miércoles, 19 de junio de 2013

MUERE EN TORREDONJIMENO AL SER CORNEADO POR UN TORO

"Plaza del Ayuntamiento de Torredonjimeno. Principios de siglo XX"
 
 


No vamos a repetir otra vez en este Blog, lo relacionado que estuvo Torredonjimeno con el mundo del toro. La afición a la Fiesta Nacional fue siempre intensa, teniendo su máximo auge durante el s. XIX y principios del XX.

 
Pero ahora que llegan otra vez los calores estivales, y en los diversos pueblos de la geografía española se volverán a soltar novillos y toros con ocasión de las fiestas locales y patronales, es bueno que se sepa de esta noticia añeja.
Los polemistas antitaurinos volverán a reivindicar la supresión de este tipo de eventos, por ser sangrientos y por el maltrato que sufre el animal durante el festejo (un dato curioso el de estos reivindicadores de los animales, pues nunca he visto la cara de ninguno de esos ecologistas antitaurinos en las muchas concentraciones que en contra del aborto humano se realizan por la geografía nacional; quizás sea que este tipo de gente se sienta más evolucionado hacia el toro que hacia el ser humano.)
Sea como fuese, no será la primera ni la última vez, que mientras se celebran este tipo de novilladas, encierros o corridas, algún espectador, o profesional sale herido o muerto del lance.
En el año 1909 y con motivo de una novillada que se estaba celebrando en la Plaza de Torredonjimeno, falleció un espontáneo local. Dice así la luctuosa noticia del diario de le época:
 
En el pueblo de Torredonjimeno, y con ocasión de celebrarse una corrida de novillos en aquella plaza, un aficionado bajó al ruedo para ejecutar la suerte de Don Tancredo, haciéndolo con tan mala suerte que el toro le alcanzó, corneándolo horriblemente, falleciendo momentos después.
¡Con cuánta razón el señor de la Cierva ha emprendido una enérgica campaña contra los toreros de coleta pobre!
Pues aún es poco”.



"La suerte de don Tancredo"
 


Como siempre, añadamos un poco de luz a esta nota de prensa.

Don Tancredo, no es el nombre propio del desdichado que falleció corneado por el novillo en Torredonjimeno, sino un nombre que en tauromaquia se da a un tipo de suerte o lance taurino.  Al parecer, un torero valenciano, llamado Tancredo López, fue el primero que puso en práctica este tipo de gesta, consistente en lo que sigue:
El “tancredista” se coloca en el centro de la plaza, frente a la puerta de toriles, por donde ha de salir el toro. Está subido en una silla o pequeño pedestal, y viste todo de blanco incluido el rostro, que está pintado del mismo color. Al sonar el clarín y abrirse la puerta, el bravo animal sale de embestida, se dirige hacia el blanco objetivo, más éste, inmóvil cual estatua, aguanta el lance. El toro se acerca, más no embiste y rodea al figurante. El secreto parece estar en que el animal confunde al tal Tancredo con una roca o estatua de piedra blanca, por lo que rehúsa embestir para no lastimarse.
Según se cuenta, este tipo de atrevimiento, se experimentó unos años antes, más la persona que lo hacía, en vez de ir de blanco, se recubría el cuerpo de hierba verde y fresca. El toro se acercaba y olía, pero no embestía.
Aunque este tipo de lances fue muy habitual en algunas plazas en los principios del s. XX, poco a poco fue perdiendo interés para el público, pues advertido el “truco”, se acabó el misterio y por tanto la gracia.

 
"El Ministro de Fomento D. Juan de la Cierva y Peñafiel, quien en 1908 publicó las polémicas medidas antitaurinas para las mujeres"

Otro asunto es el de los espontáneos y las plazas de toros. A finales del s. XIX, y principios del XX, los toreros eran estrellas mediáticas muy respetadas. Ganaban dinero, y su vida era peligrosa y fascinante, pero el premio y el aliciente de salir de la miseria, era suficiente como para que las plazas de toros se llenasen de espontáneos que jugándose la vida y saltándose la barrera fuesen al ruedo con la pretensión de lanzar varios pases de muleta al toro de lidia. Pretendían impresionar a algún apoderado de entre los presentes en la fiesta, y que este les apadrinase y les pagase la instrucción o que algún maestro lo incorporase en su cuadrilla como mozo de muletas. Por lo general solían ser gente muy joven, que durante el resto del año, salían a los campos a torear o tentar a los toros bravos en las dehesas o fincas privadas. Ésta práctica era muy peligrosa, pues si no se impedía, los toros podían “resabiarse” y al llegar a las plazas, ocasionar más de un disgusto al desafortunado torero que le tocase dicho animal en suerte. Es por ello que ante la multitud de casos como éstos repartidos por toda España, el por entonces joven ministro murciano Juan de la Cierva, emprendiese una campaña para regular y ordenar el mundo del toreo. No estuvo ajeno a las críticas, pues entre las medidas que en su día dictó, estaba la tan políticamente incorrecta para los tiempos actuales, de prohibir el toreo a pie a las mujeres, por considerarlo “contrario a la cultura y a todo sentimiento delicado

Hay que matizar en su descargo, que dicha resolución fue promovida por la inmensa mayoría de los aficionados al toro de toda clase y condición, más abundantes de la clase humilde, que protestaban ante las innovaciones que algunas plazas de toros estaban haciendo en el mundo del toreo. Curiosamente fueron las plazas vascas y catalanas en su mayoría, las que empezaron con dichas innovaciones de incorporar cuadrillas de mujeres para divertimento del respetable, y hoy en día, es justo allí donde se legisla para impedir el toreo. Éstas mujeres torero eran abucheadas al salir al ruedo y se exponían a burlas de todo tipo y a ser alcanzadas por objetos voladores arrojados desde las gradas, como trapos para fregar, escobas o utensilios propios de las tareas domésticas de esa época.

Hoy en día, cuando la mujer ya ha logrado romper esa barrera selectiva, llegan sus congéneres ecologistas, y les privan de su trabajo y su esfuerzo al intentar éstas últimas que desaparezca el toro de lidia de la faz de la tierra y tratar de que desaparezca el toreo como Fiesta Nacional. En fin. Vivir para ver.

Luis Gómez  

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