martes, 6 de septiembre de 2016

LA ASOMBROSA VIDA DEL TOSIRIANO PEDRO CORTÉS DE ARMENTEROS


 
Fadrique de Toledo Osorio, vencedor de piratas ingleses, berberiscos, franceses y holandeses


PEDRO CORTÉS DE ARMENTEROS, ALGUNOS DE SUS HECHOS DE ARMAS Y MILAGROS OTROS 



 Manuel Fernández Espinosa



EL AMIGO TOSIRIANO DE FADRIQUE DE TOLEDO

Francisco de Quevedo compuso este soneto al Venerable Túmulo de Don Fadrique de Toledo, honrando a uno de nuestros más preclaros héroes nacionales.


Al bastón que le vistes en la mano
con aspecto real y floreciente,
obedeció pacífico el tridente
del verde emperador del Océano.

 
Fueron oprobio al belga y luterano
sus órdenes, sus armas y su gente;
y en su consejo y brazo, felizmente,
venció los hados el monarca hispano.

 
Lo que en otros perdió la cobardía,
cobró armado y prudente su denuedo,
que sin victorias no contó algún día.

 
Esto fue don Fabrique de Toledo.
Hoy nos da, desatado en sombra fría,
llanto a los ojos y al discurso miedo.


Nació Fadrique de Toledo Osorio en Nápoles el 30 de mayo de 1580 y falleció en Madrid el 11 de diciembre de 1634. De esclarecido linaje, fue hijo de Pedro de Toledo Osorio (V Marqués de Villafranca) y de Elvira de Mendoza. Fadrique se inició pronto en la Armada, de la mano de su mismo padre. En 1617 ya era Capitán General de la Armada del Mar Océano, dirigiendo con soltura y valor combates contra holandeses, ingleses y berberiscos. En la batalla del Cabo de San Vicente (1621) derrotó a los barcos de las Provincias Unidas de los Países Bajos y en la batalla del Canal de La Mancha (1623) volvió a darles una soberana paliza a los holandeses, bloqueando las costas de la provincia rebelde. Más tarde hizo estragos con una armada berberisca en Gibraltar. Pero la más gloriosa de sus expediciones navales y bélicas fue la Jornada del Brasil que fue una magna operación marítima y militar conjunta de portugueses y españoles contra holandeses. En esta Jornada del Brasil, Fadrique de Toledo llevó consigo y como uno de sus más estrechos colaboradores al tosiriano Pedro Cortés de Armenteros en calidad de Capitán y Teniente General de la Artillería.

Los celos que los éxitos militares de Fadrique despertaron en el Conde-Duque de Olivares lo llevaron al ostracismo. Cuando Fadrique se negó a ir a Pernambuco por órdenes del Conde-Duque se le formó un consejo de guerra por desobediencia que lo desacreditó, condenándolo a morir prácticamente en la miseria y la ignominia más injustas. Sin embargo, sería rehabilitado e incluso el rey Felipe IV le concedió el título nobiliario de I Marqués de Villanueva de Valduez. En vida fue también Caballero de la Orden de Santiago, Comendador de Valderricote y Comendador Mayor de Castilla.

LA JORNADA DEL BRASIL

Los holandeses habían creado la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales en 1621 y con la excusa del comercio se echaron a los mares para conquistar los dominios hispanos. En 1624 el almirante holandés Jacob Willekens tomó al asalto Salvador de Bahía que a la sazón era entonces capital del Brasil. La hazaña no era tanta, teniendo en cuenta que sorprendió a una guarnición muy exigua. Se quedaron con la plaza, designando como "gobernador" holandés a Johan van Dorth. La rivalidad entre holandeses y portugueses era grande, pero Portugal y España eran en ese entonces dos reinos bajo el mismo Rey.

