángeles le presentan de su Pasión y Muerte de Cruz. Sin nada que objetar a esa interpretación, nosotros pensamos no obstante que esa sandalia que cuelga del pie del Niño Jesús evoca las palabras de San Juan Bautista, cuando dice: "Ego baptizo in aqua, medius autem vestrum stetit, quem vos nescitis. Ipse est, qui post me venturus est, qui ante me factus est, cuius ego non sum dignus ut solvam eius corrigiam calceamenti" (Secundum Iohannem 1, 26-28) 

Esto es: "Yo bautizo en agua, pero en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis, que viene en pos de mí, a quien no soy digno de desatar la correa de la sandalia" (Juan 1, 26-28).

SUCINTA HISTORIA DEL ICONO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO

La piadosa tradición cuenta que este icono fue robado en Creta a finales del siglo XV por un mercader. Su ladrón, en el trance de la muerte, lo confió a un amigo romano, encomendándole que lo llevara a un templo para que se le rindiera culto. El romano quedó encargado de aquello, pero viendo su esposa el icono se prendó de él y no consintió que su marido lo sacara de la casa. Sin embargo, una serie de apariciones y amonestaciones de la misma Virgen a la hija de seis años de aquel matrimonio desobediente, revelaron la advocación bajo la que la Santísima Virgen quería ser venerada a través de ese icono suyo: "Santa María del Perpetuo Socorro"; y también indicó el lugar donde quería ser venerada: "Entre Santa María la Mayor y San Juan de Letrán, en una iglesia dedicada al apóstol San Mateo". El 27 de marzo de 1499 el icono fue colocado en la iglesia de San Mateo que estaba a cargo de los Agustinos. Son muchos los siglos que Santa María del Perpetuo Socorro lleva en Roma. Con la invasión napoleónica, la iglesia de San Mateo fue derribada por decreto del general Massena y los agustinos se llevan la imagen a Santa María in Posterula, donde la colocan y pasa desapercibida hasta que, en el año 1863, los Padres Redentoristas reparan en el icono y lo recuperan, con permiso de Su Santidad Pío IX; es el mismo Papa quien les da el mandato de darlo a conocer al mundo. Dado el estado de cierto deterioro que sufría la antigua imagen se le encarga al artista polaco Leopoldo Nowotny que la restaure. Una vez restaurada, por fin, trasladan la Sagrada Imagen a la Iglesia de San Alfonso María de Ligorio el 6 de abril de 1866. En 1867 fue coronada canónicamente y, con motivo de la coronación, el Capítulo Vaticano le ofrendó las coronas de oro y pedrería que el Niño y la Santa Madre de Dios llevan a día de hoy. La imagen del Perpetuo Socorro que hoy conocemos, después de tantos siglos, una restauración en el siglo XIX y la Coronación, no es la original, por lo tanto, sino que se ha visto modificada.

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, como todos los iconos de la Virgen Santísima, no llevaba corona ni pedrerías: estas se le añadieron en la Coronación Canónica. Lo que sí llevaba en su origen el icono de la Virgen era el "maphorion" (manto o velo) que tapa gran parte de la frente, en señal de nobleza. Y sobre el manto las tres estrellas con las que representa la iglesia oriental a la Madre de Dios en sus iconos y cuyo simbolismo es la Virginidad de María antes y después del parto.

Esta devoción se propagó pronto por el celo apostólico de los Padres Redentoristas. A España llegó la primera copia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en vísperas de la "Revolución de 1868". Un año antes, en 1867, se expuso en Huete (Cuenca) y allí realizó su primer milagro curando a un niño llamado Lucas que recuperó la vista milagrosamente. Es una advocación de poderosa intercesión y es a la vez un símbolo esperanzador de la reintegración de las iglesias ortodoxas a la Santa Madre Iglesia Católica.

Manuel Fernández Espinosa, 
Licenciado en Filosofía y Letras 
y Diplomado en Ciencias Religiosas.


Invitamos a escuchar este precioso cántico ortodoxo de la gran artista serbia Divna Ljubojevic: "Agni Partene" (Oh, Virgen Pura).