viernes, 29 de marzo de 2013

UN VIERNES SANTO EN EL SIGLO IV d.C. VISTO POR LA HISPANA EGERIA.


"Retrato idealizado de Egeria"

Hace ya bastantes años que dispongo en mi biblioteca de una edición del raro libro “Peregrinación de Egeria”. No es raro porque sea difícil de encontrar un ejemplar del mismo, sino más bien, quiero decir, que es raro por el hecho de tenerlo en mi biblioteca, ya que no es muy habitual el gustar de estas lecturas por una gran mayoría de aficionados a la lectura.
Pocos son los datos concretos o ciertos que sabemos sobre la dicha Egeria o “Etheria”. Según se ha podido deducir, se trató de una hispana, posiblemente de la región de la Gallaecia o actual Galicia, que realizó en el s. IV o principios del V, un viaje de peregrinación a los Santos Lugares. Viajó por Siria, Palestina Jerusalén, recogiendo las vivencias y tradiciones de los primitivos cristianos, e incluso dejando constancia de edificios, santuarios o prácticas ya desaparecidas hace tiempo.
 
"Imbomón. Iglesia de la Ascensión del Señor"
 
En "El Viernes Santo", la peregrina Egeria, narra lo que sigue sobre como y que se hacía en tan señalado día:
Así, pues, cuando comienza el canto de los gallos, se baja a Imbomón[i] cantando himnos y se llega hasta el lugar donde oró el Señor, como está escrito en el Evangelio: “Y se apartó como a un tiro de piedra y oró”, y lo que sigue. En este lugar hay una iglesia elegante. Penetra en ella el obispo y todo el pueblo y se reza allí una oración apropiada al lugar y al día, cántase también un himno apropiado y se lee el pasaje del Evangelio en que el Señor dijo a sus discípulos: “Velad para que no entréis en tentación.” Se lee todo este pasaje hasta el final, y de nuevo se reza una oración. Luego, todos, hasta el niño más pequeño, bajan a pie cantando himnos con el obispo a Getsemaní; y como entre una tan gran muchedumbre los hay que están fatigados por las contantes vigilias y agotados por los ayunos cotidianos, puesto que han de bajar desde una montaña tan alta, se camina muy lentamente, cantando himnos, a Getsemaní. Hay dispuestos más de doscientos candelabros para alumbrar a todo el pueblo. Cuando se ha llegado a Getsemaní, se reza primero una oración apropiada, se canta un himno y se lee además aquel pasaje del Evangelio en que se narra el prendimiento del Señor. A la lectura de este pasaje, se levantan de todo el pueblo tantos gritos y gemidos acompañados de lágrimas, que casi se pueden oír desde la ciudad las lamentaciones de todo el pueblo. Desde aquella hora se baja a pie a la ciudad cantando himnos y se llega a la puerta a la hora en que las personas comienzan a distinguirse unas a otras; luego, por el interior de la ciudad, todos, hasta el último, grandes y pequeños, ricos y pobres, todos se encuentran allí preparados, pues aquel día, especialmente, nadie se retira de las vigilias hasta la mañana. Se acompaña, pues al obispo desde Getsemaní hasta la puerta y, luego, atravesando toda la ciudad, hasta la Cruz. Cuando se ha llegado, delante de la Cruz, comienza ya a clarear el día. Nuevamente se lee allí aquel pasaje del Evangelio en que el Señor es conducido ante Pilatos y todo lo que cuenta la Escritura que dijo Pilatos al Señor y a los judíos; todo esto es lo que se lee. Luego el obispo dirige la palabra a los fieles alentándolos para que no desmayen por lo que han soportado durante toda la noche y han de soportar aún durante el día, sino que pongan esperanza en Dios, que les ha de premiar por aquel trabajo con una recompensa mayor. Y confortándoles así tanto como le es posible, les dirige estas palabras: “Id ahora cada uno a vuestras casas, descansad un poco y alrededor de la hora segunda (las ocho) estad aquí preparados para que, desde esta hora hasta la sexta, podáis ver el santo madero de la Cruz, confiando en que nos ha de servir de salvación a cada uno de nosotros; a partir , pues de la hora sexta, es preciso que nuevamente nos reunamos en este lugar, es decir, ante la Cruz, para dedicarnos a las lectura y oraciones hasta la noche“.
 
L. Gómez


[i] Se trata de la Capilla de la Ascensión del Señor. Es creencia cristiana que en el lugar donde se encuentra la capilla de la Ascensión en el Monte de los Olivos persiste la huella que dejó el pie derecho de Cristo en su Ascensión a los Cielos. La tradición cristiana piadosa plasmada por Eusebio de Cesárea dice que Santa Elena (247-329), la madre del emperador Constantino, mandó edificar en Jerusalén el Santo Sepulcro y la iglesia Eleona (“Ecciesia in Eleona” =en olivar) en el Monte de los Olivos tras su visita hacia el año 327 (al parecer realmente se construyó hacia el año 333 por mandato de Constantino. Medio siglo después la rica y piadosa matrona romana, Pomenia, cerca de Eleona patrocinó hacia el 378 la construcción de la iglesia de Imbomon (“Imbomon” =en la colina) dedicada a la Ascensión.

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