Felipe IV de España ordenó formar una poderosa Armada conjunta. Así que en las postrimerías del año de 1624 y con las primicias del de 1625, las naves portuguesas zarparon de Lisboa bajo el mando de Manuel de Meneses: 4.000 lusitanos de armas tomar y 26 naves; la flota española zarpó de Cádiz, bajo el mando de Fadrique de Toledo, con 26 naves y 8.000 españoles. Se unieron y juntas en hermandad cruzaron el Atlántico, rumbo a Salvador de Bahía. Era la Armada más poderosa que jamás había cruzado el Atlántico. 

Llegados a la plaza ocupada por los holandeses, el 29 de marzo de 1625, treinta barcos españoles y portugueses bloquearon la bahía. A los pocos días desembarcó la infantería de marina. Un mes de asedio bastó para que los piratas holandeses se entregaran, recuperando la plaza e incautando 6 naves enemigas, 260 cañones y mucha pólvora, capturando a miles de holandeses. Todo el fruto del pillaje perpetrado por los rapaces holandeses volvió a manos hispanas: unos 300.000 ducados. Al mes siguiente llegaron 34 naves holandesas, ignorando la toma de Salvador de Bahía por los nuestros y creyéndose que avistaban puerto amigo: fueron repelidos con dureza por portugueses y españoles, poniendo en cobarde fuga a los herejes depredadores. Fadrique continuaría sus expediciones de castigo contra holandeses, ingleses y franceses que se habían asentado en algunos puntos de Brasil, quemando sus plantaciones de tabaco y café y venciéndoles siempre con una arrolladora superioridad militar.

Entre los mandos de la flota comandada por Fadrique de Toledo estaba nuestro paisano Pedro Cortés de Armenteros que era el responsable de la Artillería española, interviniendo con el ejército de tierra que reconquistó Salvador de Bahía. Otros bravos capitanes españoles iban en aquella jornada, tales como Jorge Colona, Sebastián Granero, Bartolomé de Buru, Martín de la Zarra, Felipe del Haya, Juan García de Olea, Juan Pérez de Zeta, Alonso Rodríguez de Cisneros, Pedro de Letre, Francisco Luis y Diego Ruiz de Avendaño. El sueldo de nuestro paisano en esta expedición era de 70 escudos al mes.

POCA COSA SABÍAMOS DE PEDRO CORTÉS DE ARMENTEROS

Poco se sabe de Pedro Cortés de Armenteros más allá de lo que nos contara nuestro Cronista Oficial D. Juan Montijano Chica en su memorable libro "Historia de la Ibérica Tosiria":

"Entre sus grandes proezas se cuenta que capturó en el cabo de San Vicente a un príncipe turco, hijo de "Ameto", capitán general de la Armada de Argel. Este joven se convirtió al cristianismo y al cual dio don Pedro "Carta de horro", o sea, liberándolo de la condición de esclavo y adoptándolo con el nombre de Pedro, y ¡hasta con su apellido!"

Haremos bien en suponer que la victoria del cabo de San Vicente en la que Cortés de Armenteros apresó a este hijo de príncipe turco fue la misma victoria que alcanzó Fadrique de Toledo. Y podemos aseverar que Pedro Cortés de Armenteros era uno de los hombres del círculo íntimo de Fadrique, puesto que años después todavía seguía peleando bajo su mando.

Más nos dice D. Juan Montijano:

"En su niñez había sido Don Pedro Cortés "acólito" de la Iglesia de Santa María y esta circunstancia no sólo consta en la partida del bautismo del príncipe turco referido, sino en una magnífica lámpara de plata, de metro y medio de alta, que regaló a la iglesia parroquial de Santa María y que, desgraciadamente, fue destruida o robada en tiempos de la guerra civil".

Hemos visto la partida de bautismo del príncipe turco que se encuentra en el archivo parroquial de Santa María de Torredonjimeno.

Lámpara votiva, donación de D. Pedro Cortés de Armenteros a la parroquial de Santa María, donde él mismo fue sacado de pila, desaparecida en 1936 por el pillaje frentepopulista.

LA "RESURRECCIÓN" DE PEDRO CORTÉS DE ARMENTEROS

Pero, ¿sabemos más de este ilustrísimo tosiriano? Gracias a la colaboración de nuestro amigo y corresponsal portugués D. Luís Andrade do Santos, podemos contar algo más de Cortés de Armenteros. Así es como en la "Historia Seráfica Chronologica da Ordem de S. Francisco na provincia de Portugal" (Tomo V), compuesta en portugués por Fray Fernando da Soledade, podemos hallar una milagrosa intervención de Dios en nuestro paisano, por intercesión del Venerable Padre Fray Amaro de la Esperanza, Comisario de la Orden Tercera de San Francisco de Lisboa, de quien era muy devoto.

Por lo que en este documento se desprende, allá por el año 1656, el tosiriano Pedro Cortés de Armenteros era Teniente General de Artillería del Reino de Portugal y Maestre de Campo del Castillo de Lisboa. Nos cuenta la crónica que enfermó gravemente y los médicos no le daban muchas esperanzas de vida. Todo hacía suponer que Cortés de Armenteros estaba esperando la muerte: "os finaes da enfermidade nao lhe davao muyta confiança para esperar vida pelos remedios humanos", pero nuestro Teniente General "se valeo do Veneravel Padre, de quem era cordial devoto".

Era a la sazón nuestro compatriota muy amigo y devoto de Fray Amaro de la Esperanza, Comisario de la Orden Tercera que ya en vida tenía fama de santidad. D. Pedro se encomendó a su amigo y éste lo consoló, prometiéndole que cuando él volviera otra vez al castillo donde residía el enfermo, lo hallaría libre de toda queja. Antes de partir, le bendijo una cuarta de agua, para que bebiese de ella y, tal y como tenía costumbre el franciscano, éste le metió dentro del agua el cíngulo. Se retiró el santo varón, dejando muy confortado a nuestro paisano. Pero los médicos seguían vaticinando que Pedro Cortés de Armenteros estaba en las últimas, llegando a pronosticar que para las ocho de la mañana nuestro paisano habría entregado el alma a Dios. En efecto, los síntomas parecían darle la razón a los médicos y el enfermo fue decayendo hasta tal postración que perdió los sentidos: todo conspiraba para ver que la vida del bravo Teniente General de Artillería se extinguía como una vela en su lecho de dolor. La familia lo dejó en sus aposentos con el Capellán del Tercio que ya le recitaba el Oficio de la Agonía. El yerno de D. Pedro, D. Mateo Velasques Sarmento, viéndolo en la agonía postrera, dispuso lo necesario para el funeral, se trajeron los paños de bayeta para los lutos. Y dieron las ocho, hora que los galenos habían dictaminado que no la pasaría el agonizante; a esa hora el Capellán juzgó que D. Pedro había expirado y se aparejó para vestirle la mortaja. Pero sin que nadie lo esperara, D. Pedro volvió en sí, saliendo de su letargo y pidió con ahínco beber el agua que le había bendecido su amigo Fray Amaro. Le arrimaron a los labios un búcaro y el enfermo sació su sed; tras beber el agua bendecida se halló del todo sano. "Mandarao chamar os Medicos para saberem com mais certeza a quem haviao de atribuir hum favor tao inopinado, ou se podia naturalmete succeder aquella melhora...". Y los médicos, maravillados de aquel suceso, "contestaron todos que era sobrenatural". Por la corte se propagó aquel caso como la "resurrección de D. Pedro Cortés de Armenteros". 

Todo hace suponer que D. Pedro Cortés de Armenteros terminaría sus días en Lisboa y allí habría que buscar su sepultura. Pero, desde luego que, según la Crónica, el día aquel en que los médicos, cuales aves de mal agüero, le anunciaron hasta la hora de su muerte, el mismo en que toda su casa le preparaba el funeral... Ese día no fue su último día.

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